[Entrevista] Felipe García Gaitero y los aprendiadictos


Un nuevo episodio del podcast de Skillopment, y en este caso me hace especial ilusión. Felipe García Gaitero fue compañero de aventuras durante una de mis etapas profesionales, y a lo largo de esos años que compartimos juntos, en esas conversaciones entre trabajo y comidas varias, fui descubriendo a una persona muy interesante, inquieta y de múltiples intereses. Siempre era fascinante charlar con él, y descubrir en qué nueva historia estaba metido. Y siempre le decía: «no sé cómo lo haces». Así que cuando me planteé lanzar esta serie de entrevistas, le tenía «enfilado» porque me parecía que profundizar en su experiencia podía merecer mucho la pena. Afortunadamente aceptó cuando se lo propuse, y aquí estamos :D.
En la conversación con Felipe destaca su visión del aprendizaje guiado por la curiosidad, y el placer que obtiene del propio proceso del aprendizaje, lo que le convierte en lo que él denomina un «aprendiadicto«. Sobre este tema principal, y muchos otros accesorios, charlamos en este episodio que podéis escuchar aquí mismo, en Ivoox o en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 2:45 Comentamos su amplia gama de intereses, y llegamos a la idea de la curiosidad como motor del aprendizaje, y al disfrute inherente a ese tipo de aprendizaje. Esto nos alumbra el concepto de «aprendiadicto«, persona que disfrute del «chute» de placer relacionado con abordar cualquier disciplina especialmente en las primeras fases de la curva de aprendizaje.
  • 8:59 Abordamos los riesgos de que ese guiarse por la curiosidad y el disfrute acabe llevándonos a un aprendizaje desordenado, caótico, no eficaz. El riesgo de acabar siendo aprendiz de mucho y maestro de nada. Pero también hablamos del poder acumulativo y sinérgico de todo lo que aprendemos (una idea que describe muy bien Scott Adams en su libro How to Fail at Almost Everything and Still Win Big y que es una de las claves detrás de la génesis de Skillopment: «cuantas más habilidades tienes, y más desarrolladas están, más probable es que tengas suerte»), y de cómo muchas veces esa acumulación de saberes que parece no tener sentido acaba resultando, cuando unimos los puntos, significativa y valiosa.
  • 14:08 Hablamos sobre el autoaprendizaje, y la enorme cantidad de recursos que tenemos a nuestra disposición. Pero también de la necesaria habilidad para gestionar ese exceso de información, separando el grano de la paja. Y de mantener el foco para evitar caer en esa «ilusión de aprendizaje» que no es más que mero consumo de información que, tal como viene, se va. Porque al final, aprender es aprehender, y sobre todo aplicar.
  • 23:12 También mencionamos la importancia del aprendizaje social, de rodearnos de personas más experimentadas (tanto en un entorno más formal, tipo «maestro», como de relación interpares) que nos permitan muchas veces aprender por ósmosis.
  • 25:50 Comentamos el papel de los proyectos prácticos en el proceso del aprendizaje, y cómo arremangarnos, ponernos manos a la obra y cacharrear nos ofrece una oportunidad de descubrir nuevas ideas, guiar nuestro aprendizaje, desmontar ideas preconcebidas… Y también reflexionamos sobre el papel del error, y cómo debemos perder el miedo a equivocarnos porque equivocarse es lo normal cuando uno aprende.
  • 31:18 Hablamos de cuándo se produce el momento óptimo para dejar de lado un aprendizaje y pasar a otro, cuándo el esfuerzo empieza a tener un rendimiento decreciente. Mencionamos las visiones complementarias de las 10.000 horas de Gladwell  y las 20 horas de Kaufman, y cómo podemos vivir en la «mediocridad», sin necesidad de ser un «experto» en todas las materias que abordemos. Al fin y al cabo, todo depende de con quién te compares.
  • 37:52 Le pregunto a Felipe por cuáles cree que son las claves del aprendizaje eficaz, y menciona la importancia de la motivación (especialmente cuando es intrínseca), el involucrarse con atención plena (que nos lleva a hablar de la práctica deliberada) y con los cinco sentidos (relacionándolo con el concepto de multisensorialidad que comentábamos en otro episodio del podcast)
  • 43:50 Hablamos sobre uno de los grandes problemas del aprendizaje: el «no tengo tiempo». Y cómo la gestión del tiempo es en realidad una gestión de prioridades, y que incluso teniendo en cuenta las restricciones que pueda marcarnos nuestro estilo de vida (trabajo, familia, etc.) siempre tenemos un margen de maniobra que podemos gestionar. Pero para eso es importante tomar conciencia de nuestras rutinas e inercias, y actuar sobre ellas. Y comentamos el valor de la constancia.
  • 55:25 Volvemos, para cerrar, sobre el tema inicial: la curiosidad como motor del aprendizaje, su carácter innato o aprendido, y qué podemos hacer para incentivarla y cultivarla.

La vida no es un relato


Si nos pusiésemos a contar nuestra vida, ¿qué saldría? Seguro que un montón de momentos rutinarios e intrascendentes, decisiones que no llevan a ningún sitio, errores y rectificaciones, cosas de las que avergonzarnos, inercias, falta de dirección, dudas y lamentos. Sí, claro, también habrá momentos de los que sentirnos orgullosos. Pero en general nos daremos cuenta de que nuestras vidas no son «como en las películas».
Las normas de la narrativa están bastante definidas. Un protagonista, un antagonista, un conflicto, penalidades y resolución. Si metes algo en la historia, tiene que servir para explicar otra cosa, o para que la historia avance. Si no, sobra. Andamiaje narrativo. Y no vale contarlo en cualquier momento, ni con cualquier ritmo. Tiene que fluir para mantener el interés. La narrativa tiene espacio para el talento, sí; pero tiene mucho de mecánica, de conocer una serie de herramientas y aplicarlas con oficio.
Pero, como dice el personaje de Kvothe en la novela de Rothfuss «El nombre del viento», nosotros no vivimos en una historia. Nuestras vidas no tienen esa claridad, ese sentido de propósito, ese andamiaje narrativo que las soporte. Vamos viviendo como podemos, que no es poco.
Y cuando alguien te cuente su vida como una historia apasionante, desconfía. Ahí hay un importante trabajo de edición, de seleccionar solo lo que quiere contar, de ocultar la cara B, de explicar a posteriori, de ajustar y embellecer (y posiblemente inventar) para que todo encaje y tenga el sentido, el ritmo, la coherencia, la tensión, las dosis justas de conflicto/resolución… que un relato requiere para ser interesante.
Disfrutemos de las historias. De las de ficción, y de las… y de las de ficción. Porque cualquier historia, incluso las que están basadas en hechos reales, no te cuentan toda la verdad. Y desde luego, nunca, nunca, pueden ser usadas como piedra de toque para analizar nuestras propias vidas. Porque siempre saldremos perdiendo.

La autoestopista asertiva


Ayer hice algo que no había hecho nunca en mis 41 años de vida. Y que francamente, jamás pensé que nunca fuese a hacer. Recogí a una autoestopista. Todavía estoy sorprendido.
Volvía de Madrid, y el indicador del aceite empezó a protestar. Así que paré en una gasolinera a ponerle solución. Según iba a entrar en la zona de la tienda, una chica se me acercó: «Hola, buenas tardes. ¿Va a usted hacia el norte? ¿Sería posible llevarme, si no le importa, y no le da miedo y todo eso?».
Pongámonos en situación. No soy persona especialmente «abierta a las sorpresas», en general. Ni de mucho socializar, ni de «dejar que las cosas pasen», ni de disfrutar de los imprevistos. Me gusta tener la sensación de control (ya sé, ya sé, es pura «ilusión de control», pero bueno), y el ir a mi aire. Interacciones las justas. Un rancio, vaya (en realidad es introversión, que a veces disimulo pero que está ahí). Yo aquí, tu allí, cada uno en su casa y dios en la de todos. Prefiero ir a un hotel que a un airbnb «donde los anfitriones te hacen sentir como en casa» (de hecho incluso me incomoda quedarme a dormir en casas ajenas, incluso de amigos), no concibo esos viajes donde «hay que compartir mesa con otra pareja», no me gustan las «visitas sorpresa» ni los planes improvisados, en los eventos donde no conozco a nadie no sale de mí el acercarme y ponerme a hablar (y por lo tanto acabo siendo «ese que pasa los descansos mirando al móvil»), si voy en autobús o en tren cruzo los dedos para que el asiento de al lado vaya libre, estoy la mar de feliz conduciendo solo, con mi musiquita y mis pensamientos… La perspectiva subir en mi coche a alguien así, sin más, y de compartir kilómetros con alguien desconocido, y la charla así «por pasar el rato» no me seduce lo más mínimo, y eso incluso en el mejor de los escenarios de que sean gente maja y agradable (que podrían no serlo).
Así cuando en vez de pasar de largo y murmurar un «no, lo siento» me vi preguntándole «¿Hasta dónde vas? Yo voy hasta Aranda» me quedé francamente alucinado conmigo mismo. Ella iba más lejos, pero le venía bien ir avanzando así que, después de preguntar a otros posibles coches mientras yo compraba el aceite, se vino conmigo. La dejé en otra gasolinera a la entrada del pueblo, donde nada más bajarse se dirigió a otros coches en busca de alguien que la ayudase a seguir el viaje.
Llevo unas horas dándole vueltas a «qué demonios pasó». Y creo que, sin duda, la actitud de la chica fue bastante determinante.
En primer lugar, tomaba la iniciativa. No estaba parada con un cartel en la mano, esperando a ver si alguien lo leía y se ofrecía, si no que era ella la que se dirigía uno por uno a cada coche. Y eso implica superar el apuro de establecer contacto con un desconocido (quizás estoy proyectando aquí; desde luego para mí es una barrera), superar el temor a un posible rechazo («un posible» no; una certeza absoluta de que te van a rechazar un montón de veces). Y lo hacía con educación, saludando, preguntando, exponiendo su petición, haciéndose cargo de las posibles resistencias…
A lo tonto, me ha hecho pensar. En cómo soy, en cómo podría ser, y en qué hay que hacer para aumentar las posibilidades de que «las cosas pasen».
Y con este pensamiento, me voy de vacaciones. Esta vez con el coche lleno, sin espacio para autoestopistas.

La selección continua


Hay un chistecillo tradicional de RRHH, en el que una persona tiene que decidir si prefiere el cielo o el infierno, y para ello le dejan pasar un día de prueba en cada sitio. El día en el infierno es sorprendentemente agradable, con lo cual acaba por decidirse. Pero cuando al día siguiente vuelve allí, ve que todo es un horror, a lo que el demonio le dice «es que ayer te estábamos reclutando, pero hoy ya estás contratado«.
He recordado hoy ese chiste al leer un comentario en Linkedin en el que se hablaba sobre la importancia del proceso de reclutamiento y contratación para atraer el talento, y que terminaba con un «el proceso de contratación tiene que ser emocionante e innovador para atraer y atender a los mejores talentos».
No, hombre, no. Eso es pura miopía. ¿De qué vale un proceso de contratación excelente, si la experiencia al día siguiente es como la del chiste? De nada. Sí, atraes talento. Sí, lo contratas. Pero si te quedas ahí, en «el proceso de contratación», al día siguiente, o al otro, ese talento saldrá por la misma puerta por la que entró (y encima echando pestes). ¿Acaso crees que en el momento de contratar a alguien esa persona pierde la capacidad de irse a otro sitio?.
Lo importante es proporcionar a las personas una gran experiencia profesional a lo largo de todas las etapas de su ciclo de vida dentro de la empresa. Incluso expandiría esta visión a las etapas previas (cuando te diriges a ellos como potenciales candidatos, tanto a corto como a medio y largo plazo) y a las posteriores (cuando abandonan tu organización). Esta experiencia global es la que determina la relación de tu empresa con el talento, y no los subprocesos vistos cada uno desde su nicho departamental.
Diseñar y trabajar los procesos poniendo al empleado en el centro (o profesional independientemente de la relación contractual, si lo vemos en términos más amplios) debería ser una visión aspiracional para la gestión de personas en cualquier organización. Una visión que no es propia del departamento de RRHH (si es así, mal vamos), si no de todas las áreas de la compañía.
Y sin embargo, a estas alturas sorprende lo lejos que todavía queda esta idea de tantas personas del sector…

Einstein y el secreto del aprendizaje

Albert Einstein, quizás el científico más icónico de todos los tiempos, también era un padre preocupado por la educación de sus hijos.

Así, en una carta a uno de ellos, cuando tenía 11 años, se muestra encantado de que al niño le guste el piano, y le hace la siguiente recomendación:

«En el piano, toca sobre todo aquello que te apetezca, aunque no sea lo que el profesor te mande. Así es como más se aprende, cuando haces algo disfrutando tanto que no notas el paso del tiempo. Yo mismo a veces me concentro tanto en mi trabajo que se me olvida comer…»

Einstein se refiere así a lo que más tarde el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi describiría como «estado de flujo», esos momentos deliciosos donde se produce un equilibrio perfecto entre nuestras habilidades y el reto al que nos enfrentamos, y en los que nos sentimos plenamente integrados con la tarea que tenemos entre manos.

Cada vez son más los indicios que apuntan a que un cerebro involucrado aprende más y mejor. Y en consecuencia los métodos pedagógicos cada vez se centran en dar más participación y responsabilidad al «aprendiz» en el proceso de aprendizaje, en las que el juego y la diversión toman un mayor protagonismo, tratando de adaptarse a la manera en la que el cerebro aprende.
Pero, siendo esto así, tampoco debemos caer en el riesgo de pasarnos al otro extremo, y considerar que todo el aprendizaje debe ser divertido y placentero y que, si no, hay que descartarlo. Porque la realidad es que a veces toca tirar de esfuerzo y de sacrificio, y más nos vale estar preparados para afrontar ese equilibrio si no queremos frustrarnos a las primeras de cambio.
¿Significa esto que Einstein no tenía razón cuando aconsejaba a su hijo? Depende de si consideramos su planteamiento como un absoluto o como un relativo (<-- atención al chiste :D). Siempre está bien introducir el disfrute dentro del proceso de aprendizaje; el problema viene si aspiramos a que todo sea disfrutar, y decimos (por ejemplo) que no hay que hacer caso al profesor cuando nos plantee un ejercicio que nos resulte aburrido, o que no debemos perseverar a la hora de afrontar un ejercicio que se nos resiste, o que no debemos estudiar con esmero una pieza musical antes de ser capaces de tocarla por puro placer, o que vamos a limitarnos a repetir una y otra vez aquello que nos hace sentir bien sin exponernos fuera de la zona de confort para seguir creciendo.
Como ya dijo Aristóteles, «en el término medio está la virtud».
PD.- Este artículo fue enviado originalmente en la newsletter de Skillopment. Si te ha gustado, quizás quieras suscribirte para recibir periódicamente contenidos interesantes sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades.
PD2.- Actualizo el post para incluir el vídeo que he hecho para mi canal de Youtube (al que también, claro, te invito a suscribirte):

[Entrevista] Óscar García Gaitero y los Smart Students


Tuve el placer de charlar un buen rato con Óscar García Gaitero. Óscar es Doctor en Psicología de la Educación, y como tal un estudioso de los últimos avances en materia de neuropsicobiología y del impacto que tienen en cómo generar un aprendizaje más eficaz. Pero no se limita a los estudios teóricos, si no que pone en práctica esas ideas en su trabajo docente tanto con niños y adolescentes como personas adultas.
Óscar maneja el concepto del «Smart Student«, un aprendiz que desarrolla una consciencia sobre uno mismo y sobre el proceso de aprendizaje, capaz de activar mecanismos y herramientas que le permiten superar las barreras que dificultan sus avances. Un proceso idealmente iniciado en las etapas iniciales de la educación, y que poco a poco genera adultos autónomos y autosuficientes capaces de liderar y gestionar su propio aprendizaje.
De todo esto y de muchas más cosas conversamos en este episodio del podcast Skillopment que puedes escuchar aquí mismo, en Ivoox y en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 1:15 – Empezamos hablando de los avances científicos en materia de neurociencia y neuropsicología y su aplicación a la educación, en la medida en que permiten que las metodologías y herramientas se adapten mejor a la forma en que el cerebro aprende.
  • 7:06 – Hablamos de algunas de esas estrategias y metodologías que se están demostrando útiles de cara a un aprendizaje más eficaz: involucración multisensorial, flipped classroom, autoconciencia, sofrología y gestión emocional, positivismo…
  • 22:24 – Reflexionamos sobre las exigencias de estos enfoques (en términos de tiempo de observación, tiempo de preparación, tiempo de personalización, habilidades y formación de los docentes, recursos…) y su impacto, en comparación con el enfoque de educación más tradicional.
  • 27:14 – Valoramos cómo es posible extrapolar estas ideas desde el ámbito educativo al del autoaprendizaje.
  • 32:58 – Comentamos la importancia que tiene el meta-aprendizaje, es decir, la reflexión sobre uno mismo y el proceso de aprendizaje, y la importancia de dedicarle foco, tiempo y espacio.
  • 37:54 – Profundizamos en las teorías del Yo1 y el Yo2 de Tim Gallwey, que parte de la premisa de que el rendimiento de una persona es igual a su potencial menos las interferencias cognitivas y que, por tanto, la forma de alcanzar el potencial es trabajar para eliminar esas interferencias. Y qué se puede hacer en ese sentido tanto en un contexto educativo como de autoaprendizaje.
  • 56:40 – Llegamos al concepto del Smart Student, un aprendiz capaz de observarse, analizarse y aplicar mecanismos y herramientas que mejoren su proceso, convirtiéndose así en líder y gestor de su propio aprendizaje.

El vértigo de estar por tu cuenta

Angustia
Hace unos días me confesaba un amigo, que daba sus primeros pasos como «profesional independiente», la montaña rusa emocional en la que se encontraba. Después de unas semanas de optimismo desbordante, afrontaba una etapa más oscura, de miedo y dudas paralizantes, de noches sin dormir.
Le entendí tan bien…
Salir a «campo abierto» tiene un primer efecto euforizante, «soy dueño de mi propio destino, las posibilidades son infinitas, todo está en mi mano». Pero hay fases de agorafobia profunda, «qué voy a hacer yo, ¿estoy yendo a algún sitio?, no tengo ni idea de por dónde ir, quién me manda, y si no funciona, yo no valgo para esto, los hay mucho mejores que yo». Pasa un día, pasa otro, lo que pensabas que iba a funcionar no funciona, te agobias. Es así, le pasaba a mi amigo, como me pasa a mí, y le pasa a todo el mundo… solo que esa parte la barremos bajo la alfombra y tendemos a comérnosla en solitario.
Cuando vienen esas etapas oscuras, empezamos a añorar la otra situación. La de trabajar por cuenta ajena, la de estar metidos en una rueda donde hay otros que marcan nuestro día a día (sin recordar lo hasta el gorro que estábamos de reuniones inútiles, de jefes que dan bandazos, de politiqueo asqueroso, de no ser dueños de nuestro tiempo…), la de la nómina calentita al final de mes. Empezamos a sentirnos como Ícaro, a reprocharnos a nosotros mismos que quisimos perseguir una quimera y acabamos volando demasiado cerca del sol. Debimos conformarnos con lo que teníamos, ¿quién nos creímos que éramos?.
Pero la realidad es que ese «mundo feliz» que añoramos no existe. Me lo contaba un antiguo jefe con el que charlaba de estas cosas: «No te pienses que trabajando por cuenta ajena la situación es muy distinta; si no vendes, si no eres rentable, las organizaciones prescinden de ti. Quizás tengas unos meses más de margen de maniobra, pero la realidad es la misma». Lo decía él, socio de consultoría, que era el responsable directo de generar negocio. Pero al final, todo el que trabaja por cuenta ajena está en la misma situación: dependes de que el negocio vaya bien, dependes de que tu trabajo sea rentable. Si no, cualquier día llega el recorte, el ERE, el finiquito… y estás en las mismas. Pensar que por «tener un empleo» eres inmune a la dinámica del mercado es querer ponerse una venda en los ojos, una ficción de cartón piedra para tranquilizar la conciencia. Pero el día menos pensado se cae la venda y te enfrentas a la cruda realidad.
Así que no queda otra que, partiendo de la aceptación de la realidad, y asumiendo la gestión de las emociones que de forma inevitable van a ir surgiendo, seguir adelante. La parálisis no es una opción, hay que seguir. Seguir andando nuestro camino, seguir probando cosas, seguir fallando, seguir corrigiendo. Seguir buscando, seguir aprendiendo.

Reflexionando sobre contenidos


Hace más de 12 años que tengo este blog. Durante la inmensa mayoría del tiempo, no me he preocupado demasiado de «qué contenidos» iba creando. De hecho, una de las cosas de las que me he enorgullecido es del carácter «orgánico» del blog, de que he ido hablando de lo que me apetecía y cuando me apetecía. No ha habido un «criterio editorial», ni un «calendario de publicación». Al menos no explícito, claro; supongo que de una u otra forma mi mente sí ha ido diciendo «esto cabe» y «esto no cabe».
El caso es que en los últimos tiempos estoy cambiando un poco el foco. No demasiado, pero si «un poco». La serie de historias de profesionales independientes, las entrevistas en formato podcast, el canal de youtube, los contenidos sobre aprendizaje, la lista de correo de Skillopment… son iniciativas más concretas, más intencionales. Y como tal, también más sujetas a reflexión y a análisis.
¿Qué tipo de contenido quiero hacer? ¿A quién va dirigido? ¿Qué tal funciona? ¿Gusta, o no gusta? ¿Es «rentable», cumple sus objetivos? ¿Cómo enfocar los siguientes pasos? Estas son algunas preguntas que me hago. Sin volverme loco, no vayáis a pensar. Sé que esto tampoco es una ciencia exacta, que no se pueden sacar conclusiones en el corto plazo, y sigue habiendo un factor de «esto lo hago porque quiero». Pero aun así.
En este contexto, una de las cosas a las que le estoy dando vueltas es a la combinación de «contenido» y «tono». Y me explico.
Cuando uno crea contenidos pensando en otros, hay una doble aspiración inicial. Por un lado, «resultar útil». Es decir, alguien llega a ti en busca de algo: respuestas, entretenimiento, información, lo que sea. Puede ser a través de buscadores, o a través de referencias de un tercero. El caso es que viene buscando un contenido concreto, útil, aplicable. Y tú aspiras a crear esos contenidos, a que alguien cuando los lea vea satisfecha esa curiosidad y, si es posible además, le guste tanto que se lo recomiende a otros.
Hay también una voluntad de «construir autoridad». Es decir, no solo de satisfacer una necesidad puntual, sino de posicionarse como «experto en la materia». Que quien llegue a tus contenidos se quede con la copla de que merece la pena tenerte en el radar. Ya estos dos primeros objetivos no siempre coinciden: hay veces que construyes autoridad sin ser útil, y hay otras donde puedes ser útil sin construir autoridad.
Pero también creo que, si aspiras a generar una cierta continuidad en el consumo de tus contenidos, tienes que crear una conexión que vaya más allá de lo «intelectual». Porque reconozcámoslo, si nos ceñimos a lo intelectual hay miles de contenidos potencialmente iguales o mejores que los tuyos. Si te limitas a competir en buscadores con contenidos asépticos estás condenado a pelear por las migajas. Si quieres «construir una audiencia», necesitas conectar con ella en otros niveles. Y ahí es donde tiene que diluirse la frontera entre «lo que dices» y «quién eres», donde tiene sentido que entren (en mayores o menores dosis) detalles de tu vida personal, donde cabe contar historias. Que, en definitiva, des motivos para que la gente (alguna gente) quiera escucharte a ti, y no a otro. Que haya gente que tenga curiosidad por saber «qué es de este tipo, en qué andará metido esta semana». Y todo esto, a ser posible, cumpliendo con las dos primeras aspiraciones de utilidad y construcción de autoridad.
A todo esto cabría añadirle, de una forma más o menos directa, una cuarta dimensión: la voluntad de hacer negocio, de sacar algún rédito más o menos directo (en forma de generación de leads, oportunidades de negocio, «compra mi libro», clicks de publicidad, «apúntate a mi curso»… lo que sea).
Últimamente me descubro analizando los contenidos bajo este cuádruple prisma. No solo los míos, si no todos los que consumo. Intento ver qué tienen aquellos contenidos «que me apetece seguir», y cómo equilibran estas cuatro necesidades. Intento sacar conclusiones, y ver cómo me las puedo aplicar a mí mismo. Teniendo en cuenta, claro, cuál es mi propia personalidad, y cuál es la «reputación» que puedo querer construir; no hay soluciones universales.
La verdad es que mirar los contenidos bajo este enfoque me está resultando interesante. Lo cual no quiere decir que el equilibrio sea sencillo de conseguir…

[Entrevista] AJ Masiá, aprendizaje y procrastinación


Ah, la procrastinación… esa bonita palabra que yo francamente, hasta no hace demasiado tiempo, pensaba que nos habíamos inventado… y que resulta que se remonta hasta los romanos. Procrastinar, o el arte de «dejar para mañana lo que podrías hacer hoy». Un comportamiento tan familiar, y tan frustrante, y que tanto daño hace a nuestra capacidad de conseguir objetivos de todo tipo, incluyendo los de aprendizaje.
Leí hace tiempo una serie de posts sobre la procrastinación. Me pareció un tema interesante, y dado que ya había puesto en marcha la idea del podcast… qué demonios, decidí proponerle a su autor, Antonio José Masiá, si le apetecía que tuviésemos un ratito de charla sobre el tema. Antonio José Masiá, es consultor artesano en efectividad centrada en las personas, autor del blog cambiandocreencias.com y uno de los miembros de la red Óptima Lab. Y no puedo por menos que agradecerle que haya tenido la amabilidad de compartir esos minutos conmigo. El resultado, una charla muy enriquecedora (que, como hemos convenido al final, es una de las maneras más agradables de aprender). Podéis escucharlo aquí mismo, y también se puede acceder a él en ivoox y en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Estos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 1:35 – Antonio José cuenta su relación con el aprendizaje, y cómo (al igual que tantos otros) pasó muchos años dejándose llevar por el sistema de educación tradicional, como alguien le dijo que «la informática no tenía futuro», hasta que un día decidió tomar las riendas y convertirse en su propio «jefe de estudios». Hablamos de lo difícil que resulta, de lo poco que ayuda el entorno, y sin embargo de lo crucial que es.
  • 8:58 – Comentamos lo difícil que es, especialmente para los adultos, desembarazarnos de nuestra «mochila de experiencias» y adoptar una mentalidad de aprendiz que nos permita, primero, «desaprender» para luego poder adquirir nuevos conocimientos.
  • 11:22 – Las creencias son los cimientos sobre los que se sustentan nuestras acciones, y también nuestras limitaciones. Hablamos sobre el difícil camino para ser capaz de identificarlas, analizarlas y cambiarlas. Una pista: el blog de Antonio José se llama «Cambiando creencias».
  • 14:08 – Rutinas, hábitos, persistencia… como elementos imprescindibles a la hora de transitar el camino del aprendizaje.
  • 15:54 – Entramos en materia sobre la procrastinación y su funcionamiento. Hablamos de las ideas de Piers Steel (investigador sobre la procrastinación), y del funcionamiento dual (frío / caliente) de nuestro cerebro, y cómo en realidad estamos programados para procrastinar.
  • 21:40 -¿Cómo podemos reconducir la tendencia natural de nuestro cerebro a procrastinar? Hablamos de gestión de la atención, actuaciones sobre el entorno e implantación de hábitos.
  • 25:20 – La ecuación de la procrastinación, y su relación inversa con la motivación. Vemos cómo actúan algunos factores como la expectativa respecto al resultado que obtendremos, el significado/sentido que le otorgamos, nuestra tendencia a la impulsividad/cortoplacismo… y recuperamos las ideas de Daniel Pink sobre maestría, propósito y autonomía.
  • 28:05 – Coincidimos en la importancia de «la visión» como columna vertebral que sostiene todos los demás elementos tácticos del aprendizaje, y cómo la «falta de visión» es la raíz de muchos de los problemas del aprendizaje.
  • 32:15 – Recuperamos el hilo de los hábitos, y algunas tácticas para poder implantarlos con eficacia. La clave: reducir la fricción.
  • 36:30 – Reflexionamos sobre la «ingeniería del aprendizaje», cómo es necesario diseñar, planificar, adaptar… todas nuestras acciones si queremos ser capaces de sostenerlas a largo plazo.
  • 41:53 – Analizamos algunos paralelismos entre el «aprendizaje eficaz» y la «efectividad personal», especialmente los relacionados con la necesidad de articular una visión y las rutinas de planificación/revisión.
  • 48:57 – Le damos una vuelta a la «efectividad del aprendizaje», cómo muchas veces el aprovechamiento que hacemos del tiempo que dedicamos a aprender es muy escaso, y cómo puede mejorar aplicando una serie de técnicas.
  • 51:27 – Nos acercamos al cierre hablando de la «efectividad personal» como habilidad clave y de impacto transversal, de la capacidad que tenemos todos de poder desarrollarla, y de cómo abordar su enseñanza.
  • 55:00 – Reivindicamos la idea del compromiso como elemento clave para el aprendizaje eficaz.
  • 1:00:45 – Cerramos hablando de Rafa Nadal y del valor de los ejemplos, y de la importancia de centrarse no tanto en el resultado que consiguen, si no en los procesos que ponen en marcha para crecer.

 

[Post invitado] La tecnología digital como soporte a la construcción del conocimiento


[Nota: éste es un post elaborado por Javier Leiva, experto en tecnología para el aprendizaje, la enseñanza y la productividad personal. Más información al final del post]
En mi casa, cuando rememoramos viajes que hemos hecho juntos, casi siempre soy yo el que recuerda más detalles, el que sabe decir de memoria en qué lugar hicimos tal o cual cosa (o de dónde es exactamente tal o cual foto que podamos ver aislada del resto de imágenes del viaje), qué situación curiosa vivimos aquel día, qué y dónde comimos, la conversación que tuvimos con determinada persona que encontramos en el camino, etc. Al final es común que alguien me pregunte: ¿cómo te puedes acordar de todo con tanto detalle? Siempre había pensado que simplemente tener más memoria viajera era una de mis características. Algo que venía de serie, digamos. Sin embargo, al leer sobre el construccionismo en el libro Invent to learn he cambiado de opinión.
Los autores del libro, Sylvia Libow y Gary Stager, reseñan parte del trabajo de Seymour Papert, considerado el padre del construccionismo en pedagogía. Dicho muy brevemente, esta teoría defiende que el conocimiento no se transmite sino que se construye a partir de la experiencia emanada de las acciones del propio aprendiz. Formadores y mentores no quedan fuera del aprendizaje, sino que cuando están son figuras que proporcionan la orientación y las herramientas necesarias para que esa construcción sea posible.
La teoría de Papert parte del constructivismo de Piaget y le añade el concepto de construcción dando un gran protagonismo al uso de la tecnología digital y al diseño y manipulación de objetos. Es decir, pone el énfasis en la generación de evidencias que acompañan, dan soporte y terminan siendo la prueba del aprendizaje adquirido.
La página 73 del libro del libro mencionado reseña las ocho grandes ideas que se encuentran tras la creación del Constructionist Learning Laboratory, que Papert puso en marcha alrededor de 1999 en The Maine Youth Center (un correccional de menores en Estados Unidos) para investigar y probar sus teorías. Copio a continuación las dos ideas que tienen que ver más directamente con tecnología digital:

  • (2) Tecnología como material de construcción. Si puedes usar tecnología para crear cosas nuevas, entonces puedes crear cosas mucho más interesantes. Además, puedes aprender un montón mientras las estás creando. Esto es especialmente cierto cuando se trata de tecnología digital: ordenadores de todo tipo incluyendo el Lego controlado por ordenador de nuestro laboratorio.
  • (8) Estamos entrando en un mundo digital en el que saber sobre tecnología digital es tan importante como leer o escribir. Aprender sobre ordenadores es esencial para nuestros futuros estudiantes, pero lo más importante es poder usarlos ya ahora para poder aprender sobre cualquier otro tema.

Son ideas formuladas a caballo entre los siglos XX y XXI, y desde entonces la tecnología digital no ha hecho más que aumentar su protagonismo en el mundo. A mi modo de ver, lo ha hecho de una manera que no hace sino confirmar esas dos ideas expresadas anteriormente.
El motivo por el que relaciono la memoria viajera con el construccionismo es mi actividad nocturna durante los viajes. Cuando todos se van a la cama tengo por costumbre quedarme despierto y escribir sobre lo que hemos hecho durante el día. Tecleo una redacción a modo de diario y la enriquezco con todo tipo de materiales: fotos que hemos hecho como complemento gráfico a lo que he escrito, direcciones web que amplían la información sobre los lugares que hemos visitado (un artículo de un blog o de la Wikipedia, la página de un museo o del restaurante en el que hemos comido, etc.), videos relacionados (documentales, a menudo), etc. Me acuesto muy tarde porque no solamente busco esos recursos sino que me paro a leer, a ver los videos en el momento si no son muy largos, etc. Fácilmente dedico entre una o dos horas diarias a las tareas descritas.
El caso es que, después de leer sobre las ideas de Papert, creo que es ese proceso el que me permite más tarde dar todo tipo de detalles en las conversaciones familiares. Lo que hago no se limita a transcribir la memoria de un día, sino que relaciono a ésta con sus recuerdos gráficos (nuestras propias fotos) y la enriquezco con información complementaria que da contexto y convierte el resultado final en una experiencia mucho más completa y que se fija mejor en mi memoria. En otras palabras, construyo mi conocimiento viajero a través de la generación de evidencias en una suerte de portfolio digital (suele ser un blog privado, en concreto). No era, por lo tanto, una cualidad innata sino el fruto de un esfuerzo.
Del mismo modo que yo aumento y consolido mi conocimiento usando la tecnología digital como soporte al proceso de aprendizaje y en relación a un tema concreto, cualquiera puede hacer lo mismo enfocándose en otro tema y con las mismas o parecidas herramientas. La parte instrumental está al alcance de todo el mundo: plataformas de todo tipo que se pueden complementar entre ellas, gratuitas o muy baratas y con una baja curva de aprendizaje. Si le sumas interés por el tema y estar dispuesto a dedicarle el tiempo y esfuerzo necesarios, los resultados están asegurados.
[Nota: éste es un post elaborado por Javier Leiva, experto en tecnología para el aprendizaje, la enseñanza y la productividad personal. Tengo contacto con Javier desde hace ya muchos años (puedes leer la entrevista que le hice hace unos meses), y teniendo en cuenta mi reciente foco en el mundo del aprendizaje y el desarrollo eficaz de habilidades le planteé la posibilidad de hacer cosas juntos aprovechando nuestra afinidad y la complementariedad entre su enfoque (más orientado a la tecnología) y el mío. De momento hemos explorado la vía de los «posts invitados», ¡pero seguro que habrá más! #vamosRafa]