Diez razones por las que "eres un paquete"

El otro día me encontré en Youtube con este vídeo en el que un profesor de guitarra extrae de su experiencia «diez razones por las que eres un paquete tocando la guitarra«. Lo curioso es que, cuando le escuchas, te das cuenta de que «la guitarra» es circunstancial. Porque estas diez razones son en su gran mayoría extrapolables a cualquier aprendizaje en el que estés trabajando.
¿Cuáles son estas diez razones?

  • Falta de práctica: hay que dedicar tiempo a practicar, y eso es una cuestión de hábitos, de rutina, de motivación, y de integrar la práctica en nuestro día a día.
  • Quedarse en la superficie: tenemos tantas opciones, tantos recursos a nuestra disposición, que nos pasamos la vida picoteando de aquí para allá, probando una cosa detrás de otra, sin dedicar el tiempo suficiente a cada una como para realmente aprenderla.
  • Práctica descuidada: practicamos de cualquier manera. Rápido, sin prestar atención a los detalles… y así, nuestro tiempo de práctica es muy ineficiente. La práctica tiene que ser deliberada: lenta, metódica, detallista.
  • No disfrutar del proceso: a veces, por “aprender”, nos sometemos a actividades que no nos reportan ninguna satisfacción. Y ese es un contexto en el que el abandono crece de forma exponencial. Hay que buscar un entorno donde el esfuerzo sea también disfrutable.
  • Mal equipamiento: para aprender no necesitamos el “tope de gama”, pero sí un equipo suficiente que no nos suponga una barrera adicional.
  • Estrés: estamos sometidos en nuestro día a día a tantas exigencias que ese estrés acaba afectando también a nuestro proceso de aprendizaje, impidiendo que disfrutemos de él. Se trata de hacer que nuestro aprendizaje suponga un periodo de relajación, de aislamiento respecto al resto de exigencias del día a día.
  • No sabes aprender: porque nadie nos ha enseñado nunca cómo aprender, y no hemos dedicado tiempo a conocer cuál es la mejor forma de hacerlo.
  • Perdemos oportunidades de aprender: el día a día nos ofrece muchas oportunidades de aprender, muchas reflexiones que podemos aprovechar. Tenemos que estar atentos para sacarles partido.
  • Nos saltamos el ABC: porque lo damos por sabido, porque nos parece “obvio”… y al final no dedicamos el tiempo suficiente a poner unos cimientos sólidos a nuestro aprendizaje.
  • Falta de confianza: porque cuando somos aprendices somos vulnerables, tenemos la sensación de que “somos malos”, y eso limita nuestra capacidad de crecer. Tenemos que adquirir confianza poco a poco, asumiendo retos adecuados a nuestro nivel, y con confianza de que vamos avanzando.

[Vídeo] Mentalidad fija vs. mentalidad de crecimiento

¿Qué es la mentalidad fija? ¿Y la mentalidad de crecimiento? ¿Qué influencia tienen en tu capacidad de desarrollo?
Estos conceptos fueron popularizados por la psicóloga Carol Dweck en su libro Mindset, y reflejan dos modelos mentales alternativos que explican cómo podemos ver a los demás y a nosotros mismos en términos de aprendizaje.
Por un lado tenemos la mentalidad fija. Quienes tienen ese tipo de mentalidad creen, de una manera un tanto determinista, que cada uno tenemos una serie de talentos. Hay cosas que se nos dan bien por naturaleza, sin esfuerzo aparente; y hay otras cosas que simplemente se nos dan mal, para las que no estamos dotados. Eres bueno, o eres malo. Y nada de lo que hagamos cambiará esa realidad.
La mentalidad fija es muy dañina para el desarrollo y el aprendizaje. Porque si hay algo en lo que crees que eres bueno, tenderás a relajarte: ¿para qué vas a esforzarte, si ya se te da bien por naturaleza? Además, «soy bueno en esto» forma parte de tu identidad. Y por lo tanto tenderás a exponerte lo menos posible a situaciones donde esa parte de tu identidad se vea amenazada. No saldrás de tu zona de seguridad, no te enfrentarás a nuevos retos donde puedas fallar, porque eso significaría que «no eres bueno».
Y si ya crees que «eres malo»… ¿para qué molestarse en intentarlo? No tiene sentido. Y si por casualidad un día lo intentas, lo más probable es que falles… y entonces tu percepción de que «eres malo» se refuerza, «lo ves, si ya lo sabía yo», «quién me mandaría a mí».
Por contra, quienes tienen mentalidad de crecimiento ven su situación, sea la que sea, como un momento puntual dentro de un proceso de desarrollo. Si algo se te da bien no es por un talento innato, si no porque a lo largo del tiempo has trabajado, te has esforzado y has mejorado. Y si quieres seguir creciendo tienes que seguir trabajando y esforzándote. Y si algo se te da mal no pasa nada, es normal, nadie nace aprendido. Trabajando y esforzándote serás cada día un poco mejor.
Para quien tiene mentalidad fija, ser «bueno» o «malo» es una etiqueta que se asocia a la persona de forma indeleble. Para quien tiene mentalidad de crecimiento, es una situación circunstancial, susceptible de cambiar.
Mientras que para los de la mentalidad fija el acierto o el error son la prueba evidente de si eres bueno o malo, para los de la mentalidad fija son simples síntomas de un proceso de crecimiento. Fallar no significa que seas malo, si no que estás aprendiendo.
Es muy importante pararse a darse cuenta de qué mentalidad es la que predomina en nosotros cuando nos hablamos a nosotros mismos o a los demás. Nuestras actitudes, nuestras palabras… pueden ponernos en situación de bloqueo o, por el contrario, activar una forma de ver el mundo que nos facilite el crecimiento y el desarrollo.
Más información | Carol Dweck explica su teoría en esta charla en Google
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Tecnología y aprendizaje: donde la tecnología no llega


Hoy escribo en el blog de Javier Leiva. Javier profundiza cada día más en la tecnología como medio para el aprendizaje y la enseñanza, y se me ocurrió hacer un poco de «abogado del diablo» con él. Porque sí, la tecnología nos puede ayudar de mil y una maneras a la hora de aprender y desarrollar nuestras habilidades, pero hay un punto fundamental al que no llega.

Cuando me paro a pensar, creo que la capacidad de la tecnología para resolver esas dificultades es limitada. Porque no se trata de un problema externo, si no de un problema interno. Un problema de visión, de saber qué queremos aprender, y sobre todo por qué y para qué queremos aprenderlo.

Podéis leer el artículo allí: Donde la tecnología no llega
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La clave para hablar en público

Comunicación eficaz
En la entrevista que hice hace unas semanas a Gonzalo Álvarez Marañón, entre las muchas cosas de las que hablamos, surgió esta reflexión que se me quedó dando vueltas respecto a una de las claves para hablar en público. O para comunicar, en términos generales.
Decía Gonzalo que la comunicación eficaz se produce cuando acertamos con el «sweet spot», esa intersección entre dos cosas: lo que a ti te apasiona contar y lo que les aporta valor a quienes te escuchan.
La primera parte es fundamental. Si lo que vas a contar no te interesa a ti… ¿cómo narices pretendes interesar a otros? Puede parecer algo de perogrullo, pero si lo piensas bien… ¿cuántas veces tienes la sensación de que el que da una charla lo hace «por compromiso», «porque le ha tocado»? De hecho, ¿cuántas veces te ha pasado a ti? Que te has visto medio obligado a preparar una charla de algo que en realidad te ilusiona más bien poco… Así que el primer paso es ser un poquito autocríticos y selectivos. Decir NO a la idea de dar una charla «por compromiso», y solo subirse a un escenario (o hacer una entrevista, o colgar un vídeo en youtube o escribir un post…) cuando realmente tengas ganas de contar tus ideas.
Pero claro, eso hay que combinarlo con la otra parte. Porque esto no va de «gustarse a uno mismo». Si comunicas no es por ti, si no por los demás. Si no les aportas ningún valor, es como si no hubieras hecho nada. Tiempo perdido, una bala desperdiciada. Así que hay que esforzarse por ponerse en el lugar del otro (aquello de «conoce a tu audiencia»), y pensar qué puedes ofrecerles tú que les aporte valor. Ahí es donde está la clave.
Sobre eso, entonces sí, puedes construir. Pensar en el diseño de tus diapositivas, en tu lenguaje no verbal, el storytelling, la apertura y el cierre, y otros tantos elementos «tácticos» que harán mejor tu comunicación. Pero no olvides que el alma, los cimientos, lo que va realmente a marcar la diferencia… es esa intersección entre tu pasión y el valor que recibe quien te escucha.

Pues en eso tienes razón


Ayer coincidió que me pilló el debate de la moción de censura viajando en coche. Y no sé qué pasó en mi cerebro, pero estaba eligiendo canal de radio para hacerme compañía y pasé por RNE1 donde lo estaban emitiendo… y lo dejé. Estuve escuchando un par de horas mientras conducía, un ratito al uno y otro ratito al otro. Luego, por la tarde, alguna otra intervención.
Me pasa, en estas situaciones, que me siento un bicho raro. Escucho las intervenciones de unos y de otros y pienso: «mira, pues en eso tienes razón«. Y me siento un ser extraño. Porque tengo la sensación de que no es lo habitual. Que en este mundo de polaridades nadie dice «pues en eso tienes razón» al otro. El otro está equivocado por definición. En todo. Y punto. El otro es una etiqueta, el villano de tu narrativa, y no puede tener matices.
Y qué pena, ¿no? Con lo bonito (y útil) que sería que la gente se dijese «pues mira, en eso tienes razón». Aunque eso supusiese bajarse de la burra. Y encontrar posiciones de consenso, y construir a partir de ahí.
Pero no. Al otro hay que negarle el pan y la sal. Darle la razón, aunque sea de casualidad, te hace parecer débil a ti.

El difícil salto de fe hacia lo nuevo


Hace unas semanas tuve la ocasión de compartir un rato en el grado LEINN que se desarrolla en las instalaciones de Teamlabs en Madrid. Estuve invitado por Thibaut Deleval aprovechando que uno de los grupos a los que tutorizaba iba a discutir las ideas de Skillopment. Fue una experiencia muy enriquecedora e ilusionante para mí, ver cómo las ideas que había plasmado en el libro resonaban en chavales de una forma tan concreta.
Curiosamente, parte de la conversación giró también entorno a lo difícil que es autogestionarse en un entorno de incertidumbre. El modelo que plantea en LEINN tiene mucho de innovador: frente al modelo de formación más tradicional, se fomenta mucho el trabajo práctico (de hecho los chavales tienen que poner en marcha su propio proyecto empresarial, y de su funcionamiento depende en parte su evaluación), la responsabilidad del alumno a la hora de dirigir su propio aprendizaje («no hay profesores, si no entrenadores») y la reflexión y el intercambio de ideas. En este contexto, los chicos y chicas expresaban algunas inquietudes que me resultaron muy familiares, porque son muy parecidas a las que enfrentamos a lo largo de nuestra carrera profesional: cierta sensación de abrumación ante la multiplicidad de opciones, incertidumbre respecto a si se está haciendo lo correcto, presión por tener que atender a varias responsabilidades a la vez… alguno, en algún momento, llegaba a plantear que quizás echaban de menos un poco más de estructura, de dirección; un «programa académico» más tradicional donde poder sentirse más cómodos.
Obviamente, la idea del grado LEINN es precisamente ésa: frente al modelo académico tradicional (todavía muy basado en un enfoque muy dirigido, con un «programa académico» perfectamente definido y donde la exigencia se produce con grados de incertidumbre limitados) contribuir a la formación de los alumnos en un entorno mucho más parecido al «mundo real», con su incomodidad y su incertidumbre, que ayuden a «templar» el carácter y a desarrollar una serie de habilidades útiles y aplicables a lo largo de toda una carrera profesional. Claro que en el proceso surgen dudas, porque no pueden aferrarse a la (falsa) sensación de seguridad que ofrece el sistema tradicional.
Curiosamente, charlando después de la sesión, me contaba Thibaut que esas dudas también se generaban en las familias. Incluso siendo personas que habían aceptado voluntariamente esta opción para la educación de sus hijos, de vez en cuando les entraba el vértigo: ¿y si nos hemos equivocado? ¿y si al apostar por lo nuevo hemos cometido un error? ¿y si hubiese sido mejor ir a lo conocido? Me decía Thibaut que no siempre era fácil resolver esas dudas. Al fin y al cabo, se trata de un programa con relativamente poco recorrido, en una institución relativamente nueva, al que además se hace evolucionar continuamente. No hay una «probada trayectoria» que se pueda poner encima de la mesa para tranquilizar a los inquietos; y de hecho es difícil si no imposible dar garantías. Es lo que tienen la innovación, la experimentación y los enfoques pioneros.
Obviamente entiendo las dudas. Si yo mismo las vivo en mi día a día. Yo también hecho de menos de vez en cuando un poquito menos de incertidumbre; lo que pasa es que tengo la duda (razonable, creo) de que ese nivel de certidumbre exista, o que las recetas tradicionales sean capaces de aportarla. Hay una seguridad percibida (lo mismo en los «programas académicos tradicionales» que en el «empleo para toda la vida») que no es real, pero que a veces desearía que lo fuera.
Lo que me pregunto es cuántos de esos alumnos, o esos padres, mostrarían la misma inquietud ante la educación más tradicional. ¿Cuestionarían el programa académico? ¿Se preguntarían si ese programa, tan aparentemente sólido y armado, está preparando a sus hijos para el futuro? ¿Analizarían el porcentaje de éxito de dicha educación, medida en términos de satisfacción, de adaptación al mundo profesional, incluso de éxito a la hora de encontrar trabajo? Algo me dice que seguramente no. Que hacer «lo que todo el mundo hace», que entregarse a instituciones y modelos que funcionaron hace 50 años, que confiar en «lo que dicen los académicos»… tranquiliza las conciencias. Que parece que el riesgo solo lo corre el que apuesta por hacer algo diferente. Pero en realidad, cualquier decisión (incluida la de seguir el camino más tradicional, aunque no parezca una decisión porque «es lo normal») es una apuesta, con su consiguiente riesgo.
Cierro con esta viñeta, una de mis favoritas, sobre los miedos respecto a la innovación:
Innovar o no innovar

Dudas de fe para tiempos líquidos


He pasado un par de días en Madrid en los que he tenido la ocasión de tener un puñado de charlas interesantes. Siempre da gusto juntarse con gente sin «agenda», sin unos objetivos, simplemente por el placer de charlar y compartir ideas.
Una de las reflexiones que se han repetido tiene que ver con los «tiempos líquidos«. Con esa sensación de inestabilidad (en el ámbito profesional, sobre todo; pero con incuestionables implicaciones en el personal) en la que vivimos. Que el mundo avanza a toda velocidad, que las relaciones profesionales/laborales cambian, que los límites entre lo profesional y lo personal se difuminan…
Todas las conversaciones coincidían en algo: que éste es un mundo incómodo, que nos obliga a estar en alerta permanente, dispuestos a cambiar.

Es mucho más incómodo en el día a día, claro (ese cuestionamiento permanente de si estaré haciendo lo correcto, de si voy bien, de si estoy adaptándome correctamente a todo lo que sucede, de cuáles son las alternativas… puede ser agotador)

Incluso los que estamos convencidos de que esto es lo que hay tenemos que vivir con esa incomodidad. Y echamos de menos (a veces) un escenario distinto, de calma, de paz, de certidumbre, de rebajar el nivel de alerta. Y a veces nos entran dudas. Porque sí, creemos que todo apunta a que ese escenario no es posible (y si no es posible, es tontería torturarse con desearlo). Pero por otro lado vemos gente que vive en esa «realidad alternativa» de la nómina fija y la tranquilidad respecto al futuro. Una «realidad» que yo no creo cierta, que no es más que un escenario de cartón piedra que tranquiliza conciencias, un Matrix que tarde o temprano acaba cayendo. Pero mientras tanto…
Es difícil vivir en la incertidumbre y la complejidad, y a veces echas de menos un poquito de «simple but wrong» o de «mentiras reconfortantes«.

Éstos son los problemas que tienes para aprender

¿Cuáles son los problemas a los que se enfrenta la gente que quiere aprender cosas nuevas?
Desde que hace unas semanas lancé mi curso gratis para aprender mejor, más de 250 personas han tenido la oportunidad de seguirlo. Al inicio del curso, lo que hago es plantear dos preguntas: «¿Qué estás intentando aprender en tu vida actualmente?» y «¿Qué dificultades encuentras?». Y si bien no todos los que han hecho el curso han participado, sí que hay una base de varias decenas de respuestas a partir de las cuáles extraer conclusiones.
Cuando planteé este arranque, me interesaba sobre todo visualizar la parte de las dificultades. ¿Cuál es el «dolor» percibido por la gente que quiere aprender cosas? ¿Qué es lo que sienten como una barrera para su aprendizaje? El objetivo es por un lado generar una reflexión a cada participante respecto a su experiencia personal, y por otro tener un input (muy valioso) respecto a cómo puedo yo aportarles valor.
Éstos son los resultados, que para mí son bastante reveladores:

Hay cuatro elementos que destacan entre los demás: la falta de constancia (mencionada por casi el 60% de los participantes), la dispersión, la falta de tiempo y la sensación de que olvidamos lo que aprendemos.
A nivel personal hago una valoración muy positiva de estos resultados, porque vienen a confirmar mis sensaciones previas, y a validar en gran medida el modelo Skillopment que estoy desarrollando. A veces tendemos a pensar que «aprender mejor» es una cuestión de tener mejores técnicas, o de revelar secretos conocidos solo por unos privilegiados; y en realidad el problema es mucho más sencillo (que no fácil de resolver). Como decía Aristóteles, «la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo».
¡Seguiremos trabajando en ello!
 
 

Siete actitudes imprescindibles para aprender a aprender

Learning to learnUno de los elementos fundamentales cuando uno quiere aprender mejor es darse cuenta de que «aprender a aprender» es una habilidad en sí misma. Y como tal, tiene una serie de mecanismos que es bueno dominar para aprender aquello concreto que queríamos, pero que además nos abre la puerta a aprender cualquier otra cosa que nos planteemos.
De alguna manera, esta revelación nos permite elevarnos respecto al aprendizaje concreto en el que estábamos metidos, y nos abre la perspectiva sobre nuestro «rol de aprendiz«.
Hace unos años se llevó a cabo el proyecto «Learning2learn» a nivel europeo en el que se exploraba esta «meta-competencia». En uno de los documentos resultantes del proyecto (gracias a Juanda de LearningLegendario por la referencia), se plantean una serie de actitudes imprescindibles para ser un buen aprendiz:

  • Entender el aprendizaje más como un proceso que como un objetivo: porque al final, el aprendizaje no sale de la nada, sino que es el resultado de una cadena de acciones sobre las que podemos influir. Es ahí donde podemos concentrar nuestros esfuerzos.
  • Aceptar la responsabilidad propia sobre el proceso de aprendizaje: nosotros somos únicos; nuestro pasado, nuestras circunstancias, nuestros objetivos… y también somos nosotros quienes vamos a disfrutar/sufrir las consecuencias de lo que hagamos. Más nos vale asumir que debemos llevar el timón.
  • Ser consciente de tus propias preferencias respecto al aprendizaje: ¿cómo aprendo mejor? ¿Soy más de leer, de escuchar? ¿De trabajar solo o acompañado? ¿De explorar, o de ser guiado? Darse cuenta de todas esas cosas nos ayuda a tomar decisiones conscientes más adelante.
  • Ser capaz de planificar tu aprendizaje y valorar tus avances: si queremos que el aprendizaje sea eficaz, no podemos dejar que suceda de forma accidental y tácita. Tenemos que ser capaces de dirigirlo, aplicando lógica de gestión al proceso.
  • Ser capaz de observarse y evaluarse a uno mismo: verse desde fuera, abstraerse y analizarse con el menor sesgo posible, nos ayuda a dirigir de forma eficaz nuestro esfuerzo.
  • Autoconfianza para compartir el proceso con otros: porque el aspecto social del aprendizaje es relevante. Y aunque implica exponerse, y hacerse vulnerable, hay que afrontarlo con autoestima para poder extraer los frutos.
  • Dar y recibir feedback: dentro de ese componente social, debemos ser capaces de interactuar con los demás, ofreciendo nuestra opinión y a la vez escuchando y asimilando las ajenas.

En definitiva, «aprender a aprender» exige activarse uno mismo en ese rol de «aprendiz», y empezar a contemplar el aprendizaje como un proceso que exige sus propias reglas y formas de afrontarlo.

[Entrevista] Gonzalo Álvarez Marañón y el Arte de Presentar

Entrevista Gonzalo Alvarez El Arte de PresentarHace unas semanas estaba comiendo con un buen amigo, y le contaba mi aventura de Skillopment. Y de repente me dijo: «te tengo que poner en contacto con una persona… estuve haciendo un proceso de coaching con él para temas de hablar en público y hacer presentaciones… y los ejercicios que hacíamos iban mucho en esa línea que me cuentas. Mira, se llama Gonzalo Álvarez, y su web es algo así como El Arte de Presentar»…
Lo que mi amigo no sabía es que yo a Gonzalo le tenía ubicado desde hace casi diez años. Por aquel entonces él empezaba su aventura con su blog «El Arte de Presentar«, y yo no hacía tanto que había dejado de ser el «consultor anónimo». Seguía interesado por los temas de «presentaciones eficaces», escribía sobre ello… y de hecho por ahí anda un comentario de Gonzalo en este mismo blog de aquella época :).
Lo cierto es que no habíamos tenido mayor contacto en estos años. Pero a raíz de la conversación con mi amigo, pensé que podía ser interesante tener una charla con él. Tenía curiosidad por ver cómo aplica él en concreto, cuando trabaja con sus clientes ayudándoles a desarrollar las habilidades de comunicación, los principios de los que yo hablo de forma más genérica en Skillopment. Se lo propuse, y aceptó muy amablemente.
El resultado es esta conversación, que quizás sea el inicio de una nueva aventura «podcastera». Lo cierto es que ha sido un rato muy agradable, Gonzalo es (como podréis escuchar, y como posiblemente no podría ser de otra manera) un excelente comunicador, ameno e interesante. Así, la verdad, da gusto estrenarse.
Os dejo aquí insertado el audio; también podéis encontrarlo en Ivoox y en iTunes. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas de los que hemos estado hablando:

  • 1:20 – La historia de Gonzalo, o de cómo un Ingeniero de Telecomunicaciones experto en seguridad y criptografía acaba formando en habilidades de comunicación.
  • 5:10 – La importancia de la habilidad de comunicación para casi cualquier profesional, y el contraste con lo poco y mal que se cultiva tanto en el ámbito académico como en el empresarial.
  • 17:00 – El objetivo de la comunicación, y cómo las metáforas que utilizamos («enfrentarnos al público») revelan nuestro modelo mental. Deberíamos considerar la comunicación como «hacer un regalo» (me recordó a Tamariz en esto), en el espacio de intersección entre la pasión y la aportación de valor.
  • 24:22 – No hay aprendizaje sin esfuerzo y sin dedicación. No hay pastillas mágicas. De nuevo, aquello de las verdades incómodas y las mentiras reconfortantes.
  • 27:42 – No todo el tiempo que pasamos practicando es igual de eficaz. La práctica deliberada, de nuevo a escena.
  • 30:58 – Estamos rodeados de ejemplos, y a veces puede ganarnos la ansiedad de «no ser tan bueno como…». Pero no todos tenemos que ser el número uno; cada uno tenemos nuestros objetivos de aprendizaje, y podemos disfrutar igual a nuestro nivel.
  • 34:10 – El talento vs. el trabajo, y las distintas mentalidades con las que afrontamos este dilema. La mentalidad de crecimiento y la mentalidad fija a las que aludía Carol Dweck en su «Mindset«, y cómo para crecer, para diferenciarnos… hay que asumir riesgos y aceptar la posibilidad del error sin complejos. Pero siempre riesgos controlados, suficientes como para hacernos crecer pero no tan grandes como para garantizarnos el fracaso.
  • 45:35 – La importancia de tener referencias externas que nos sirvan para ir probando cosas, pero también de irnos llevando las cosas a nuestro terreno, destilando nuestra propia manera de hacer las cosas.
  • 48:48 – La figura del maestro, en dos roles diferentes: la figura que nos inspira, que nos impulsa a ser como él; y la que desde su conocimiento y su experiencia nos ayuda a corregir lo que hacemos mal.
  • 49:54 – La eficacia del aprendizaje, lo importante que es obtener el máximo rendimiento al tiempo y al esfuerzo que realizas, y hacerlo de forma que ese aprendizaje se consolide y sea real; porque si no sabes aplicarlo, en realidad no lo has aprendido.
  • 51:55 – Cómo se equilibran las acciones formativas puntuales (cursos) con la necesidad de persistir en el esfuerzo para un desarrollo real de las habilidades.
  • 54:58 – Cómo se plantea habitualmente la formación en las empresas, y cómo a veces se pone más énfasis en indicadores fácilmente controlables más que en lo que de verdad importa.
  • 58:04 – Consejos para mejorar tus habilidades de comunicación, con dos grandes protagonistas: cambiar el concepto de la comunicación tradicional (el del emisor y el receptor) por un enfoque mucho más centrado en la empatía, en ser capaz de ponerse en el lugar del otro y, desde ahí, entender qué mensajes necesita y cómo podemos hacérselos llegar. A nivel táctico, grabarse y verse en una cámara (superando el primer trago de «qué mal nos vemos») ayuda a observarnos desde una posición externa, y a mejorar desde ahí.
  • 1:05:45 – El aprendizaje como proceso en el que, más que ser «ingeniero», hay que ser constante y enfrentarse a una serie de miedos, y cómo en ese proceso el papel protagonista corresponde al aprendiz mucho más que al maestro (recupero mi «modelo curling de desarrollo«), y donde lo que puedes aportar al que aprende es gradualidad y acompañamiento.