Aprendiendo coaching: semana 2

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

El objetivo de esta semana era terminar el libro de «Ontología del lenguaje» de Rafael Echeverría, y consolidar las ideas básicas.

Qué he hecho

  • Leer, cada día un poquito. Y así he conseguido el objetivo de terminar el libro. La verdad es que es denso, tiene un estilo que se me hace pesado, y en muchos pasajes se pierde en disquisiciones filosóficas que me parecen enrevesadas. Es como una selva que hay que ir atravesando con machete… pero también tiene una serie de «ideas clave» que me parecen muy interesantes.
  • Recibí durante la semana una comunicación del amigo Homo Minimus, que me daba su visión sobre el coaching, me recomendaba el libro Coaching de John Withmore y me advertía de que, en su opinión, la vía del «coaching ontológico» de Echeverría quizás no fuese la más recomendable. La verdad es que una vez que te sumerges en un terreno desconocido, te das cuenta de que hay distintas «escuelas» y forma de ver una misma temática; y que desde tu desconocimiento todavía careces de criterio para saber cuál es «la correcta» (si es que existe tal cosa). Pero bueno, ante esa realidad tampoco hay que volverse loco: como he dicho en alguna ocasión, «el mejor curso es el que haces«, y a partir de ahí ya puedes ir destilando e integrando más visiones.

Aprendizajes

  • El concepto de «juicios», y darse cuenta de hasta qué punto nuestra interpretación de la realidad (y por lo tanto nuestra disposición para la acción) está influída por ellos. Y cómo si, nos detenemos a analizar esos juicios (desde una perspectiva de fundamentación y de poder) podemos cuestionarlos o redefinirlos, abriéndonos la puerta a nuevas posibilidades.
  • El concepto de la ética del respeto: aceptación del otro como diferente a mí, legítimo en su forma de ser y autónomo en su capacidad de actuar. Para mí, que soy de natural egocéntrico y vehemente, es algo que tengo que grabarme a fuego.
  • La escucha activa, basada en esa ética del respeto y en la apertura para escuchar lo que el otro está diciendo. Y escuchar no es solo «poner la oreja»; también formulamos, a través de lo que escuchamos (y de nuestras preguntas) hipótesis de la «inquietud» (más que la «intención») de la que nace.
  • Los conceptos de «transparencia» y «quiebre».
  • La tipología de conversaciones que pueden nacer a partir de un determinado quiebre: desde la propia declaración de quiebre, a las de juicios personales (que básicamente rumian sobre lo sucedido, sin habilitar acciones), las de coordinación de acciones (cuyo objetivo es promover acciones que se hagan cargo de los quiebres), las de acciones posibles (cuyo objetivo es plantar posibles acciones antes de coordinarlas) o las de habilitar conversaciones (las que preparan el terreno para poder tener el resto de tipos de conversaciones).
  • Las emociones y los estados de ánimo como elementos que influyen en nuestras posibilidades de acción (y viceversa), posibles pautas para cambiar estados de ánimo, y los cuatro estados de ánimo esenciales (resentimiento, aceptación, resignación y ambición) que nacen de aceptar o negar la «facticidad» y la «posibilidad».
  • La relación entre emoción, cuerpo y lenguaje, y la tendencia a que exista coherencia entre ambos.
  • El «poder» como connotación positiva, como la capacidad que tenemos (en base a nuestras competencias, la percepción que los demás tengan de nosotros, nuestras emociones…) de generar posibilidades de futuro. El hombre como constructor de su futuro, ese poder como sentido vital.

Qué ha ido bien

  • Estoy contento con haber sido constante en la lectura, incluso cuando se me hacía pesado. Todos los días, un ratito. Y además no una lectura «pasiva», si no tomando notas.
  • Aplicación de parte de las herramientas de la guía de autoaprendizaje eficaz, especialmente la revisión semanal.
  • Haber recibido feedback/consejo. El aprendizaje social, que siempre ayuda 🙂

Qué podría ir mejor

  • Si bien he ido tomando notas cada día, luego no he «condensado» a diario esa información. Lo he hecho a posteriori, a semana vencida, y eso le quita fuerza.
  • Todavía no he hecho una «recopilación» de toda la información que he ido recopilando: extracción de las ideas principales, conexión de ellas entre sí… es un trabajo importante de cara a consolidar el conocimiento.
  • Tengo que activar el protocolo de «repetición espaciada» para ir repasando las cosas que voy leyendo, y que no se queden en «lo leí, lo entendí y se me olvidó». Esto ya me lo planteé la semana pasada, pero no lo he puesto todavía en marcha. Quizás es que antes toca la «recopilación», extraer lo verdaderamente importante y lo que quiero «incorporar».

Para la próxima semana

  • Hacer un documento-resumen de lo aprendido hasta ahora
  • Utilizar flashcards para trasladar los conceptos más relevantes
  • Conversación con Alberto para poner en común
  • Iniciar el libro que me recomienda Homo Mínimus.

Espacios de entendimiento

Aquí estamos nosotros. Y allí están ellos. «Nosotros» y «ellos» es una distinción identitaria cualquiera, basada en el lugar donde has nacido, en la religión que profesas, en el color de tu piel, tu ideología política o el equipo de fútbol de tus amores. Da igual, porque siempre funciona de la misma manera.

Aquí estamos nosotros con nuestras cosas, y allí están ellos con las suyas. Y entre medias, una zona de intersección. Un espacio de entendimiento formado por gente que nominalmente pertenece a uno de los dos grupos, pero que son capaces de minimizar el impacto de esa etiqueta. Gente que es capaz de apreciar lo bueno que tienen «los otros», y de hacer crítica de lo que hacen «los míos».

Gente que entiende que pertenecer a grupos distintos no tiene por qué implicar una confrontación. Gente que es capaz de lograr consensos a base de diálogo, de colaboración, de honestidad. Gente que además de pedir respeto y empatía es capaz de ofrecerla en la misma medida.

Cuanto más grande es esa zona de entendimiento, más fácil es la convivencia. Lo lógico sería pensar, entonces, que todos buscásemos trabajar para que esa zona sea más grande, e incorpore a cuanta más gente mejor. Pero no es tan sencillo. Porque resulta que vivir en esa zona es más exigente. Hay que pensar más. Hay que ser más crítico, y sobre todo más autocrítico. Hay que gestionar la incomodidad de las disonancias. Hay que ejercitar la empatía, la tolerancia y el respeto. Hay que estar alerta a las reacciones emocionales. No tienes un «enemigo», si no dos. Muchas veces hay que respirar hondo, y contar hasta diez.

Es más fácil vivir fuera de esa zona de entendimiento. En el mundo del blanco o negro, del conmigo o contra mí. En ese sitio donde la regla de actuación es clara: si lo hacen los míos está bien, si lo hacen los otros está mal. Habiendo slóganes, quién quiere argumentos. Habiendo certezas, quién quiere dudas. Nosotros los buenos, ellos los malos, no hay mucho más que hablar. Y los que viven en la zona de entendimiento son unos traidores, colaboracionistas, indeseables, sospechosos, equidistantes, tibios, políticamente correctos; todo esto los hace casi peor que si fuesen «de ellos».

Y por si fuera poco el impacto de nuestra «tendencia natural» a la polaridad, siempre tendremos interesados en agitarla para su propio beneficio. Gente que se esfuerza en presentar a los otros como la encarnación del mal, en contraposición a nosotros que somos la quintaesencia de lo bueno. El desprecio al otro es un elemento fundamental de cohesión, y la cohesión y la lealtad exigida es una anestesia para el pensamiento crítico. Y cuanto menos crítico es un grupo, más fácil es usarlo para los intereses propios.

Para conseguirlo utilizarán todo tipo de artimañas y falacias. La manipulación, la invención de noticias (o su exageración, o su selección, o su enfoque, o su ocultación… la post-verdad no es necesariamente mentira), la utilización de «hombres de paja», la provocación, la laminación de la disidencia, la exaltación de símbolos, la apelación a sentimientos, la exacerbación de las diferencias, la caricaturización, la apelación a valores supremos y grandilocuentes… El objetivo es claro: estrechar al máximo la zona de entendimiento, romper cualquier puente que pueda haber, cohesionar a los nuestros y tener a un chivo expiatorio a quien culpar de todos nuestros problemas.

Los que creemos en la zona de entendimiento tenemos que luchar contra la naturaleza humana, tan fácil de llevar por el camino de la polarización. Tenemos que luchar también contra quienes, de forma consciente e interesada, tratan de eliminar esa zona. Y soportar la presión del grupo que te mira mal por no ser lo suficientemente «de los nuestros», y la del otro grupo para quien siempre serás «de los otros».

Pero es una lucha importante. No solo la de defender ese espacio contra quienes lo intentan estrechar, si no la de hacerlo más grande. Atraer, por más difícil que resulte, a gente de aquí y de allí, y unirlos a la causa común. Reducir el espacio de la polarización, y denunciar a quienes pretenden aprovecharse de ella. Remar, remar y remar. Quizás sea una batalla perdida. Pero hay que lucharla.
Termino parafraseando a Unamuno. “En este estado y con lo que sufro al ver este suicidio moral, esta locura colectiva, esta epidemia frenopática […] figúrese cómo estaré. Entre los unos y los otros- o mejor lo hunos y los hotros- nos están ensangrentando, desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo.”

No les dejemos. Ni a los hunos, ni a los hotros.

Aprendiendo coaching: semana 1

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

El objetivo de esta semana era tener una primera aproximación al concepto de coaching, y poner en marcha todo el proceso de aprendizaje.

Qué he hecho

  • Empecé por ponerme en manos de mi amigo Alberto Mallo. Él es psicólogo, coach y (como ya he dicho) amigo. El primer objetivo era plantearle una pregunta… ¿tú, que por un lado me conoces, y por otro sabes de coaching… me ves de coach? Porque ésa era la duda inicial. Tuvimos una charla muy interesante y productiva, donde me hizo cuestionarme cosas… y a partir de ahí decidimos emplazarnos a una segunda charla dentro de la semana, más orientada ya.
  • En esa segunda charla me estuvo abriendo los ojos un poco al concepto de coaching, ayudándome a clarificar una serie de conceptos que yo traía bastante confusos. Y estuvimos también viendo cómo podíamos orientar el proceso de trabajo conjunto. Me recomendó la lectura del libro «Ontología del lenguaje«, de Rafael Echeverría, como la «base conceptual» de su entendimiento del coaching.
  • A partir de ahí, busqué el libro y empecé a leerlo. Es densito (un sociólogo y filósofo chileno… no digo más), y a ratos se me hace bola. Pero voy avanzando por entre sus ideas, y tomando notas (siguiendo el esquema de las notas Cornell e intentando no cometer los errores que describí en su día) Todavía no lo he terminado, espero poder hacerlo en la semana siguiente.

Aprendizajes

  • Quizás el más importante, una visión más clara de lo que es el coaching. Que no consiste en «guiar» a nadie, ni en ayudarle a «encontrar las respuestas» (que era un poco mi visión previa), si no en acompañarle en su propio proceso de descubrimiento. La metáfora que usó Alberto se me quedó grabada: no se trata de tirar del burro, ni de empujar al burro, si no de ir al lado del burro mientras él avanza hacia donde él quiera avanzar.
  • Me gustó mucho el concepto de «distinciones». La idea de que uno sólo toma decisiones en base a las «distinciones» que hace, es decir, a lo que es capaz de percibir/entender (de nuevo una metáfora, la de la capacidad de los esquimales para ver decenas de matices del «blanco»). A medida que vas ganando «distinciones», se abren las puertas para actuar de formas diferentes. En ese sentido me surgió la relación con el libro de Carnegie y su visión de que «cada uno actúa como puede actuar, y si nosotros estuviésemos en esa situación posiblemente actuaríamos igual».
  • La capacidad del lenguaje de «construir realidades» (y no sólo describirlas). Y por ende, la capacidad que tenemos los humanos de «construirnos» a través del lenguaje. El hombre como diseñador de sí mismo.
  • La íntima relación entre el individuo y su contexto, y hasta qué punto ese contexto (la sociedad en la que vive, la historia y la cultura, su círculo de relaciones personales) le influye… pero también hasta qué punto esa relación puede llegar a ser inversa.
  • En general, la relación «de ida y vuelta» entre conceptos: entre el individuo y la sociedad, entre la acción y el pensamiento, entre el cuerpo, la emoción y el lenguaje… todo es mucho más maleable de lo que pudiera parecer. Y en cuanto maleable, podemos trabajar con ello.
  • Los matices que existen entre algunos conceptos como las afirmaciones, las declaraciones, las promesas, los juicios… y la importancia de «distinguir» (de nuevo las distinciones) entre ellos para poder entender sus implicaciones.

Qué ha ido bien

  • Estoy contento con haber puesto en marcha el proceso de aprendizaje, tanto por las charlas productivas con Alberto como por empezar a profundizar en el libro
  • Constancia en la dedicación (incluso aunque el libro se me haga «bola»)
  • Aplicación de las herramientas de la guía de autoaprendizaje eficaz

Qué podría ir mejor

  • El libro se me está haciendo bola, pero quiero terminarlo
  • Tengo que activar el protocolo de «repetición espaciada» para ir repasando las cosas que voy leyendo, y que no se queden en «lo leí, lo entendí y se me olvidó»
  • También quiero ir consolidando lo que aprendo en un «resumen», pero de momento no tengo una visión muy clara de por dónde empezar a consolidarlo. Quizás cuando acabe de leer el libro…

Para la próxima semana

  • Acabar el libro
    Utilizar flashcards para trasladar los conceptos más relevantes
    Hacer un documento-resumen de lo aprendido hasta ahora

Aprendiendo Coaching


[Ésta es la página principal de mi diario de aprendizaje sobre Coaching. Pertenece a la iniciativa «Mis aprendizajes», en la que quiero compartir la evolución de mis propios procesos de aprendizaje y mi experiencia aplicándome mis consejos sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades]

Por qué coaching

Cuando comparto reflexiones sobre mi trayectoria profesional, hay personas que me lanzan una idea: que me ven en el rol de «coach». Es algo a lo que intuitivamente le tengo cierto recelo, pero cuando no son una ni dos ni tres las personas las que te lo dicen, empiezas a darle alguna vuelta más. Lo cierto es que siempre me ha gustado ejercer una cierta labor de «referente». Me gusta que otras personas se acerquen a mí porque sientan que les puedo aportar algo.
Pero siempre he abordado esas relaciones de una manera más intuitiva que otra cosa, sin ningún tipo de metodología. Y eso me genera mucha inseguridad, que se traduce en inacción. Creo que transformar esa «intuición» en algo más sólido puede ayudarme a hacer cosas que hasta ahora rehuyo por falta de seguridad.
También me he dado cuenta, reflexionando sobre esto del coaching, que mi visión está condicionada por una serie de prejuicios en los que nunca he profundizado. Tengo una visión muy desinformada de lo que son los procesos de coaching y de lo que significa «ser coach». Y por eso creo que es interesante hacer una aproximación un poco más estructurada al tema, para saber de qué estoy hablando y tener más criterio a la hora de juzgar.
Ya en esas primeras aproximaciones, la sensación es que desarrollar mis habilidades como «coach» puede ser muy útil a nivel personal y profesional. Y no estoy pensando necesariamente en «trabajar de coach», si no más bien en aplicar esas habilidades en cualquier circunstancia.

Para qué coaching

¿Cuál es mi visión de futuro, una vez haya gestionado este proceso de aprendizaje?

  • Me visualizo con un arsenal de herramientas conscientes, que me permiten tener conversaciones productivas no solo desde la «intuición» si no como resultado de ir aplicando esas herramientas a voluntad. Como consecuencia me siento mucho más seguro en mis interacciones con otros, tanto en el ámbito personal como en el profesional.
  • Aprendo a ser más empático, menos egocéntrico y vehemente, a respetar a los demás en sus circunstancias, sus objetivos, sus razonamientos, sus decisiones y sus tiempos… aprendo que mi misión no es «llevarles por donde yo creo que deben ir», si no acompañarles en el camino que ellos vayan descubriendo.
  • Como consecuencia, tengo más capacidad de impacto y transformación en los demás. No una transformación «dirigida» (y por lo tanto ficticia), si no de la que se deriva del «despertar» del otro. Más impacto positivo en las vidas de los demás.
  • Aplico esa capacidad en todos los ámbitos: el personal (con los niños, con mi mujer, con la familia…) y el profesional. No necesariamente como «coach oficial». Pero al final todo el trabajo (incluyendo los temas del blog, por ejemplo; o los proyectos de consultoría) se ve beneficiado por esa capacidad.
  • También aspiro a tener un efecto directo en mí mismo: por un lado explorándome a mí mismo, comprendiéndome mejor. Y también siendo capaz (no sé si eso es posible o no) de «autocoachearme», de irme a esa posición del «observador» y desde allí tener conversaciones productivas conmigo mismo que me permitan avanzar y mejorar.

Cómo

Para ayudarme en este proceso he buscado la ayuda de mi amigo Alberto Mallo. Alberto es psicólogo y coach certificado. Y además es un buen amigo, que me conoce desde hace más de quince años, y sabe también de qué pie cojeo. Confío en él, y sé que sabrá llevarme como procede.
Por recomendación de Alberto he abordado el libro «Ontología del lenguaje«, de Rafael Echeverría.

Proyectos prácticos

En el momento de iniciar este proceso me cuesta todavía visualizar de qué manera hacer una aplicación práctica de mis avances. Mi idea es ir aplicando el aprendizaje en mis conversaciones diarias (p.j. con los niños), y también ver la manera de volcarlos en la generación de contenidos relacionados en el blog, podcast, vídeos…

Compromisos

  • Voy a aplicar la guía para diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz.
  • Voy a compartir el seguimiento del proceso en el blog.
  • Voy a dedicar un hueco al día (después de comer), de forma consistente, para avanzar.
  • Voy a realizar sesiones de seguimiento con Alberto.

Seguimiento

  • Semana 1: primera aproximación al coaching y «Ontología del lenguaje»
  • Semana 2: he acabado con «Ontología del lenguaje»
  • Semana 3: una semana un poco difusa, pero he empezado con «Coaching» de John Withmore y he añadido unas cuantas reflexiones.
  • Semana 4: continúo con John Withmore. Preguntas eficaces, método GROW…
  • Semanas 5 y 6: acabo con Withmore, y al acabar me doy cuenta de que «no tener libros que leer» me incomoda…
  • Semanas 7,8 y 9: alguna pequeña práctica supervisada, y la conclusión de que una de las cosas más importantes es «gestionarse a uno mismo» (las ganas de intervenir, de dar opinión, de marcar agenda…). Necesito poner en práctica, pero esa perspectiva me bloquea.
  • Semana 10: una persona se ofreció a hacerme de «conejillo de indias». La perspectiva de esa conversación me genera inseguridades. Trabajo en reformular las inseguridades y en preparar esa primera conversación.
  • Actualización 11: abandono el seguimiento semanal… ¡Pero he tenido mis primeras conversaciones de coaching!

[Guía] "Cómo diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz"

Hoy he publicado la guía «Cómo diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz».

El origen de la guía de autoaprendizaje

Cuando puse en marcha el proyecto Skillopment, lo hice desde un interés «de alto nivel» por el aprendizaje y el desarrollo eficaz de habilidades. En su día, ese interés se plasmó primero en una charla y luego en un ebook. A medida que profundizaba, me quedaba el regusto agridulce de estar tratando un tema interesante, pero a la vez de estar haciéndolo de una forma demasiado abstracta. Tenía el gusanillo de trasladar esas ideas a algo más accionable, más práctico.
El detonante final para dar forma a esta guía fue una reflexión sobre mi lista de correo, y el «lead magnet» que estaba utilizando para incentivar el alta en ella. En un principio fue el ebook Skillopment, y más adelante un curso por email con las claves del aprendizaje eficaz a través del modelo Skillopment. En ambos casos podría pensarse que eran buenos «anzuelos», pero escuchando leyendo el libro «Revolución Knowmada» de Franck Scipion se me iluminó la bombilla: la clave de un buen «lead magnet» es que sea algo concreto, fácil de digerir, y que aporte un valor concentrado y tangible (aquí el razonamiento en un podcast).
Eso fue lo que me motivó para buscar la forma de construir ese «lead magnet», y ése es el origen de esta guía. Para mí es un paso importante de cara a «concretar» lo que hago y de bajarlo del terreno de la reflexión al del uso diario.

A quién va dirigida

Esta guía te será útil sí…:

  • eres una persona inquieta, consciente de la importancia de desarrollar tus habilidades.
  • crees que la responsabilidad sobre tu desarrollo es sobre todo tuya, y quieres llevar las riendas.
  • tu objetivo no es «pasar el rato» o «ir aprobando», sino incorporar habilidades y conocimientos a tu “caja de herramientas”, de forma que puedas usarlas en el largo plazo para aprovechar las oportunidades y hacer frente a los retos que vayan apareciendo en tu camino.
  • eres consciente de que el aprendizaje es un camino largo y exigente. Que requiere esfuerzo, tiempo, dedicación y recursos. Y que no siempre es fácil sacar tiempo y energía.
  • en el pasado te has encontrado con dificultades para llevar adelante tus proyectos de aprendizaje.
  • a pesar de las dificultades, quieres insistir porque sabes lo importante que es. Y lo gratificante que resulta cuando te das cuenta de que, gracias a tu esfuerzo, has conseguido incorporar una nueva habilidad a tu repertorio.

Qué contiene

En este documento encontrarás herramientas que te ayudarán a plantear y ejecutar tus proyectos de aprendizaje bajo un prisma de aprendizaje eficaz. Se trata de que, con su ayuda, puedas sacar el máximo rendimiento al tiempo y al esfuerzo que dedicas a aprender.

  • Una plantilla de que te ayudará a definir tu proyecto de aprendizaje, concretando qué quieres aprender, por qué, para qué, cómo, y cuáles son los compromisos que asumes.
  • Una plantilla que te servirá para planificar y hacer seguimiento de tu progreso semanal, estableciendo objetivos, acciones, resultados y reflexiones para la mejora.
  • 20 estrategias que te servirán para enfocar tu aprendizaje.

He querido darle a estas herramientas un enfoque totalmente práctico. El objetivo que las uses y las hagas tuyas, que las apliques a tus proyectos de aprendizaje concretos. No te quedes en echarles un vistazo por encima. Imprímelas, trabaja con ellas.

Descarga la guía de autoaprendizaje eficaz
Para descargar la guía de autoaprendizaje eficaz, solo tienes que suscribirte a la Comunidad Skillopment. Además de descargarte la guía, recibirás (¡mientras quieras!) comunicaciones periódicas sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades, con reflexiones, enlaces interesantes y herramientas que te ayuden a conseguir tus objetivos.

Las 4 etapas en tu camino al nirvana del aprendizaje

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Photo by Holly Mandarich on Unsplash

El nirvana del aprendizaje

«Tienes claro lo que quieres aprender, el por qué y el para qué. Eres capaz de concentrar tus esfuerzos, y de aplicar técnicas y herramientas que te permiten sacarles el máximo partido. Desarrollas tus habilidades a voluntad, y así construyes tu perfil ideal; ése que te coloca en la mejor posición posible para aprovechar las oportunidades y a enfrentarte a los retos.»

Suena bien, ¿verdad? Yo leo esa descripción y pienso “sí, yo quiero ser así”. Quiero ser esa “máquina de aprender”. Máxima concentración, máximo rendimiento. Pero quiero ser capaz no sólo de aprender de forma eficaz, si no de hacerlo con un sentido, un propósito. Saber dónde quiero ir, y recorrer el camino que me lleva hasta allí. Es el nirvana del aprendizaje.
Pero como sucede en el budismo, el nirvana no se alcanza con un chasquear de los dedos. El nirvana es el resultado de recorrer un camino, un camino que puede ser largo y exigente, y que requiere atravesar distintos niveles de conciencia.

La bendita ignorancia


Quizás seas una persona todavía joven, metida en un sistema educativo que funciona como un tren en el que tú solo tienes que ir subido. Vas pasando curso a curso. Son otros los que te dicen lo que tienes que hacer, y tú lo haces. En realidad no importa mucho aprender, sólo “aprobar” e ir avanzando por el camino que te han marcado. Cuando termines de estudiar crees que encontrarás una “colocación”, que te dará dinero para que puedas hacer tu vida. En todo caso, eso ya llegará. Hoy no te preocupa.
O quizás seas un adulto con un puesto de trabajo fijo, que te da seguridad. Tienes tu contrato indefinido, y cuanto más tiempo pasas más te protege la indemnización. Y esta empresa es una roca, va fenomenal. Tu objetivo es llegar sin sobresaltos a la jubilación, y crees que si no haces nada raro lo tienes hecho.
En este estadio no hay inquietud por el futuro, ni necesidad de tomar las riendas del mismo. No quiere decir que no te esfuerces, o que no trabajes. Pero puedes dejarte llevar, confías en que las cosas irán bien mientras tú hagas lo que otros te dicen, y que por lo demás puedes vivir la vida tranquilamente. Aprender es una opción, si te apetece lo haces y si no tampoco pasa nada.

La inquietud


Algo te ha sacado de tu bendita inconsciencia, y empiezas a verle las orejas al lobo.
Quizás estés acabando tu ciclo de estudios, y empieces a pensar en “cómo me voy a ganar la vida”. Oyes noticias sobre la tasa de paro juvenil, o sobre los contratos basura, o sobre la dificultad de tener una cierta estabilidad. Las vías del tren en el que venías montado llegan a su fin. Intentas retrasar lo inevitable, prolongar la vía un poquito más (¿un máster, quizás?), pero inevitablemente despiertas de repente a una realidad en la que ya no hay camino señalizado que seguir.
O quizás empieces a oír rumores en tu empresa, sobre reducciones de personal, EREs, o una fusión que amenaza puestos de trabajo. Quizás te des cuenta de que los jóvenes que se incorporan están mejor preparados que tú, y que cobran menos. O que hay una nueva tecnología que permite hacer lo que haces tú de forma más eficaz y por menos dinero. Y echas cuentas, y te das cuenta de que igual al empresario le sale rentable pagarte tu indemnización. O simplemente caigas en la cuenta de que tu empresa, sometida a la dura competencia del mercado, es incapaz de dar beneficios y se verá abocada al cierre más pronto o más tarde. Tus sueños de llegar tranquilamente a la jubilación saltan en pedazos.
O simplemente ya eres uno de tantos profesionales y empresarios plenamente conscientes de que la vida es difícil, que salir adelante en un panorama de competencia, de globalización, de aceleración tecnológica… pone un montón de presión sobre tu día a día y sobre tu futuro. Llevas tiempo en el paro, o encadenando contratos temporales y de prácticas, o luchando mes tras mes por sacar adelante tu pequeño negocio.
Sea cual sea tu caso, sientes la inquietud. Sufres pensando en “cómo voy a salir adelante”. Intentas no pensarlo demasiado, pero está ahí. Te frustra esa sensación, te parece injusta, no es lo que te prometieron. Quizás busques un culpable: la globalización que hace que la competencia sea más dura, los robots que hacen lo mismo que nosotros más barato, los inmigrantes que vienen a quitarnos nuestros trabajos, los políticos que no nos dan soluciones, los empresarios que no nos dan trabajo. El sistema, que no funciona.
Es posible que estés esperando una solución: un Estado que dé trabajo público para todos, o mejor aún, una renta básica que nos permita olvidarnos de los problemas. O un sistema proteccionista que al menos nos guarde nuestros trabajos para nosotros: unos aranceles, unos límites a la inmigración. O leyes que obliguen a los empresarios a montar empresas y a contratarnos. Que alguien haga algo, por favor.

La responsabilidad individual


Has llegado a una conclusión. Las cosas son como son, y no como te gustaría que fueran. Es un entorno difícil, pero hay que pelear. Y el primero que tiene que coger el toro por los cuernos eres tú. Lo que no hagas tú por ti mismo no lo va a hacer nadie.
Has llegado a aceptar que nadie te debe nada. Que no puedes esperar que nadie te asegure un trabajo, o una forma de vida. Que eres tú el que tiene que conseguirlo, y que la forma de hacerlo es proporcionar valor a otros. Que hay una correlación positiva (no perfecta, porque en la vida no hay nada perfecto) entre lo que tú puedes ofrecer a los demás y lo que los demás te dan a cambio. Y que por mucho que tú valores lo que haces, son los demás los que deben hacerlo.
Te das cuenta de que en esa lucha no estás indefenso. Tienes una serie de armas, que son tus habilidades. No tus títulos, no los cursos a los que has ido, si no lo que eres capaz de hacer de verdad, de forma consistente. Esa combinación de habilidades es la que te permite dar valor a los demás, y mejorar tus posibilidades de futuro. La suerte sigue existiendo, claro, pero cuantas más habilidades tienes, y más desarrolladas están, más probabilidades tienes de que la suerte te favorezca.
Así que decides formarte. Te apuntas a cursos, lees libros, dedicas tiempo, esfuerzos, y recursos. Pero sientes que no avanzas lo rápido que te gustaría. Tienes tendencia a dispersarte, te interesan muchas cosas, y el tiempo y la energía son limitados. Te cuesta mantener la tensión el tiempo suficiente como para ver una mejora real en tus habilidades y tienes la sensación de que tanto esfuerzo no está siendo útil.

La máquina de aprender


Te ha costado, porque cuesta. Pero has sido capaz de analizar lo que eres, y lo que quieres ser. Tienes muy claro en tu mente cuáles son las habilidades que necesitas desarrollar para alcanzar ese futuro deseado. Tienes claro lo que quieres aprender, el por qué y el para qué. Ya no hay sitio para la dispersión, porque has definido un camino muy bien señalado que te dice cuáles deben ser tus siguientes pasos. Ni tampoco para la falta de motivación, porque ese camino te lleva a un sitio al que quieres ir, al que necesitas ir.
Y además has aprendido e incorporado un conjunto de técnicas y herramientas que te permiten sacar el máximo partido a tu esfuerzo. No importa si tienes mucho tiempo o poco, el que tienes lo aprovechas. Conoces las claves del aprendizaje eficaz, y las aplicas para que tus habilidades mejoren de verdad. No siempre es rápido, ni fácil, ni divertido. Pero funciona, y eso te permite tener las habilidades que necesitas.
Así, día a día, aprendizaje tras aprendizaje, construyes tu perfil ideal; ése que te coloca en la mejor posición posible para aprovechar las oportunidades y a enfrentarte a los retos. Ése que aumenta tus posibilidades de tener suerte.

¿Dónde estás tú?

El camino para convertirse en una máquina de aprendizaje implica ir atravesando cada una de estas etapas. Una detrás de la otra. Y en realidad nunca termina, porque siempre puedes refinar tu sistema para aprender cada vez mejor, con mayor claridad respecto a tus objetivos y tus técnicas.
La cuestión es… ¿en qué punto de ese viaje estás? ¿qué necesitas para ir al siguiente nivel?
[Skillopment es una iniciativa para promover el aprendizaje y el desarrollo eficaz de habilidades. La lista de correo es el canal donde compartir periódicamente reflexiones, herramientas, enlaces interesantes… todas con el mismo objetivo: ayudarnos a convertirnos en máquinas de aprendizaje.. Puedes suscribirte aquí, y te unirás a más de 400 personas inquietas y comprometidas con su desarrollo profesional. Además podrás descargar gratis la guía «Cómo diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz».

20 estrategias para aprender mejor

  1. Ten clara tu motivación. Describe qué es lo que quieres aprender, por qué, para qué. Visualízate con esa habilidad desarrollada, y asegúrate de que te gusta lo que ves. Si no lo tienes claro, no sigas.
  2. Destruye tus pensamientos limitantes. Cada vez que te descubras poniéndote zancadillas detente a analizar ese pensamiento, y busca evidencias en contrario.
  3. Decide qué quieres aprender, y céntrate en ello. Olvídate, durante el periodo que tú definas, de todas las otras cosas que podrías aprender. Y mantén el foco.
  4. No te compares con otros. Empieza desde donde estás, y avanza un paso cada vez.
  5. Ármate de paciencia. El camino es largo, y en muchos momentos será exigente y aburrido. No tengas otras expectativas, porque no serán realistas y sólo conseguirás frustrarte.
  6. Sigue los métodos que ya existen. Puede que no sean perfectos, pero son más que suficientes y te llevarán muy lejos. No reinventes la rueda.
  7. Aprende bien lo fácil antes de ponerte con lo difícil. Y consolidalo, no seas impaciente.
  8. Paso a paso, pero sin parar. Conseguirás mejorar mucho más con el trabajo diario que con grandes arrebatos ocasionales.
  9. Toma notas de lo que vayas aprendiendo. Si no, gran parte se acabará diluyendo.
  10. Relaciona. Incorpora, con mucha frecuencia, lo que vas aprendiendo a tu “árbol del conocimiento”: el esquema que relaciona todo lo que sabes de una materia.
  11. Repite, repite y repite. Se trata de interiorizar, de llevar la habilidad al punto del reflejo automático. Y eso pasa por la repetición.
  12. Abraza el error. El error es el indicador de dónde tienes que enfocar tus esfuerzos. Siéntete cómodo en el error, porque si no tenderás a evitarlo, y si lo evitas no serás capaz de crecer.
  13. Dedica tiempo a recordar lo que has aprendido. De nada sirve dedicar tanto esfuerzo a aprender si no retenemos.
  14. Céntrate en donde tienes problemas, y trabaja hasta que dejen de serlo. Será el tiempo mejor empleado.
  15. Lleva un diario. Será la piedra de toque que te ayude a ser exigente contigo mismo.
  16. Planifica y revisa. No dejes que tus esfuerzos dependan de los impulsos y saca conclusiones para mejorar el proceso.
  17. Busca un proyecto práctico que te sirva para dirigir tu aprendizaje. Aprender “en abstracto” es más difícil, y menos productivo.
  18. Descansa. Deja que tu cerebro trabaje en la sombra. Lo necesita.
  19. Cuídate. Realiza actividad física. Aliméntate bien. Un cerebro bien tratado es un cerebro eficaz.
  20. Y disfruta. Porque, a pesar de la exigencia (o quizás precisamente por ella) pocas cosas hay más satisfactorias que aprender y desarrollar tus habilidades.

Este listado fue publicado originalmente en el ebook «Skillopment«, que puedes descargar íntegro y de forma gratuita desde aquí. Si quieres, puedes ver más contenidos sobre aprendizaje eficaz publicados en este mismo blog.

Aprendizaje y educación (una charla con Homo Mínimus)


Hace unos días tuve la oportunidad de participar en el podcast de Homo Mínimus. El resultado fue una charla de casi 2 horas en las que hablamos sobre todo de aprendizaje y de educación, pero también de un buen montón de temas relacionados.

Conocí a Homo Mínimus hace ya un puñado de años, a partir de una cierta afinidad en los temas que tratábamos cada uno en nuestro respectivo blog. Tras una época de intercambio de comentarios, llegó la oportunidad de «desvirtualizarnos» gracias a su proyecto de «52 comidas». Su objetivo era plantearse comer una vez a la semana, a lo largo de un año, con una persona nueva («poco conocida o directamente desconocida por mí»). Una forma de ampliar su círculo social, de romper su zona de confort… en fin, una iniciativa interesante y curiosa. Aquella comida salió bien, y desde entonces nos hemos mantenido en el radar.
Una de sus áreas de interés es el aprendizaje, y de hecho durante un tiempo tuvo un proyecto de blog/podcast llamado «Hiperaprendizaje», así que la afinidad respecto a Skillopment surgió de forma natural. Y ésa fue la excusa que utilizamos para abordar esa conversación aunque, como podréis escuchar, en la misma surgieron un buen montón de ramificaciones.
En fin, por mi parte agradecerle a Homo Mínimus la charla. En sí misma fue muy enriquecedora. Como él dice, la conversación es una de las herramientas fundamentales del aprendizaje.

El océano infinito del conocimiento

En medio del océano

Imagínate que estás en un barco, en medio del océano. Mires hacia donde mires, no ves nada más que agua. En la línea del horizonte no se adivina ni un trozo de tierra. Da igual hacia donde avances, la perspectiva es la misma: una cantidad inmensa de agua rodeándote por todas partes.
Esta metáfora del océano la utilizo dentro del modelo Skillopment para referirme a «todo lo que podríamos aprender, si quisiéramos». Imagina que esa gran masa de agua, inacabable, inabarcable… son todos los conocimientos y habilidades que el ser humano ha desarrollado a lo largo de miles de años. Ahí está todo: la filosofía, la historia, las matemáticas, la química, la física, la biología, la tecnología, la narrativa, la poesía, la oratoria, la pintura, la música, la danza, la caza, la agricultura, la ganadería, etc, etc, etc… Mires en la dirección que mires, no ves el final. Ahí está todo. Y todo a tu disposición.
Y no es sólo la amplitud, sino también la profundidad. Si en algún punto de ese océano decides sumergirte, e iniciar el descenso, comprobarás que te resulta casi imposible tocar fondo. A cada metro que desciendas, cuanto más sepas de una materia, más niveles de profundidad se abrirán ante ti, más detalles, más matices, más sutilezas.
Y encima cada día que pasa, ese océano se hace más grande. La humanidad sigue ampliando sus horizontes, sigue profundizando en cada materia, y como resultado el volumen de conocimientos a nuestra disposición no deja de crecer de forma exponencial.
¡Es maravilloso! Ese océano está ahí, a nuestra disposición, para que alimentemos nuestros procesos de aprendizaje. Y más a día de hoy, cuando con la tecnología nuestro acceso a ese océano es más fácil y barato que nunca en la Historia.

No puedes tenerlo todo

Pero en su infinitud radica también uno de los grandes problemas de este océano: no podemos abarcarlo todo. Es absoluta y totalmente imposible. Por mucho esfuerzo que hagamos, la inmensa mayoría de ese océano quedará inexplorado para nosotros.
Si eres como yo, inquieto y curioso, ese pensamiento te generará una cierta melancolía. Saber que hay tantas cosas de las que nunca llegaré a saber nada, ni siquiera de forma superficial. Tanta riqueza, y tan poco tiempo… Pero no sirve de nada dejarse arrastrar por la melancolía. Lo que es, es. Y una de las claves del aprendizaje eficaz es aceptarlo, y abordar nuestra relación con ese océano infinito del conocimiento de forma productiva.

Cuatro pasos para aprovechar el océano del conocimiento

Tengamos en cuenta que, si nos estamos acercando a este océano no es para “pasar el rato” (si ése es el caso… !simplemente relájate y disfruta del baño!), si no para obtener de él lo que necesitamos (ni más, ni menos) para alimentar nuestro proceso de aprendizaje. ¿En qué se traduce esto? En olvidarnos de lo amplio y profundo que es el océano, y centrarnos en aprovecharlo. Esto implica:

  • Acotar lo que queremos explorar en él, y por lo tanto olvidarnos de todo lo demás.
  • Seleccionar las fuentes de las que vamos a alimentarnos, y hacerlo de manera eficiente.
  • Incorporar lo nuevo a lo que ya sabemos, filtrando aquello que resulta relevante y descartando lo que no.
  • Seguir las pistas que vayamos descubriendo en nuestro proceso para determinar cuáles son los siguientes pasos.

Esta actitud de “proactividad focalizada” (“proactividad” porque nosotros dirigimos nuestra atención, en vez de dejar que sea dirigida por estímulos externos; y “focalizada” porque nos centramos en aquello que queremos obtener y obviamos todo lo demás), apoyada en una serie de técnicas y herramientas, es la base del aprendizaje eficaz, ya que sin ella nos encontraremos chapoteando sin fin en ese océano del conocimiento, saltando de interés en interés, de fuente en fuente… diluyendo nuestros esfuerzos mientras perseguimos un imposible.
Porque recuerda: podemos aprender cualquier cosa, pero no podemos aprenderlo todo.
También puedes ver el vídeo que hice sobre este tema en mi canal de Youtube

O escuchar la píldora que grabé para el podcast Skillopment

PD.- Si te interesa todo esto del aprendizaje y el desarrollo de habilidades, apúntate a la newsletter de Skillopment y recibirás gratis la guía «Cómo diseñar un plan de autoaprendizaje eficaz».

¿Qué harás cuando tengas tiempo libre?

¿Qué harás cuando no tengas que trabajar?

El otro día leía un artículo interesante, y provocador, titulado «¿Qué haremos con el tiempo libre que nos dejarán los robots?». En él se plantea una hipótesis nada descartable: ¿qué pasaría en un futuro en el que los robots hicieran la mayor parte del trabajo, y nosotros no tuviésemos que dedicar la mayor parte del día a trabajar (y a los desplazamientos asociados)? ¿A qué dedicaríamos nuestro tiempo?
Menuda pregunta más tonta. Es evidente. ¡Disfrutar! ¡Vivir la vida!
Está claro que para quien vive en la rutina del trabajo diario, la idea de «tiempo libre» hace que la boca se le haga agua. Da igual que sea un día libre, el fin de semana, o las vacaciones de verano. Ese espacio de libertad se vive como un respiro antes de volver a sumergirse en lo cotidiano.
El «dolce far niente» es una fantasía escapista recurrente. Pero aquí no estamos hablando de «un día libre», ni de «unas vacaciones». Hablamos de la perspectiva de no tener que trabajar, y de tener que buscar actividades con las que rellenar todas las horas del día, un día tras otro, una semana tras otra, un año tras otro. Ojo, que a lo mejor no es una situación tan deseable…

La tarde de domingo infinita

Hace un tiempo charlaba con un antiguo compañero, meses después de su jubilación. Se trata de una persona que había alcanzado una posición profesional, y por lo tanto social y económica, muy notable. Una persona cultivada, con inquietudes, con relaciones. Pero cuando hablábamos de cómo llenaba sus días, confesaba que se le hacía difícil. «Me gusta la ópera, puedo verme una ópera cuando quiera… pero eso me ocupa un par de horas. Y tampoco todos los días, llega un momento en que te saturas. Me gusta leer, pero puedo leer otro par de horas. Puedo salir a dar un paseo, otro par de horas. O tomar un café con alguien. Pero al final paso 16-20 horas despierto todos los días, y llega un momento en el que ya no sabes qué hacer».
Quizás estés pensando «buah, a mí no me pasaría». Quizás. Pero… ¿nunca has tenido una de esas tardes de domingo donde te subes por las paredes? ¿O ese día en medio de las vacaciones donde ya has hecho de todo, y no sabes qué más hacer? Ahí tienes tu tiempo libre, ¿por qué no lo disfrutas? ¿por qué no «vives la vida»? Todos esos libros que quieres leer, todas esas series que quieres ver, todos esos hobbies que quieres cultivar, toda esa gente con la que quieres pasar el rato… y ahí estás, muerto del asco.

El edén de la renta básica universal

Hay un argumento habitual entre los defensores de la Renta Básica Universal. Y es que si consiguiésemos liberarnos de la tiranía de tener que «ganarnos la vida», las personas podríamos dedicar nuestro tiempo a ser «nosotros mismos», a dejar florecer nuestras pasiones y a perseguir todo aquello que verdaderamente deseamos. Una perspectiva ideal e ilusionante.
Pero a veces pienso en colectivos que están en una situación que podríamos considerar comparable, en cuanto a disponibilidad de tiempo. Pienso en los jubilados, en los parados de larga duración, en los veranos infinitos de los estudiantes, en los «ninis». Sí, es verdad, te encuentras gente activa y animosa. Pero también te encuentras mucha gente a la que se le caen las paredes encima, que dejan pasar el tiempo mirando al infinito o distrayendo su mente en actividades de cero crecimiento personal.
Podría argumentarse, sí, que no son situaciones exactamente comparables, ya que todas éstas pueden tener un componente de «presión psicológica». Vale. Pero aun así, tengo la sospecha de que esa situación con una mayoría social «sin nada que hacer» no acabaría en el edén que a veces se intenta dibujar.

El vértigo de llenar el tiempo

Escribía hace unos años que «ser productivo da vértigo«. Que cuando uno consigue identificar «lo que tiene que hacer», y lo hace con eficiencia, puede encontrarse con la pregunta de «qué hago con el tiempo que me sobra». Si ademas nos encontrásemos en un escenario en el que ni siquiera tenemos que hacer nada obligados por un trabajo… el vértigo se haría aún mayor.
En todo caso, la pregunta sigue siendo pertinente. Porque cada vez es más imaginable ese escenario en el que queriendo o sin querer, con una renta o sin ella, nos veamos abocados a un mundo sin trabajo.