Productizar o paquetizar servicios

He de reconocer que, así como lo de «paquetizar» me suena medio bien, lo de «productizar» me chirría un montón. Pero si el maestro Medinilla lo usó («recurrencia, señores, recurrencia… Hay que productizar»), quién soy yo para resistirme a hacerlo…
Leyendo aquel post de Ángel me surgieron sensaciones contrapuestas. Hablaba él de cómo ha definido un nuevo «paquete de servicios» de forma que «cada cliente puede optar en cada momento por uno de los productos, combinaciones de dos o el paquete completo». Es decir, lo que hacía era coger una serie de servicios heterogéneos, paquetizarlos, ponerles un lazo, y venderlos como un todo.
¿Y por qué mis sensaciones ambivalentes? Porque por un lado, mi concepto de consultoría tiene mucho que ver con diseñar un traje a medida: sentémonos, déjame que entienda tu problema y que te proponga una solución adaptada a ti. Pero racionalmente entiendo las ventajas de diseñar esos «paquetes cerrados»: ventajas a la hora de la producción (no tanto como en un proceso industrial, pero aquí también se producen economías de escala) y también de la venta. Los clientes suelen preferir uno de esos productos «prêt-á-porter» antes que pasar por el proceso de configurar una solución a medida.
Podemos ver ejemplos de esto allá por donde vamos: si compramos un coche lo hacemos con «la gama stella» (que incluye x, y, z…); si vamos a lavar ese mismo coche podemos optar por el lavado normal, el superior o el extra; si vamos a un sitio de comida rápida podemos tomar el menú McLoquesea, si compramos un ordenador le añadimos el equipamiento «pro», si contratamos unas vacaciones podemos contratar el «paquete Caribe», etc, etc.
Sí, luego siempre hay un porcentaje de personas que sobre la opción paquetizada hace pequeñas modificaciones: mi hamburguesa sin tomate, ponle lunas tintadas, añadele una tarjeta gráfica, quiero una cama supletoria en el hotel, encerado extra. Pero el proceso esencial tanto de la producción como de la venta se hace sobre la base del producto paquetizado.
¿Conclusión? Pues que es bueno paquetizar los servicios, aunque filosóficamente pueda chirriar un poco. Es bueno para la rentabilidad, es bueno para la venta. Así que no hay discusión posible. En ello andamos.
Foto | Aprilandrandy

Hacer fotos cuando estás de viaje

Poco a poco, sigo aprendiendo cosas importantes para hacer buenas fotografías. Probablemente la más importante sea la luz. Es algo que te puedes hartar de leer en libros, y de escuchar a los que saben… pero hasta que no lo vas experimentando por tí mismo, no asumes la importancia clave, crucial, definitiva, insoslayable… que tiene una buena luz para una buena fotografía.
¿Qué significa esto? Pues que hay fotos que, sin una buena luz, no merece la pena hacerlas. Porque nunca, jamás, van a quedar bien y no hay photoshop que las salve. Y esta realidad es especialmente dolorosa cuando uno viaja.
Porque salvo que uno plantée su viaje «para hacer fotos», normalmente las fotos son secundarias. Llegas a un sitio de acuerdo a tu plan de viaje (influido por las necesidades familiares, o el deseo de ver muchos sitios, o planificado en las fechas que te lo permite tu trabajo) y haces las fotos sea cual sea la hora del día, la época del año, o el clima. Es decir, haya la luz que haya. Y el resultado, en muchas ocasiones, es decepcionante.
Hacer una foto excelente te exigiría haber estudiado previamente el sitio (para ver cuándo va a tener una buena luz), planificar la visita a la hora del día (y en la época del año) en que esa luz es buena, y cruzar los dedos para que la climatología sea la adecuada (y, si no, volver otro día). Esperar que todas esas circunstancias coincidan de casualidad justo el día y a la hora en que tu viaje te ha llevado allí… es mucho esperar.
Es verdad que los buenos fotógrafos pueden, aun en malas condiciones, conseguir fotos decentes. Sobre todo dedicándole tiempo a buscar un encuadre distinto y original en el que hagan jugar a la luz en su favor. Lo cual nos lleva a otro de los problemas de las fotos en los viajes: que tampoco le dedicas demasiado tiempo a buscar esos encuadres, vas con la familia o con amigos, llegas a un sitio para enseguida ir a otro… y no le dedicas a las fotos el tiempo que requieren. Simplemente llegas a un sitio, sacas la cámara… y foto. Y los resultados son los que son.
En fin, son un par de reflexiones que me llevan a concluir que, o vas de viaje con la finalidad casi exclusiva de hacer fotos (y le dedicas el tiempo necesario), o asumes que las fotos que saques van a ser, salvo casualidad, mediocres.

De vacaciones por Navarra

Bueno, pues punto final a las largas y variadas (¿y merecidas? qué más da…) vacaciones de este año. La primera semana de septiembre hemos estado en una casa rural en Navarra, haciendo excursiones por los alrededores… todo estupendo. Ayer me di cuenta de que, curiosamente, Navarra era la única comunidad autónoma en la que no había estado nunca: en todas las demás he estado (de visita, por trabajo, de pasada…) pero hasta aquí nunca había llegado. Ahora, ya puedo decir que sólo me faltan las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla :).
Nuestro centro de operaciones era Casa Maricruz, un alojamiento rural en Villanueva de Arce (la foto del post es precisamente la vista del pueblo). Una casa muy agradable (ver reseña en 11870), con su huerto y sus animalitos, en una zona de por sí muy bonita, y a tiro de piedra de bastantes lugares interesantes… por lo que hemos pasado la semana muy entretenidos.
Hemos visitado el mítico lugar de Roncesvalles (donde el Cantar de Roldán y su olifante; tiene el aroma de la historia), incluido el monolito en la cima del collado de Ibañeta (que está todo pintarrajeteado por unos vándalos de aspiraciones nacionalistas… vaya forma de cuidar su tierra). También aprovechamos para cruzar la frontera (tras una bajada mareante por el lado norte del puerto) y visitar el bonito y recomendable pueblo de Saint-Jean-Pied-de-Port (lugar amurallado con reminiscencias medievales, a los pies de los Pirineos, era el punto de confluencia de las distintas rutas del Camino de Santiago desde Europa antes de entrar en España).
También tuvimos la ocasión de hacer un poco de senderismo por la Selva de Irati (aunque un desafortunado y lamentable error nos hizo equivocarnos de sendero y nos alteró los planes previstos; pero dentro de lo que cabe la alternativa no fue mala… eso sí, me pegué una paliza imprevista porque tuve que desandar el camino a recoger el coche, y dejamos constancia de que valientes montañeros estamos hechos).
Otro día lo aprovechamos para visitar Pamplona y pasear por su casco antiguo, incluyendo el recorrido de los encierros (me sorprendió que es más cuesta arriba de lo que me había imaginado) y una comida en el Café Iruña (muy bonito, pero una comida y un servicio que dejan bastante que desear; imagino que les basta con vivir de la fama de Hemingway). También pasamos un rato en la Ciudadela, muy tranquila y agradable.
Y otra de las jornadas estuvimos viendo las Foces de Lumbier (un paseo muy agradable, en el que se puede ir con la sillita del niño y todo), el monasterio de Leyre y el castillo de Javier (muy bonitos ambos… aunque me dejaron una sensación de estar «demasiado» restaurados, lo cual le resta un poco de autenticidad…).
En fin, que mucha actividad, mucho coche arriba y abajo, un entorno natural estupendo… ¿qué más se puede pedir? Ahora lo que tengo es unas cuantas fotos que tendré que ir procesando poco a poco…

Quien hace un cesto, hace cientos

Cesto 6

Eso dice el refranero. Así que (si me dan mimbres y tiempo, que dice la segunda parte del refrán) yo ya puedo hacer todos los que quiera. Y es que una de las actividades que me ha servido de entretenimiento estos días ha sido precisamente hacer un cesto de mimbre. Mi madre, que siempre ha tenido muy buena mano para estas cosas (y lo mismo restaura muebles que pinta cuadros, cose que encuaderna libros, pinta figuritas o hace composiciones de flores secas… etc.) estaba probando a hacer cestos de mimbre, y ahí que nos pusimos la familia al completo a hacer nuestro cestito.
Para mí, que siempre he sido bastante peor para hacer cosas con las manos que con la cabeza, me producen mucha satisfacción estos pequeños logros, lo mismo que colgar una estantería, o arreglar un enchufe. El mundo moderno (y más para los «trabajadores del conocimiento») nos ha alejado de las actividades manuales probablemente más de lo recomendable. Así que no está de más, de vez en cuando, intentar hacer alguna cosa así, que nos conecte de nuevo con nuestra capacidad transformadora. Es más sencillo de lo que parece, basta con que alguien te dé unas indicaciones, y distrae enormemente la cabeza.
Yo, de momento, tengo un cesto :). Por cierto, se pueden ver más fotos del cesto de mimbre en mi página de flickr. Están tomadas a última hora del día, con el sol casi poniéndose, y con el cesto en una mesa de cristal (a la que podía haber quitado el polvo, también es verdad) que genera unos interesantes reflejos.

Atardecer en Salamanca

Atardecer en Salamanca

Unos días en el hogar familiar en Salamanca fueron la segunda etapa de nuestras vacaciones.
No es porque sea mi ciudad, hay que reconocer que Salamanca es una ciudad realmente fotogénica. El sol del atardecer realza los colores de la piedra de Villamayor y provoca ese dorado tan especial, y tan reconocible.
Aunque también es el momento ideal para sacar la silueta de las catedrales, la nueva y la vieja, que son el símbolo de la ciudad. El truco para fotografiar siluetas, como en el caso de las puestas de sol, hacer la medición de la luz en la zona del cielo, para que todo lo demás quede subexpuesto (o sea, oscuro). En este caso, además, he alterado un poco el balance de blancos (para darle un color más cálido al atardecer), y he toqueteado un poco con la herramienta «filtro degradado» del Lightroom 2.

Un consejo para los jóvenes

Siempre viene bien escuchar a los que están de vuelta. Como Chisco Olascoaga, un hombre de 67 años que fundó Entel (por cierto, tienen blog corporativo) cuando tenía 62, tras casi cuarenta años de carrera profesional. La pregunta, en esta entrevista en El País, era «¿Qué les aconseja a los jóvenes que se abren camino?»

Lo principal es que se conozcan a sí mismos para saber qué estilo de vida quieren llevar. A partir de ahí, les animaría a que investigaran, experimentaran y reflexionaran con el fin de encontrar una pasión personal y profesional compatible con el estilo de vida elegido. Porque una cosa es lo que nos han dicho que tenemos que hacer y conseguir, y otra muy distinta lo que nos conviene y nos gusta de verdad.