Video blogs y empresas

Como ya os comenté, la charla que dí en Asturias el pasado octubre sobre blogs y empresas se grabó. Y aquí está el resultado. Es una horita de intervención mía (más los 10 minutos que se tomó el presentador para su tarea…) hablando de «cositas 2.0». ¿Un poco largo, quizás? Bueno, era para lo que me habían «contratado» 🙂
En fin, aquí lo dejo para quien le apetezca echarle un vistazo

El Guggenheim es fotogénico

Guggenheim 7

Hay edificios que parece que se hubieran construido para sacarles fotos. El Guggenheim en Bilbao es, para mí, uno de ellos. Su estructura tan irregular (y a la vez tan armoniosa), la textura de su superficie a base de planchas de titanio, su reacción a la luz, su ubicación privilegiada junto a la ría, la cantidad de espacio libre que tiene a su alrededor (y, en consecuancia, la cantidad de puntos de vista diferentes que permite)…
En fin, que uno no se cansa nunca. Aquí hay más fotos del Guggenheim

Fotografía: luces y sombras

Hace unos meses reflexionaba sobre las dificultades para hacer fotografías durante los viajes y la importancia de la luz en una buena fotografía. Al final, lo que subyace en todo esto es un concepto que hay que tener claro cuando uno se pone detrás de una cámara. Y es la diferente capacidad del ojo humano y de las cámaras fotográficas para captar las luces y las sombras.
El ojo humano puede percibir, con facilidad, escenas donde hay un elevado contraste entre zonas iluminadas y zonas oscuras. Podemos ver la escena y distinguir detalles entre las luces y entre las sombras. Pues bien, las cámaras fotográficas están mucho más limitadas, su «rango dinámico» es más pequeño. ¿Qué quiere decir esto? Que si ajustamos la cámara para captar detalles de las zonas en sombra, las zonas iluminadas tienden a quedar sobreexpuestas, «quemadas»: una zona en blanco, sin detalles. Y si ajustamos la cámara para captar los detalles de las zonas iluminadas, las zonas oscuras tienden a quedar subexpuestas, es decir, totalmente negras y sin detalles.
Aprender a conocer estos límites de las cámaras es fundamental para acabar sacando buenas fotos. Porque nuestra vista nos dirá «esta foto sí se puede hacer», pero la realidad técnica de las cámaras dice que no…
¿Se puede hacer algo al respecto? Veamos:

  • Evitar situaciones de alto contraste: muerto el perro, se acabó la rabia. Si la escena que queremos fotografíar tiene demasiado contraste entre zonas oscuras y zonas iluminadas, busquemos un encuadre o una composición que elimine o minimice una de las dos de forma que la escena tenga una iluminación más homogénea. Así podremos ajustar la cámara para esas condiciones y toda la escena nos saldrá razonablemente bien.
  • Iluminación adicional: normalmente imposible para fotografías de edificios o paisajes, pero útil cuando el protagonista es un elemento pequeño en primer plano. Con la ayuda del flash de relleno, podemos iluminar al sujeto (que si no quedaría en zona de sombra) y así homogeneizar sus condiciones de luz con las del fondo iluminado.
  • Filtros: utilizar un filtro degradado para el objetivo puede, en determinadas situaciones, reducir la intensidad lumínica de las zonas más claras, homogeneizándose así las condiciones de toda la escena.
  • Cámaras con más rango dinámico: algunas cámaras tienen, dentro de la limitación general, un rango dinámico mayor que otras, lo que les permite captar situaciones de más contraste lumínico sin perder información por la zona de las luces o de las sombras. Pero, como suele ser habitual, mayores prestaciones equivalen a mayor precio.
  • Recuperar luces o sombras en el postproceso: con el software de postprocesado (photoshop, lightroom, etc.) es posible (si la foto no está totalmente estropeada y hay alguna información que rescatar) trabajar la foto para recuperar detalles en las zonas excesivamente oscuras o iluminadas. La contrapartida es que este proceso equivale a «inventarse» parte de la información que no hemos captado, lo que se traduce en la aparición del molesto «ruido».
  • HDR: se trata de una técnica llamada High Dynamic Range, consistente en sacar varias tomas de una misma escena con distintos ajustes; en una ajustamos para tener los detalles de las zonas oscuras, y en otra para los detalles de las zonas iluminadas. A continuación, en el postprocesado, se fusionan ambas tomas de forma que nos quedemos con lo mejor de cada una de ellas. El resultado, si se exagera mucho, puede resultar un tanto irreal pero si se hace con «tiento» puede ayudar a darle más vida a fotos que, de otra forma, sería imposible mostrar.

En fin, esto es algo de lo que voy siendo cada vez más consciente. Pero aun así a veces no puedo evitar sacar fotos con demasiado contraste entre luces y sombras y, por lo tanto, inservibles en su mayoría.

Urgencias en festivos

El día de Navidad tuvimos que ir a urgencias. Nada grave, pero mi mujer llevaba ya dos días con dolores fuertes en la garganta y toses. Y basta que esté embarazada para que cualquier precaución sea poca, a ver si por un quítame allá una infección va a tener más problemas. Así que allí nos fuimos, a las urgencias del centro de salud de Aranda de Duero.
Evidentemente, no éramos los únicos (aunque tampoco era un desmadre de gente). Varios niños pequeños con toses de esas que parece que se les salen los pulmones y con carita de fiebre, algún adulto con pinta de cólico… pero lo cierto es que allí estaban: las enfermeras atendiendo las admisiones, los médicos atendiendo pacientes… Día de Navidad, y mientras otros disfrutamos de las celebraciones con familia y amigos, otros se ponen al pié del cañón para darnos servicio si lo necesitamos.
Y si te paras a pensar, hay muchos como ellos a los que les toca sacrificar la fiesta: policías, servicios de transporte, retenes de quitanieves, bomberos… E igual que a veces usamos los blogs para protestar cuando algo no nos parece bien, esta vez he creído que merecía la pena usarlo para reconocerles y agradecerles el sobresfuerzo que supone trabajar cuando los demás no lo hacen.

Atraer, retener y motivar en la economía de la atención

Cuando me incorporé al mundo laboral, a finales de los 90, estábamos en pleno éxtasis de la nueva economía y por todos los sitios se oía hablar de la «guerra por el talento». Había un mantra que se repetía una y otra vez: «atraer, retener y motivar». Todas las políticas de gestión tenían ese triple objetivo: atraer, retener y motivar al talento. Atraer, de forma que ese «talento escaso» escogiese a nuestra organización (y ser el employer of choice). Motivarlo para explotar dicho talento al máximo en beneficio de la organización. Y retenerlo para evitar que se fuese con otros.
Luego llegó la crisis puntocom, el 11S… y pareció que todo aquel mantra desaparecía (aunque yo siempre he pensado que la guerra por el talento sigue siendo igual de vital ahora como entonces).
El caso es que, no sé por qué, en estos últimos días le daba vueltas a la cabeza y pensaba en cómo aquella cantinela del atraer, retener, motivar… puede aplicarse hoy, en la economía de la abundancia en la que vivimos, a la atención.
Efectivamente, vivimos en una economía en la que tecnología y globalización ponen a nuestra disposición, como consumidores, miles y miles de opciones entre las que elegir: para alimentarnos, para ir de vacaciones, para nuestro ocio, para leer, para encontrar colaboradores, para… lo cual como consumidor es bueno, pero pone en un brete a los que producen esos bienes y servicios. ¿Cómo conseguir ser los elegidos entre tantas posibilidades?
Atraer la atención es el primer paso. Es la diferencia entre existir en la mente del consumidor y, simplemente, no existir (¿y cómo van a consumir algo que no existe para ellos?). Pero además hay que buscar la forma en que esa atención ganada sea recurrente (¿de qué nos vale llamar la atención durante dos minutos para luego ver como el potencial cliente, después de echarnos un primer vistazo, pierde el interés y se va para nunca volver?) y, sobre todo, que se traduzca en una compra real; si no, todo el esfuerzo realizado por atraer y retener la atención habrá sido en vano.
De un tiempo a esta parte veo que las empresas hacen un gran esfuerzo por atraer la atención, con marketing hecho de cualquier forma y manera. Y parece que con eso se dan por satisfechas, cuando en realidad… consiguen atraer la atención inicial, pero luego no son capaces de retenerla ni de traducirla en transacciones. Y lo uno sin lo otro no vale para nada.

¡Felices fiestas!

Felicitación navidad blog

Como no podía ser de otra manera en estas «fechas tan señaladas» (sí, reíros, pero a ver cómo esquiváis vosotros los tópicos :D), voy a aprovechar el blog para desearos a todos, y especialmente a «los habituales», que paséis las mejores fiestas posibles y que, a pesar de los nubarrones, os lancéis a 2009 con el mejor de los ánimos para sacarle todo su jugo.
¡Salud y suerte!
PD.- También he hecho una felicitación exclusiva y con toque «2.0» en Digitalycia, por si os pica la curiosidad 🙂

Que se retire la marea

En casa estamos viendo El Ala Oeste de la Casa Blanca (The West Wing). Para quien no la conozca, es una serie que cuenta el devenir del gabinete de un presidente de los Estados Unidos a lo largo de dos legislaturas y que, incluso con sus fallos (que los tiene) me parece extraordinaria y absolutamente recomendable. El hecho es que el capítulo de hoy (5×19 – Talking points) me ha resultado una lección magistral de economía moderna condensada en apenas 40 minutos.
Hablan de globalización, de libre comercio, y del efecto que eso tiene sobre los empleos en Estados Unidos, y cómo algunos intentan frenarlo.
El Presidente Bartlet cuenta la historia del rey Canuto y de cómo, para demostrar a sus vikingos sus propias limitaciones, los reunió a todos en la orilla del mar y le pidió a la marea que se retirase. La marea, como es lógico, no se retiró. Y es que el poder de los gobernantes es mucho más limitado de lo que se quiere creer.
Y no puedo por menos que pensar en todos los que siguen insistiéndole a la marea para que se retire, convencidos (o intentando convencer a los demás) de que la marea les hará caso.

¿Sabes usar el powerpoint?

«¿Sabes usar el powerpoint?«. Esta pregunta me la formularon en una entrevista dentro del proceso de selección que me llevó, allá por 1998 (el proceso fue a finales del 97) a mi flamante puesto de becario en una consultora. «Bueno, lo básico, no lo he dado mucho uso hasta ahora», respondí.
Mentira. No lo había usado nunca. Pero al menos sabía lo que era. El programita ése que venía junto con el Excel y el Word, que alguna vez había abierto para curiosear a ver de qué iba… y que había cerrado aburrido tras cinco minutos.
Pero eso, al parecer, ya era una ventaja competitiva. Una compañera que también estaba en el mismo proceso me dijo «¿a ti te han preguntado no sé qué de un pogüerpoin?» «Pues sí» «¿Y sabías lo que era?» «Sí, algo me sonaba» «Pues yo ni idea».
Aquella misma tarde, al volver a mi cuarto del Colegio Mayor, me puse a trastear un rato con el ordenador y el dichoso Powerpoint (sí, lo tenía instalado, merced a uno de esos discos piratas con el Office completo), a ver si me enteraba bien qué narices era aquello. Supongo que aquel día haría mi primera presentación, mis primeras transparencias. Y hasta ahora.
Todavía de vez en cuando alguien ve alguna de mis presentaciones más «tradicionales» y dice «vaya, cómo se nota que eres consultor». Pues sí, debe ser eso. Powerpoint y consultor, esa pareja.

El efecto Medici

Florencia

El otro día estuve en el «Workshop sobre Innovación y Emprendizaje» organizado por el Instituto de Empresa (un evento de captación para la venta de uno de sus masters), en el que me gustó especialmente la charla que dio Salvador Aragón (al que no conocía previamente) sobre innovación. Una intervención muy dinámica y participativa.
Uno de los conceptos que manejó fue el de Efecto Medici. Algo de lo que ya viene hablando hace tiempo a raiz de la publicación del libro homónimo de Frans Johansson. Viene a contar cómo en la Florencia del Renacimiento, bajo los auspicios de los Medici, se produjo una de las mayores explosiones conocidas del conocimiento y la creatividad, y que uno de los factores determinantes de este hecho fue la convergencia e interacción, en un mismo espacio y tiempo, de perfiles diversos tanto del mundo del arte, la ciencia, la economía, la política…
Y yo me creo, basándome en mis sensaciones, que es muy cierto. Cuando abro los ojos a realidades distintas (escucho una charla sobre un tema que desconozco de un ámbito radicalmente distinto al mío, o charlo con una persona de perfil muy diferente, etc.) siento como si se abriesen las ventanas y entrase aire fresco en mi mente. Se me ocurren otras ideas, se ensancha mi mundo, adquiero nuevas perspectivas.
Me pasó cuando descubrí esto de la blogosfera. Viniendo de un entorno muy corporativo (rascacielos, traje y corbata, etc.) me entusiasmó ver la enorme diversidad de gente que contaba sus cosas en internet. No sólo podía leerles, sino también interactuar con ellos. ¡Era fantástico! Lamentablemente, con el paso del tiempo empiezas a centrarte en los mismos temas, a rodearte de la misma gente… supongo que es una inercia que hay que romper a base de voluntad; al final es difícil no dejarse guiar por «lo útil» y «lo inmediato», y dedicarle tiempo a, simplemente, explorar otras formas de ver el mundo sin un objetivo predeterminado es algo que va quedando en segundo plano.
Mmmm… esto suena a propósito de año nuevo…
Foto | untipografico