Es sólo una sensación, un pensamiento rápido que tampoco estoy muy seguro de si sabré transmitir. Ahora leo mucho, en cantidad, calidad y diversidad. Y sin embargo, creo que me aprovecha menos que antes.
Me parece que uno de los problemas es que leo (o recibo información) de forma demasiado frecuente y desordenada como para que llegue a empapar bien: no has digerido algo y ya estás prestando atención a lo siguiente.
Por otro lado, antes dedicaba más tiempo a «rumiar» la información: a estructurarla, a relacionarla… ahora el proceso se realiza (con suerte) de una forma más intuitiva. Y yo, que siempre aprendí mucho de hacer resúmenes, siento que cada día aprendo menos. Leído, olvidado.
Y hay un tercer factor que creo que también influye, y es el «para qué». Si uno se dedica a recibir (que no a procesar) información sin un sentido determinado, al final no hace más que perseguir gamusinos, engancharse a un tren detrás de otro sin importar la dirección. Con lo cual acaba no sabiendo uno ni a dónde va, ni dónde está.
Creo que estoy infoxicado. Las soluciones se me aparecen bastante claras, lo que no sé es si seré capaz de cumplirlas: cerrar las puertas al exceso y el desorden en la recepción de la información, y dedicar más tiempo a procesar, estructurar y relacionar la información que recibo. Y sobre todo, lo más importante y quizás lo más difícil: definir un «para qué» que me ayude a separar lo relevante de lo irrelevante, lo que puede ayudarme a alcanzar mis objetivos y lo que simplemente me distrae.
¿Lo de los buenos propósitos no era DESPUÉS de Navidad?
dia-a-dia
Lotería de Doña Manolita
Gran Vía de Madrid, tres y pico de la tarde de un 15 de noviembre. Queda más de un mes para el sorteo de Navidad, pero la gente hace cola delante de la administración de Doña Manolita, clásica entre las clásicas. Y es que con esto de la lotería cada uno tiene sus manías, y comprarla «donde Doña Manolita» es una de las más arraigadas. Hay otros que compran el número PI, y otras (y no miro a nadie…) que la compran en administraciones con nombres de animalitos que le llaman la atención…
Todos soñamos (también es lo que nos venden) con la suerte, con el «te puede tocar a tí», con el «siempre hay alguien a quien le toca», y soñamos con protagonizar esas escenas de champán despendolado, de poder contestar un «tapar unos agujerillos» cuando nos pregunten qué haremos con el premio… y mientras tanto, el dinero se va de nuestro bolsillo para que se lo lleve el Estado.
En fin, es una tradición, y yo no escapo de ella. No fue en Doña Manolita pero será en otra Administración, compraremos unos décimos y lo repartiremos con la familia. Y el día antes del sorteo soñaremos con el «y si toca…» Y cuando comprobemos en el listado del periódico (bueno, va, ahora con el rollo moderno de las webs…) que no hemos sido nosotros, diremos lo de que «lo importante es la salud».
Para algo es Navidad, ¿no?
Canon EOS Discovery, un gran e intrascendente publireportaje
Canon está organizando distintos seminarios llamados «Canon EOS Discovery» para mostrar a los aficionados su gama de productos de fotografía digital EOS. Ayer estuve en el que se organizaba por la tarde en el Florida Park de Madrid, y la verdad es que me decepcionó bastante.
Quiero decir, que el evento estaba muy bien montado, con gran despliegue de medios. Pero todo fuego de artificios. En principio, había una sala habilitada para probar productos. No sé ni cuántos productos habría, porque no me pude acercar a ellos. Desde luego, insuficientes para el número de asistentes. En la sala de pruebas lo que destacaban eran tres modelos que posaban con iluminación de estudio para que la gente les sacase fotos… en fin, supongo que es lo que hay y que una chica en una moto y con escote es lo que ha vendido toda la vida, pero me resultó un tanto «chusco».
Luego la presentación… se suponía que era un seminario en el que un fotógrafo profesional daría consejos a los aficionados. En realidad era una teletienda, y del fotógrafo profesional aprendimos más bien poco: subió al escenario para comentar algunas de sus fotos (pero comentarlas de forma acelerada y muy superficialmente, con poco contenido relevante ni ningún «truco» ni ningún detalle técnico… «en ésta Penélope Cruz venía sin depilar», «en ésta de los bebés el problema eran las abuelas», «el bailarín saltó cuatro veces hasta que le gustó la foto»). Posteriormente salió un cuadro flamenco a escena y el fotógrafo profesional les estuvo sacando fotos… en teoría para enseñárnoslas después… y digo en teoría porque el evento se terminó y no nos enseñaron las fotos, ni mucho menos nos comentaron nada sobre ellas. Así que del principal reclamo del evento, el fotógrafo profesional, no sacamos nada en claro.
¿El resto? Unos videos sobre la gama EOS (formato videoclip, o sea, poquita información) y unos vídeos de un par de fotógrafos profesionales (uno de deportes, otro de bodas) también muy rapiditos. Que si los cuelgan en la red nos evitan el viaje. Presentar las fotos de los asistentes que habían sido seleccionadas como finalistas de un concurso (todas en blanco y negro… ¿y el color?), decir el ganador… y aquí paz y después gloria.
Lo dicho, me dejó muy frío. Primero porque esperaba un «seminario», una clase magistral por parte de algún fotógrafo de relumbrón, y de eso no hubo nada. Y segundo porque la parte «comercial» tampoco estuvo conseguida: desde luego se obtiene mucha más información e incluso se moviliza mucho más la compra con un catálogo que con un show de este tipo.
Personalmente, si yo hubiese tenido que hacer un evento de este tipo, me hubiera centrado en ofrecer algo útil a los asistentes, que en realidad te están ofreciendo 2 horas de su tiempo. O bien consejos para mejorar las capacidades fotográficas, o una presentación en detalle de productos… algo que haga que merezca la pena el viaje. Tengo la sensación que con el formato elegido se intenta abarcar todo con la consecuencia de no llegar a profundizar en nada, generando un evento prescindible.
Mi sensación final es que salí igual que entré. Ni aprendí nada de fotografía, ni aprendí nada sobre Canon.
Ah, y una cosa. No hace falta repetir «Canon», «Canon», «Canon» o «EOS», «EOS», «EOS» todo el rato, todos sabemos que estamos en un evento de Canon, es redundante. Sin embargo, si en vez de usar el evento para repetir machaconamente la marca lo utilizas para «regalar» algo de valor a los que asisten, estarás generando una vinculación positiva con la marca a medio plazo.
Anocher en el Retiro

La noche cae sobre Madrid, dia aprovechado, corriendo a por el coche a ver si no me como TODO el atasco
Contaminación en Madrid

Y esta es una (entre otras cuantas) de las razones por las que me alegro tanto de haber salido de Madrid y por las que espero no tener que volver a vivir allí.
PD.- Un matiz, la foto no es mía, la he tomado de El Confidencial
Probando Seesmic

Desde hace unos cuantos días vengo probando Seesmic. Se trata de la nueva idea que está poniendo en marcha Loïc Le Meur desde San Francisco. Para entendernos, se trata de un twitter con video. Si no conoces twitter, entonces digamos que es un sitio en el que la gente puede subir sus videos (bien grabados directamente con la webcam, archivos .flv desde el disco duro o enlaces desde Youtube), que se muestran a medida que van llegando. Tú puedes suscribirte a los videos de tus «amigos» para así estar al tanto de lo que van contando.
Lo que me atrajo en principio de la idea era la voluntad de Loïc de ir contando el desarrollo del proyecto «en directo» a través de minivideos diarios. De hecho, los primeros días estaban bien… lo que pasa es que luego no hay mucha «chicha» nueva y tengo la sensación de que los videos diarios aportan muy poco.
El caso es que hice alguna sugerencia y Loïc, aparte de responderme, tuvo a bien enviarme una invitación para el servicio. Es una pre-alpha, así que hay muchas cosas por hacer. La apariencia está bastante lograda, y a medida que vayan estando las funcionalidades pues será una cosa bastante bien planteada. Pero sin embargo tengo grandes dudas respecto al «concepto».
Pienso que «grabarse a uno mismo» es esencialmente aburrido: yo hablándole a la webcam, ¿tengo algo interesante que decir? Pfff… no lo sé. Es verdad que eso mismo se podría pensar del blog, o del twitter. Sin embargo, creo que el uso del video sólo se justifica si la imagen aporta algo al texto. Y creo que el mero «mostrar mi cara y mis gestos» es insuficiente. De hecho estas mismas dudas ya las tuve cuando empecé con el videoblog: aquel primer experimento me enseñó que «yo frente a la cámara» es en sí mismo aburrido, independientemente de lo que esté diciendo. De hecho, para seguirlo es igualmente pesado: no es lo mismo hacer una lectura diagonal de un texto, que tener que verse videos íntegramente uno detrás de otro.
Luego, hay un hecho evidente, y es que si tuviese la necesidad/ilusión de grabarme en vivo, ya existen unos servicios mundialmente reconocidos (pienso en Youtube) que permiten hacerlo desde hace meses: puedo subir mis videos, o directamente grabarme con la webcam, o subirlos desde el móvil… Seesmic aporta muy poquito (poco más que un interfaz más «visual» y la posibilidad de enviar pings a twitter cada vez que se publica un video) respecto a Youtube… Creo que quienes quisieran hacer eso ya lo están haciendo en Youtube, y que Seesmic ni ofrece grandes ventajas como para que esas personas se cambien ni supone nada nuevo que haga que «usuarios pasivos» se vayan a lanzar ahora al video.
Por último, hay una crítica a la forma en que se está poniendo el balance entre el «marketing» de la aplicación y su desarrollo. Loïc Le Meur es enormemente entusiasta, un «vendedor» nato. Si le hacemos caso, Seesmic es poco menos que «the next big thing». Está poniendo todo su empeño personal (y su posición de «blogstar») al servicio de Seesmic, habla de ello a todo el mundo (incluyendo otros «blogstars»), consigue que muchos «prueben» su producto. Realmente, hace que te apetezca usar Seesmic. Si atendemos a este hecho, podría pensarse que es ya un éxito enorme. Pero si rascamos un poco tras la superficie, mi sensación es que es mucha fachada y poca «chicha». Vamos, un ejemplo de libro de «hype«.
En el desarrollo del producto se ha puesto el énfasis en que fuese «participativo». Además de publicar los videos del «día a día» y de gestionar bien (mejor en los primeros días que después) el feedback (como que respondan en público a las cuestiones que se les hacen), una de las novedades interesantes era la posibilidad de un desarrollo «participativo» de nuevas funcionalidades (alguien las propone, los usuarios las votan y el equipo técnico implementa las más solicitadas) y de solución de bugs. Una idea brillante… si funcionara. Porque el desarrollo de nuevas funcionalidades está totalmente parado (de hecho, la implementación de las funcionalidades básicas avanza muy lenta), y la resolución no ya de bugs sino de fallos que afectan a funcionalidades esenciales (llevo una semana intentando subir un archivo .flv, he reportado el bug, he escrito un mail… y ni se soluciona ni nadie responde, lo cual es bastante frustrante) idem. Da la sensación de que el dimensionamiento del equipo técnico es completamente insuficiente (si no es que ha desaparecido por completo) e inadecuado al ritmo de promoción de la iniciativa.
Lo cual me lleva a reflexionar sobre el sentido de exponer a la luz pública una versión pre-alpha y cómo debe trabajarse en esa fase. Mi sensación es que si tú lanzas una pre-alpha, el énfasis debe estar no en la promoción urbi et orbe, sino en el desarrollo del producto. De nada te vale que mucha gente conozca Seesmic, si para empezar hay una restricción de acceso (de momento hay invitaciones con cuentagotas) que resulta frustrante: oigo hablar de seesmic… quiero probar seesmic… no puedo… quiero probar seesmic… no puedo… pierdo el interés por seesmic. Y de nada vale dar entrada a unos alpha-testers que están dispuestos a hacer de conejillos de indias de tu producto si luego no hay recursos suficientes para atender sus peticiones/sugerencias (de hecho, ni para responderlas): quiero ayudar a Seesmic… nadie me hace caso… insisto en querer ayudar a Seesmic… nadie me hace caso… que le den a Seesmic.
En este mundo lleno de proyectos, conseguir una porción de atención es enormemente difícil y si se consigue hay que aprovecharla para que prenda la llama y que los que deciden «probar» el servicio se queden y lo recomienden a otros. Y para eso hay que estar preparado. Obviamente, el crédito se amplía si eres un «blogstar»: es más fácil atraer la atención, más fácil generar buzz durante más tiempo, más condescendencia por parte del público… pero es una forma innecesaria de desgastarse.
¿Coche o autobús? De Aranda a Madrid

Ayer estuve en Madrid, que es algo que suelo hacer prácticamente cada semana. Sin embargo ayer, para variar, decidí ir en autobús en vez de en coche. Recordemos la situación, Aranda de Duero, unos 155 km. de distancia de Madrid. Después de la experiencia… ¿qué es mejor, ir en coche o en autobús? Pues como todo, hay pros y contras…
Horarios: indudablemente, con el coche sales cuando quieres y vuelves cuando quieres. Con el autobús estás sujeto a los horarios que, desde aquí, tampoco es que sean muchos. Eso significa un peor aprovechamiento del tiempo (o te sobra tiempo por delante o por detrás, pero es raro poder ajustar la agenda exactamente a los horarios del autobús), restricciones a la hora de la vuelta (el último sale de Madrid a las 20:00 h.), etc. En esto, claramente, gana el coche.
A la estación: con el coche bajo al garaje y ya estoy en ruta. Con el autobús hay que irse un rato antes a la estación. No está lejos, pero a las 8:00 de la mañana hace frío en Aranda, y si llevas mochila o lo que sea es un incordio. Y a la vuelta, lo mismo: en vez de aparcar en el garaje, el bus te deja en la estación y otro paseíto. Y en Madrid un poco igual: en vez de salir de donde estés, subirte en el coche y para casa, tienes los desplazamientos internos. En esto también gana el coche.
Tiempo: ya en condiciones normales en coche iría más rápido que en bus – sin tiempos de espera, mayor velocidad, sin desplazamientos a / desde la estación… en este caso, además, el autobús se mete por varios pueblillos de los alrededores a coger gente. Nada de «carretera y manta», sino que entras en la autovía, sales de la autovía, vuelves a entrar, vuelves a salir… en total, sólo de tiempo en carretera, hay unos 40 minutos de diferencia (digamos 1h30 en coche, 2h10 en bus). Goleada del coche.
Carga: el maletero del coche funciona como un estupendo almacén. Obviamente no importa tanto durante el viaje (que ahí el autobús también vale) sino durante el día: si te sobra la chaqueta, la dejas en el maletero. Si luego la necesitas, la coges otra vez. Si necesitas la mochila, te la llevas, pero si te sobra la dejas en el coche. Sin embargo, yendo en bus, tú y tus pertenencias tenéis que ser uno a lo largo de todo el día, lo cual puede llegar a ser un incordio si tienes que ir de aquí para allá.
Coste: en términos directos andarán «ahí ahí». El bus me costó 19,76 euros (ida y vuelta) más 1 euro de «costes de gestión» (por sacar el billete por internet… joder con los tiempos modernos). Los 310 km. en coche me saldrán, más o menos, por lo mismo (el depósito de 50 euros me suele durar unos 700-780 km.). Eso sí, llevar el coche a Madrid supone dejarse además un buen dinero en parkings o zonasazules, mientras que armado con un bonometro te mueves la mar de bien. Así que aquí gana el bus.
Desplazamientos internos: con el coche te mueves a tu ritmo, de origen a destino. Eso en condiciones ideales, claro. Pero aparte de todos los problemas de tráfico (que según la hora y la zona, no son moco de pavo), está el problema del aparcamiento: no siempre hay sitio. El transporte público está bien, la red de transporte de Madrid es buena y te permite llegar prácticamente a todos los lados. En Metro, encima, sin atascos (lo del autobús urbano es otra cosa) aunque según la hora puede ser un poco incómodo por las aglomeraciones. Pero creo que si no tienes que ir a ningún sitio del extrarradio (que ya exige mayor conocimiento), con el transporte público los desplazamientos son más cómodos.
Comodidad: en tu coche vas con tu música, o en silencio, como quieras. En el autobús vas oyendo a los de al lado, o la peli que pone el conductor, o el teléfono de fulano o el de mengano… es otra cosa.
Actividades alternativas: cuando vas conduciendo pues vas… conduciendo. Centrado en el volante y en la carretera. Pero cuando vas en autobús puedes pensar, leer, distraerte, hablar tranquilamente por teléfono, navegar por internet, echar un sueñecito… y todo ello completamente despreocupado.
En fin, hay puntos a favor del coche y puntos a favor del autobús. En general, tengo la sensación de que si optimizo bien la agenda (para adaptarla a los horarios) y el equipaje (para no ir demasiado cargado y desplazarme con comodidad por la ciudad) la opción del autobús sigue siendo válida, aunque lo de «cortarme el rollo» a las 20:00h. me impide ir a «saraos varios»…
Ninguna conclusión definitiva, pues. Ni me he enamorado del autobús, ni lo he aborrecido.
Webdospuntocero: mucho proyecto, poco negocio
Para mí la diferencia está clara, pero sigo percibiendo una enorme confusión entre lo que es un proyecto y lo que es un negocio en este mundo «dospuntocero» en el que vivimos. Gracias a la tecnología, los API’s, la comunidad… hoy en día un tío con unas nociones de programación (o incluso sin ellas) puede montar un proyectito «2.0» en un par de días (a veces, ni eso). Llámalo blog, llámalo red social, llámalo mashup… dicho y hecho. Y así asistimos día tras día al lanzamiento de nuevos «proyectos 2.0», muy monos ellos. Hay mucha creatividad por ahí suelta, sin duda.
Pero… ¿negocios? Tirando a pocos. Me refiero a esos proyectos que tienen ingresos, es más, que tienen ingresos superiores a sus gastos (en niveles razonables, claro: ingresar 10$ de Adsense NO es un negocio). De esos hay muy pocos. Lo cual tampoco es malo: es bonito/curioso ver los proyectos que van surgiendo por ahí, yo mismo he puesto en marcha algunos. Pero de ahí a hablar como si esos proyectitos «para pasar el rato» fuesen poco menos que «thenextbigthing», a considerarse una start-up por hacer una cosa de estas o autodenominarse CEO por haberlo puesto en marcha… pues no.
Ya está bien. Llamemos a las cosas por su nombre, y no confundamos churras con merinas.
