Los blogs están muertos… ¡y una leche!

Leo con curiosidad el sobre el tema. Lo lanzaban hace unos días en Wired, y rápidamente se han apresurado a trasladarlo a los medios «patrios» (El Mundo, 20 Minutos).
¿Muertos? ¿Pasados de moda? Pero… ¿de qué me estáis hablando?
Es obvio que, desde 2004 hasta ahora, los «blogs» han cambiado. Pero su esencia sigue siendo la misma: dar la posibilidad a quienes no tienen recursos ni económicos ni técnicos de publicar su mensaje «urbi et orbe». Por supuesto que el planteamiento ha evolucionado: hay muchas más plataformas, más variedades (se suma la imagen, el video, el microtexto, los agregadores de enlaces…), más funcionalidades (especialmente el componente de red social). Hay gente que, para cumplir el objetivo básico de un blog (comunicar sus mensajes) está usando otras plataformas: a veces de forma complementaria, a veces de forma sustitutiva. No todo el mundo se siente agusto con la idea del blog, y necesita otros canales distintos, más inmediatos, con otros medios. No pasa nada, está bien. ¿Pero eso significa que los blogs están muertos?
Yo sigo escribiendo mi blog, y por muchos años. Cada día con más ganas, con más satisfacción, con más interés en el intercambio de opiniones de los comentarios. Y sigo leyendo blogs: lugares donde gente extraordinariamente interesante cuenta sus experiencias, sus opiniones, sus reflexiones. Cosas que, a día de hoy, no encuentran mejor acomodo en ninguna otra plataforma. También uso twitter, y flickr, y facebook y casi cualquier cosa que cae en mis manos. Y de ninguna manera sustituyen a mi blog.
Aceptemos que hay blogs comerciales y «profesionalizados» (suponiendo que eso sea malo; eso lo decidirá cada lector). Y que hay blogs falsos, y granjas de enlaces, y gente que se deja llevar por conseguir unos euros, y agencias de comunicación que cuelan sus notas de prensa, empresas que quieren usar a los bloggers… un montón de cosas que pueden «restan frescura». Pero ya lo he dicho más veces: si hay en tu «radar de lectura» cosas que no te gustan…no es culpa de «la blogosfera». ¡Es culpa tuya por no seleccionar bien! Aunque asumiésemos que el 99% de los blogs son irrelevantes, spam, falsos, «faltos de frescura», dominados por intereses oscuros o cualquier otro problema que se nos ocurra… ¡el 1% restante es extraordinario! Gente con conocimientos, con pasión, con interés por comunicar… que habla de los temas más diversos que uno se pueda imaginar.
¿Los blogs muertos? Venga, hombre, no me hagas reir.
Intuyo que hay una agenda oculta en todo esto. Los mismos que pusieron a los blogs de moda hace unos años ahora quieren echarles tierra por encima. Quizás no les guste eso de que haya contenidos de calidad en internet, y quieren seguir con el formato tradicional de «yo soy el único que genera contenidos y el único al que merece la pena atender». O quizás es que quieran arrimar el ascua a alguna de sus sardinas (en forma de intereses en alguno de los productos que pretendidamente sustituyen a los blogs). O quizás sólo armar un poco de barullo.
O quizás es que haya gente que todavía no haya entendido de qué va esto, y piense que salir en los rankings, acumular lectores, tener muchas páginas vistas (vengan de donde vengan) o salir bien posicionados en Google… es el objetivo. Evidentemente, si hay más gente generando contenidos, la expectativa de audiencia media desciende y hay menos espacio para convertirse en un «fenómeno de internet»
¿Pues sabéis qué os digo? Que con vuestro pan os lo comáis. Yo seguiré con mi blog, y seguiré leyendo los blogs interesantes que ya leo, y seguiré descubriendo nuevos blogs escritos por gente tremendamente capacitada que habla sobre las materias que a mí me interesan. Y me da igual que «blog» sea una palabra que no vuelva a acaparar una portada de revista, o que los periódicos decidan dejar de llamar «blog» a sus columnas de toda la vida, o que los «bloggers influyentes» cierren sus blogs. Porque nada de eso significa, en realidad, que estén muertos. Yo, desde luego, los veo más vivos que nunca.

Hablando con Tuenti

Bueno, no con el «señor Tuenti», sino con Ícaro Moyano, su responsable de comunicación. A raiz del post que escribí el otro día sobre Tuenti y mi condición de «treinti», se puso en contacto conmigo para invitarme a un café en sus oficinas… y el miércoles pasado me fui para allá.
De paso, conocí a Ícaro, de quien había oido hablar mucho pero con quien no había tratado personalmente aún. Un tipo muy cordial. No se me escapa que su rol en Tuenti es la comunicación, y que por lo tanto contar (y hacer que otros cuenten) las bondades del proyecto es parte de su trabajo. Pero ese trabajo se puede hacer de una forma o de otra, y sin duda Ícaro conmigo lo hizo bien.
He aprovechado para escribir mis conclusiones sobre la charla en Digitalycia (¿veis de qué forma tan fina y tan elegante os sugiero ir allí? 🙂 ) en un post titulado «Las lecciones de Tuenti«. Realmente estuvimos hablando durante casi hora y media, y de las cosas que me contó Ícaro (incluso descontando el sesgo de «te estoy vendiendo el proyecto porque es mi rol») creo que hay una serie de puntos destacables que hacen pensar que Tuenti está, como proyecto empresarial, en el buen camino. O al menos, en uno interesante de conocer de cerca.

Tuenti no es Treinti

Estamos viviendo en la época del hype de Tuenti. Perdón, con «hype» me refiero a que «todo el mundo» habla de ello (diarios «serios» incluídos), y con Tuenti me refiero a una red social en español que está haciendo furor con tropecientasmil visitas y no sé qué más.
Hace unas semanas, con todo el mundo hablando del tema, decidí pedir una invitación de Tuenti (porque ésa es una de sus peculiaridades: no puedes simplemente «darte de alta», sino que te tiene que invitar alguien que ya está dentro… una estrategia extraña, pero que parece que da sus resultados) más que nada para ver de qué iba el tema.
Lo que me encontré, francamente, fue «nifúnifá». Una red social al uso, con nada especialmente destacable ni en el diseño, ni en las funcionalidades… en fin, nada que justifique tanto bombo, la verdad. Pero claro, el valor de Tuenti no está en la plataforma, sino en la red. Y no se sabe muy bien cómo, Tuenti ha conseguido calar muy hondo en un segmento de personas (inicialmente universitarios veinteañeros, de ahí lo del nombre; pero parece que se ha extendido hacia segmentos más jóvenes incluso).
Eso tuve ocasión de constatarlo de inmediato. Se me ocurrió hacer una búsqueda a ver si encontraba a algún conocido. Aparte de los «blogosféricos habituales» (gente que, como yo, se apunta a cualquier cosa solo para probar), nada. De hecho, haciendo una búsqueda segmentada por fechas de nacimiento… el número de usuarios totales en el entorno de mi edad era casi testimonial.
Supongo que es lo que tiene estar en los treinti más que en los tuenti. Luego está la cosa de preguntarse qué sentido tiene tener a la gente en distintas redes sociales en función de la edad (cuando no hay ni un solo elemento de diseño, de funcionalidades, de… que sea diferencial). Pero ésa es otra historia.

Vida de un Consultor en Facebook

Soy usuario de Facebook desde hace un tiempo. No muy intensivo, es cierto, pero frente a los que opinan que es un «invento del diablo», a mí me parece un muy buen servicio. ¿Por qué? Pues porque frente a lo que ha venido siendo habitual (creo un producto, como Flickr para fotos, youtube para videos, linkedin para contactos profesionales…etc, etc, etc y te obligo a reproducir tu «red social» en él) te permite crear tu «ecosistema social» (es decir, quiénes son tus amigos) y DESPUÉS añadir un montón de servicios sobre él. Es decir, primero la red social, luego el servicio. De esta forma, tienes hecha la red social una vez, y luego añades los servicios que quieras sin tener que reproducirla una y otra vez (probablemente, la barrera de entrada más importante para estos servicios).
El caso es que he pensado en usar una de sus funcionalidades como apoyo a este blog. Se trata de la posibilidad de crear páginas de un producto (en este caso, el protagonista es este blog) del que los usuarios de Facebook pueden hacerse «fans», y de esta forma interactuar sobre la base de este «hecho común».
El objetivo es doble. Por un lado, permitir a todos los que leéis habitualmente el blog (y que seáis usuarios de Facebook, y queráis haceros «fans», claro) tener un lugar común en el que poder interactuar. Hay una pequeña comunidad alrededor de este blog (lectores y comentaristas habituales), y creo que de esta forma será más fácil tener a todo el mundo ubicado, tanto para mí como para vosotros mismos. Un pequeño «quién es quién» dentro del blog.
Y por otro lado, solucionar un pequeño problema de «asincronía» que tengo en Facebook. En ésta, como en otras redes sociales, me gusta considerar como «amigos» solamente a aquéllas personas que conozco, con las que he interactuado, donde el conocimiento es mutuo. Sin embargo, me encuentro con frecuencia peticiones de contacto que me dicen «agrégame, que leo tu blog». Y aun a riesgo de pecar de «desagradable», tiendo a rechazar estos contactos porque en fin, puede que el lector por el mero hecho de seguir el blog considere que me «conozca», pero lo cierto es que en la mayoría de los casos yo no sé quién es él, más allá de «alguien que me lee en el blog»… lo cual no me permite decir nada bueno ni malo de él.
De esta forma, con la página en Facebook, hay espacio para los dos perfiles. Mis «amigos» (aquéllos en los que el conocimiento es mutuo) serán mis contactos. Pero aquéllos que quieran vincularse de alguna manera conmigo, sin existir ese conocimiento mutuo, podrán hacerse «seguidores» de la página y de esta forma iniciar un vínculo que, con el tiempo, puede dar lugar a una relación más equilibrada.
Así que nada, os animo ha haceros «seguidores» de la página en Facebook. Y los que no tengáis perfil en Facebook, os recomiendo que os lo hagáis. Creo que tiene mucho potencial, y que las «molestias» que otros usuarios reportan vienen más bien derivadas de un mal uso de la herramienta (dar de alta a cualquiera como contacto, hacer invitaciones a diestro y siniestro…) que de su esencia.

Twitter y otras herramientas de comunicación: enriqueciendo las relaciones personales

Estaba escribiendo un comentario en esta entrada de Enrique Dans, pero ha crecido hasta convertirse en entrada propia.
El caso es que un comentarista dice que «Resulta triste ver cómo en la era de las comunicaciones, la gente tiene cada vez menos amigos ‘corporales’ y más amigos ‘virtuales’.» Y me ha dado rabia. Porque parece que, con esta perspectiva, utilizar un canal de relación «virtual» (que no sé por qué lo llaman virtual, cuando es tan real como cualquier otro… ¿o es que el teléfono o a las cartas también son virtuales?) hace que las relaciones personales tengan menos valor. Que las únicas relaciones personales que valen la pena son las «físicas».
Y no creo que sea así en absoluto. Que no, que no hay diferencias, yo tengo amigos, o conocidos, o gente que siento afín. Y punto, no hay un «apellido». Con algunos de ellos interactúo más por unos canales (en persona, por teléfono), y con otros por otros. Pero no son más o menos amigos en función del canal, eso es ridículo.
El email, el blog, el messenger, el twitter, el flickr, el facebook y cualquier otra herramienta de este tipo son solo eso, herramientas. Herramientas que, en mi opinión, sirven para enriquecer y fortalecer las relaciones personales. Me permiten estar en contacto con personas con las que, por cuestiones de distancia o de agenda, no sería posible hacerlo de otra manera. Además, permiten hacerlo de una forma mucho más flexible, asíncrona y enriquecida.
Y en ningún caso sustituyen al contacto «físico». Pero si nos limitásemos al contacto «físico», nuestras relaciones sociales serían infinitamente más reducidas en cantidad y calidad. Sólo podríamos tener contacto con nuestro entorno más directo (la gente de nuestro barrio, nuestro pueblo…), salvo que tuviésemos disponibilidad para desplazarnos (tiempo y dinero). Sólo podríamos mantener el contacto cuando a la otra persona y a nosotros nos viniese bien hacerlo a la vez. Sería mucho más difícil conocer nuevas personas (sólo si nos las presentan «en vivo» alguna de las personas a las que conocemos). Sólo podríamos ver sus fotos cuando fuésemos a su casa a que nos enseñase los álbumes, o ver sus videos organizando una cena tras la cual nos apoltronamos en el sofá. Etc.
Por supuesto, todas esas cosas se pueden seguir haciendo, y de hecho se siguen haciendo. Pero ADEMÁS se pueden hacer muchas más que antes no se podía, dando como resultado muchas más relaciones, más intensas, más variadas, más interesantes.
Me pregunto si en el siglo XVII a los que gustaban de escribirse cartas con gente de otros países les mirarían mal por «tener amigos virtuales en vez de relacionarse como dios manda», o si a quien usaba el teléfono a mediados del siglo XX les abroncarían por «no tener amigos corpóreos». ¿Es tan difícil de ver que es exactamente lo mismo? Nuevos canales que nos permiten comunicarnos. Nada más.
De hecho, como ya he contado alguna vez, me encantaría poder utilizar estos canales con todos mis amigos. Siento que, sin poder utilizarlos, las relaciones son mucho menos ricas de lo que podrían ser.

Hablemos de twitter

Ah, twitter, twitter… quién me lo iba a decir a mí… con la chorrada tan grande que me pareció cuando salió, y ahora no sólo soy un adicto sino que encima me permito el lujo de hablar sobre el tema como si fuera un experto… cómo cambian los tiempos, Venancio, ¡qué te parece!
El caso es que esta tarde he repetido intervención en Enredados (ya participé allá por octubre). Esta vez en el papel, más grato, de «tertuliano». El que ha introducido el tema esta vez ha sido… ¿Juan Larzábal? ¿Javier Barrera? (algún día deberíamos hablar de quién eres en realidad, y quién es «el otro»…) con un post en su Periodismo al Pil Pil, y hemos sido Antonio Ortiz y yo los que hemos estado hablando un buen ratito (¡y se ha hecho corto!) sobre twitter, el microblogging y demás historias.
Ahí queda el audio:


Descargar | Feed | iTunes

Probando Seesmic

Seesmic
Desde hace unos cuantos días vengo probando Seesmic. Se trata de la nueva idea que está poniendo en marcha Loïc Le Meur desde San Francisco. Para entendernos, se trata de un twitter con video. Si no conoces twitter, entonces digamos que es un sitio en el que la gente puede subir sus videos (bien grabados directamente con la webcam, archivos .flv desde el disco duro o enlaces desde Youtube), que se muestran a medida que van llegando. Tú puedes suscribirte a los videos de tus «amigos» para así estar al tanto de lo que van contando.
Lo que me atrajo en principio de la idea era la voluntad de Loïc de ir contando el desarrollo del proyecto «en directo» a través de minivideos diarios. De hecho, los primeros días estaban bien… lo que pasa es que luego no hay mucha «chicha» nueva y tengo la sensación de que los videos diarios aportan muy poco.
El caso es que hice alguna sugerencia y Loïc, aparte de responderme, tuvo a bien enviarme una invitación para el servicio. Es una pre-alpha, así que hay muchas cosas por hacer. La apariencia está bastante lograda, y a medida que vayan estando las funcionalidades pues será una cosa bastante bien planteada. Pero sin embargo tengo grandes dudas respecto al «concepto».
Pienso que «grabarse a uno mismo» es esencialmente aburrido: yo hablándole a la webcam, ¿tengo algo interesante que decir? Pfff… no lo sé. Es verdad que eso mismo se podría pensar del blog, o del twitter. Sin embargo, creo que el uso del video sólo se justifica si la imagen aporta algo al texto. Y creo que el mero «mostrar mi cara y mis gestos» es insuficiente. De hecho estas mismas dudas ya las tuve cuando empecé con el videoblog: aquel primer experimento me enseñó que «yo frente a la cámara» es en sí mismo aburrido, independientemente de lo que esté diciendo. De hecho, para seguirlo es igualmente pesado: no es lo mismo hacer una lectura diagonal de un texto, que tener que verse videos íntegramente uno detrás de otro.
Luego, hay un hecho evidente, y es que si tuviese la necesidad/ilusión de grabarme en vivo, ya existen unos servicios mundialmente reconocidos (pienso en Youtube) que permiten hacerlo desde hace meses: puedo subir mis videos, o directamente grabarme con la webcam, o subirlos desde el móvil… Seesmic aporta muy poquito (poco más que un interfaz más «visual» y la posibilidad de enviar pings a twitter cada vez que se publica un video) respecto a Youtube… Creo que quienes quisieran hacer eso ya lo están haciendo en Youtube, y que Seesmic ni ofrece grandes ventajas como para que esas personas se cambien ni supone nada nuevo que haga que «usuarios pasivos» se vayan a lanzar ahora al video.
Por último, hay una crítica a la forma en que se está poniendo el balance entre el «marketing» de la aplicación y su desarrollo. Loïc Le Meur es enormemente entusiasta, un «vendedor» nato. Si le hacemos caso, Seesmic es poco menos que «the next big thing». Está poniendo todo su empeño personal (y su posición de «blogstar») al servicio de Seesmic, habla de ello a todo el mundo (incluyendo otros «blogstars»), consigue que muchos «prueben» su producto. Realmente, hace que te apetezca usar Seesmic. Si atendemos a este hecho, podría pensarse que es ya un éxito enorme. Pero si rascamos un poco tras la superficie, mi sensación es que es mucha fachada y poca «chicha». Vamos, un ejemplo de libro de «hype«.
En el desarrollo del producto se ha puesto el énfasis en que fuese «participativo». Además de publicar los videos del «día a día» y de gestionar bien (mejor en los primeros días que después) el feedback (como que respondan en público a las cuestiones que se les hacen), una de las novedades interesantes era la posibilidad de un desarrollo «participativo» de nuevas funcionalidades (alguien las propone, los usuarios las votan y el equipo técnico implementa las más solicitadas) y de solución de bugs. Una idea brillante… si funcionara. Porque el desarrollo de nuevas funcionalidades está totalmente parado (de hecho, la implementación de las funcionalidades básicas avanza muy lenta), y la resolución no ya de bugs sino de fallos que afectan a funcionalidades esenciales (llevo una semana intentando subir un archivo .flv, he reportado el bug, he escrito un mail… y ni se soluciona ni nadie responde, lo cual es bastante frustrante) idem. Da la sensación de que el dimensionamiento del equipo técnico es completamente insuficiente (si no es que ha desaparecido por completo) e inadecuado al ritmo de promoción de la iniciativa.
Lo cual me lleva a reflexionar sobre el sentido de exponer a la luz pública una versión pre-alpha y cómo debe trabajarse en esa fase. Mi sensación es que si tú lanzas una pre-alpha, el énfasis debe estar no en la promoción urbi et orbe, sino en el desarrollo del producto. De nada te vale que mucha gente conozca Seesmic, si para empezar hay una restricción de acceso (de momento hay invitaciones con cuentagotas) que resulta frustrante: oigo hablar de seesmic… quiero probar seesmic… no puedo… quiero probar seesmic… no puedo… pierdo el interés por seesmic. Y de nada vale dar entrada a unos alpha-testers que están dispuestos a hacer de conejillos de indias de tu producto si luego no hay recursos suficientes para atender sus peticiones/sugerencias (de hecho, ni para responderlas): quiero ayudar a Seesmic… nadie me hace caso… insisto en querer ayudar a Seesmic… nadie me hace caso… que le den a Seesmic.
En este mundo lleno de proyectos, conseguir una porción de atención es enormemente difícil y si se consigue hay que aprovecharla para que prenda la llama y que los que deciden «probar» el servicio se queden y lo recomienden a otros. Y para eso hay que estar preparado. Obviamente, el crédito se amplía si eres un «blogstar»: es más fácil atraer la atención, más fácil generar buzz durante más tiempo, más condescendencia por parte del público… pero es una forma innecesaria de desgastarse.

Amigos sin blog… ni nada que se le parezca

Este fin de semana estuvieron por aquí mis amigos del 4C en el Colegio Mayor. 13 tíos con los que compartí unos años estupendos. Y aparte de salir, comer, contar batallitas y hacer actualizaciones varias, uno de los temas recurrentes del fin de semana fue mi «pertenencia» a este mundo de bloggers, twitters, flickeros y demás en el que estoy metido. Un auténtico «test de realidad». Porque uno espera que personas de las que le separan determinadas circunstancias (la edad, o el perfil educativo o profesional, etc.) estén más alejados de este mundillo. Pero estamos hablando de gente de la misma edad que yo, que han estudiado en el mismo sitio que yo, que se desenvuelven en un mundo profesional similar al mío… y que sin embargo ven todo esto con enorme distancia, desconocimiento, escepticismo o desinterés.
Que si «para qué voy yo a leer tu blog», que si «no es un poco raro contar lo que haces», que si «no tengo tiempo para nada, como para pararme a leer lo que escribes», que si «hazme una foto que yo quiero salir en internet», que si «¿y ahora estas ‘tuiteando’?»… El caso es que medio en coña medio en serio me pasé el fin de semana «defendiendo» mi visión de las cosas. Pero más que pensando en «convertir» a alguno de ellos (tarea difícil, la verdad), reflexionando en qué habrá sido lo que a mí me ha traído por este camino mientras que a otras personas en una situación similar no.
Quizás sea un encaje con determinados rasgos de la personalidad, o quizás el hecho de haber conocido a determinadas personas en un momento dado. O que soy «raro». Qué se yo. El hecho es que aquéllo de tener más «blogs de amigos» va a tener que esperar…

Adios Twitter, hola Jaiku

Jaiku

Dije que Twitter era una tontería, y acto seguido me dí de alta (cada uno que extraiga la conclusión más pertinente). Y hasta ahora sólo puedo decir que me molaba. Pero llegó la hora de dejarlo atrás. Me paso a Jaiku, una herramienta similar a Twitter pero con mucha mejor pinta en cuanto a aspecto y funcionalidades.
Se supone que Twitter permite enviar «mensajitos» a las personas que se suscriben a tí, y leer mensajitos de gente a la que tú te suscribes. Esa misma idea tiene Jaiku. Entonces… ¿por qué cambiar?
Empecemos por algo básico: Twitter falla más que una escopeta de feria. Entre gatitos y pajaritos estamos cada dos por tres sin poder usarlo, y no es plan. Además, el «feeling» de Jaiku es mucho mejor. Y Jaiku incorpora algunas funcionalidades más que interesantes, como la posibilidad de vincular feeds de distintas herramientas a tu Jaiku: vamos, que si subo una foto a Flickr, sale un aviso en Jaiku. Si subo un video a Youtube, sale en Jaiku. Si marco un enlace en del.icio.us, sale en Jaiku. Si escucho una canción en Last.fm, sale en Jaiku. Todo lo que tenga un feed RSS se puede vincular. Y eso mola.
Hay un único punto negro a priori. Y es que Twitter llegó antes, y consiguió que mucha gente se diese de alta en su servicio. Gente que, por pereza, no se va a pasar a Jaiku. Así que el componente social, en gran medida, se pierde. Pero creo que es un inconveniente más ficticio que real, y me explico:
En Twitter sigo a 26 personas. De las cuales, se pueden contar con el dedo de una mano los que lo usan con una cierta regularidad. El resto, es como si no existieran (de hecho, muchos seguro que se dieron de alta un día, les hizo gracia un par de días… y nunca más se supo). Así que en realidad son los «twits» de 4 o 5 personas los que echaría de menos (si no pudiese consultar Twitter de todas formas, cosa que seguiré haciendo). Y por el lado de quienes me «siguen», el sistema dice que hay 83 followers. Pero tengo la sensación de que en su gran mayoría son «seguidores fantasma», gente que en un momento determinado me ha elegido (cuan Pokemon) pero que luego no son usuarios activos del sistema, por lo que es como si no estuvieran.
Y al final, para lo que me gusta un sistema de este tipo es para integrar con el blog, como un medio de poner pensamientos, reflexiones, etc… que no dan para un post (porque no tengan enjundia por sí mismos o porque no tenga yo tiempo o ganas de hacer un post largo al respecto) pero que encajan en la dinámica del blog. Y con Jaiku tanto la integración gráfica como la incorporación de esas otras fuentes de las que antes hablaba hace de ésto un sistema más interesante.
Así que lo dicho. So long, Twitter. Welcome, Jaiku! (mi Jaiku es éste)