Susto con el upgrade de WordPress

Hoy me he puesto a hacer el upgrade de la versión de WordPress al blog (que todavía estaba en la 2.0.algo). Lo he hecho a través del Fantastico del panel de control del hosting… y todo parecía ir bien… hasta que me doy cuenta de que hay un problema en la codificación de caracteres de todo el blog: títulos, posts, comentarios…
Reviso que todo está, como debe, en utf-8. Pero siguen ahí. El problema es más grave, porque cuando voy a ver la base de datos… es ahí donde se ha alterado el contenido. ¿Y qué hago ahora? Pues afortunadamente en el proceso de upgrade se hace un backup, así que voy a ver allí… con la desagradable sorpresa de que los datos de respaldo también tienen cambiada la codificación.
¿Y entonces?
He editado el archivo de la copia de respaldo para hacer un find-replace, cambiando los caracteres extraños (que correspondían a acentos, eñes, comillas… y alguno más que se me ha debido pasar, como el ¡ ) por los buenos.
El problema es que para importar esos datos había, previamente, que borrar todas las tablas de la base de datos. Un «salto de fé». Lo he hecho, y he puesto a subir la copia de respaldo. En este intervalo, el blog ha dejado de existir. No sé si habrá visto la luz al otro lado, yo creo que sí. Simplemente, no había nada detrás de él. Luego ha puesto una versión «limpia» del blog (con una plantilla estandar y el típico «hello world» como único post). Finalmente, tras varios reintentos (el archivo era tan grande que ha habido que importarlo a trozos), el blog ha vuelto a la vida con un último empujón: la necesidad de hacer upgrade de la base de datos (porque claro, yo estaba haciendo un respaldo desde la 2.0… y parece que hay elementos que han cambiado), pero sin más sobresaltos.
En el medio, pocos daños colaterales: un comentario que se había perdido (pero lo he reintroducido yo a mano ya que tenía el texto en el email), y que feedburner ha tomado el «hello world» como si fuera un post de verdad y lo ha enviado a los suscriptores. Espero que me disculpéis.

Ubuntu, primeros pasos y primeros problemas

Animado por un impactante grupo de entusiastas que han respondido a mis dudas sobre Linux (algo que habría que hacer notar: la cantidad de linuxeros que en el blog o en twitter me han animado y han ofrecido su ayuda. Parece que el «espíritu de ayudar a otros» está presente en esta comunidad), me he puesto a instalar Ubuntu con Wubi. Todo bien, se ha instalado, todo muy «transparente» para mí, me crea la posibilidad en el inicio de ejecutar Ubuntu o Windows… ¡bien!
Pero el primer problema ha llegado cuando he intentado acceder a internet. Que no hay tu tía. He mirado por donde he podido para activar la conexión inalámbrica… pero simplemente actúa como si no la tuviera. Y eso que en el test de hardware sí me reconoce el controlador inalámbrico. Pero luego «pasa» de mí.
Así que he tenido que agachar las orejas, reiniciar en windows y empezar a googlear, buscando el problema. Al menos sé el modelo del controlador wifi (Intel 3945ABG), algo que ya hubiese sido un handicap para muchos usuarios «normales». Y parece que se trata de un problema bastante común, cuya solución (o soluciones, porque he visto varios métodos) intimida bastante: una larga serie de instrucciones que hay que meter en la consola, sin tener ni idea de lo que uno va haciendo.
Entiendo que los linuxeros son unos usuarios medianamente avanzados, y que les gusta trastear con la consola. Pero el usuario medio no es así. El usuario medio quiere que las cosas, simplemente, funcionen. Y es verdad que Windows se raya de vez en cuando, y que su rendimiento decae con el tiempo, y que a veces se cuelga. Pero es muy intuitivo para el usuario medio en las actividades «normales» que tiene que hacer.
Al menos para mí, que me considero un usuario «avanzado» de Windows (no soy un experto, pero tampoco nunca he necesitado ayuda de nadie para instalar nada ni para resolver los problemillas que me han ido surgiendo), estos primeros problemas en Ubuntu (que se supone que es una versión «fácil y para todos los públicos») me resultan bastante intimidatorios. Habiendo sido autosuficiente durante tantos años, la idea de tener que recurrir a alguien para que me haga las cosas (que seguro que para un experto no es gran cosa) no me gusta.
Actualización: ¡Lo he conseguido! Fui al troubleshooter de Ubuntu para wireless networking, seguí los pasos… y et voilá! Igual he sido demasiado llorica desde demasiado pronto, ¿no?

El trabajo o mi vida – reflexiones de un consultor quemado

Me escribe un compañero consultor. «Tras casi 8 años de consultoría… creo que esto está llegando a su fin. Quiero remitirte un pequeño escrito que he realizado, por si estás interesado en colgarlo en tu web.»
No soy partidario de publicar, sin más, algo que alguien me remite (que para eso cada uno puede abrirse su propio blog). Sin embargo, leyéndolo he creído ver reflejadas una serie de sensaciones lamentablemente demasiado comunes en el mundillo, especialmente en determinadas empresas. Yo viví algo parecido, aunque tampoco creo que viviera especialmente mal en mi etapa de consultoría corporativa. Pero empatizo con el autor del texto en el punto de hartazgo, la sensación de percibir una disyuntiva entre el futuro que te ofrece ese tipo de trabajo y el futuro que quieres para tu vida. En última instancia, esas sensaciones fueron las que me llevaron a cambiar de rumbo.
Seguramente este texto está escrito en los momentos de mayor crisis. Cuando uno toma por fin la decisión de salir, y sale efectivamente, el tiempo empieza a hacer su labor. Y después, cuando miras atrás, eres capaz de apreciar las cosas buenas que tienen este tipo de trabajos. Pero es verdad que en el momento de hartazgo no le ves ningún sentido. Y ese es el mejor indicador para cambiar.
Por eso he decidido reproducir el texto. Y a todos los que se puedan sentir identificados… que no os engañen. Hay otras vidas que se pueden elegir, y en las que probablemente podáis ser felices.
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¿Nos hemos parado a pensar en los problemas que tenemos todos, en lo que se podría conocer como “conciliación de la vida personal vs vida profesional”? Muchas veces hemos oído hablar de los problemas que tienen las mujeres para conciliar la vida familiar con la vida laboral, de hecho se han promovido leyes y convenios para esta conciliación, todo un logro en estos tiempos…
Hace algún tiempo escuchábamos reivindicaciones en las que se solicitaban jornadas de 35 horas, en lugar de las 40 actuales, creo que todo el mundo estaría de acuerdo con la propuesta, salvo las empresas. Pero pensándolo fríamente “yo tampoco estaría de acuerdo”. Viendo el panorama, se reducirían los salarios y nos encontraríamos en la misma situación que estamos ahora… ¿Realmente alguien trabaja solo las 40 horas semanales?
No hay que irse muy lejos para ver ejemplos. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar las horas y las compensaciones que recibe una persona empleada en una gran superficie, la que trabaja en una “gran empresa”, o en un pequeño bar? En todas ellas podremos encontrar recién licenciados que están buscando un empleo acorde a su formación, personas con 30 años de experiencia, inmigrantes que han venido a buscarse la vida, o simplemente tú y yo.
La palma, tal vez sea porque me toca directamente, son las grandes empresas con “Filosofía Americana”. En ellas se intenta lavar el cerebro de los empleados con la idea de que si estás dentro, es porque eres el mejor, y tu empresa es la mejor del mundo, y tienes que responder como tal.

  • En las que se llega al extremo de que no existe nada fuera de ella que sea más importante, y tienes que ser capaz de dedicar las 24 horas del día y los 7 días a la semana.
  • En las que si no tienes 30 días de vacaciones pendientes de años anteriores, y no puedes decir “ayer nos tuvimos que quedar hasta las 11 de la noche”, te miran raro y no te estás implicando lo suficiente.
  • En las que no puedes decir nada… porque “ya sabias a lo que venías” y ”esto va incluido en el sueldo”. Aunque haciendo cálculos con jornadas de 14 horas estés cobrando lo mismo que un repartidor de pizzas (con todos mis respetos a ellos).
  • Y en las que los sindicatos, no es que no hagan nada, es que directamente no existen.

Además, existe un pensamiento generalizado en estas empresas, “creen que por tener una relación laboral, adquieren unos derechos sobre tu vida privada que van más allá de toda lógica”. Seguramente se os estén pasando miles de ejemplos por vuestra cabeza:

  • Tenemos la típica llamada intempestiva a las once de la noche, o la del fin de semana a tu teléfono particular, para que mañana hagas no se que… ¿Alguien puede explicar que un teléfono móvil no es igual a un teléfono público?
  • Las tareas urgentes que surgen 5 minutos antes o cuando te estás marchando, que son para ¡¡YA!! , y hacen que te quedes 3 horas más, y al final nadie las mire…
  • Las malas contestaciones rayando el insulto de algunos “superiores”, que deberían haberse dedicado al pastoreo ó la mecánica, de esta forma tendrían una causa justificada para poder apretar las tuercas todo lo que quieran.
  • Los 300 días al año de picos de trabajo, que hacen que tu horario se amplié hasta las 00:00, y todo ello sin recibir compensación alguna… solo por necesidades de la empresa.

No se puede considerar la esclavitud del siglo XXI, porque podemos dar las gracias todavía, que somos libres para abandonar la firma. Y luego, quien sabe, podemos seguir dedicándonos a vender pajaritas de papel o humo envasado en cajas doradas, ahí está la elección…
La decisión está en tus manos, si estás dispuesto a ello, puede que tras pisar a mucha gente y hacerte no pocos enemigos, puedas tener un deportivo, un chalet en la sierra y una casa de 180m2, pero probablemente esté todo intacto en día que te plantees que has hecho con tu vida.
No quiero ser una victima, ya que en todos los sectores podemos ver cambios de turno sin previo aviso, horarios interminables, ampliaciones de jornada a los fines de semana que se hacen de forma “Oficial y obligatoria”, limpiezas, inventarios, cajas, etc… y en las que tampoco existen compensaciones.
Solo dar a conocer, que el estar en una empresa con “nombre” y/o llevar traje y corbata, lo único que implica, es no tener que pensar en que te pones para ir a currar… y poco más.

Instalar Linux, grandes dudas

Después de mis desventuras con los fenómenos extraños de ayer, empiezan a surgirme las dudas (y los consejos de terceros) sobre qué hacer. Las opciones parecen claras:
a) formatear y reinstalar windows. Es una pereza enorme, el tener que volver a instalar todo el software, ajustar preferencias… otra vez. Al menos tengo la partición con los archivos de datos que (imagino) no habría que tocar… pero aun así, es una gran pereza.
b) «Comprate un Mac». Ya se sabe, la secta de la manzana que parece que es la solución a todos los males. No diré que no me atrae la idea, pero ahora mismo la perspectiva de soltar 1.500 euros por un ordenador nuevo, cuando éste no ha cumplido aún los dos años y está perfectamente funcional me parecen ganas de derrochar.
c) «Instala Linux». Otra opción atractiva, sin duda. Pero a la pereza propia de la opción a (formatear, instalar…) se une el absoluto desconocimiento. ¿Qué significa instalar linux? ¿Qué distribución hay que instalar? ¿Y software? ¿Hay software compatible con Linux para todo lo que yo vengo haciendo? Sé que ofimática e internet no suponen ningún problema, pero… ¿edición de video? ¿edición de fotos? ¿p2p? ¿y otras cosas más cotidianas para las que ya tengo mi «software esencial» y que tendría que reconstruir?
Si, sé que éstas son las dudas del novato, que posiblemente si me lanzo luego no sea para tanto y que probablemente las ventajas sean mucho mayores a sus inconvenientes… pero es el miedo a lo desconocido.

El día que hackearon Google

He ido a abrir mi Google Reader… y me dice que error 404. Idem con Google Analytics. Lo más curioso es que voy a ver google.com… y me pasa esto que véis.

Si no se ve bien: abro el explorador (que devuelve un error 404 al tratar de alcanzar la página de inicio, que es Google «especial firefox»), tecleo google.com… y lo que me aparece es un reproductor de audio con una especie de radio en streaming.
Me confirman por ahí que sólo me pasa a mí. Bueno, a alguien más le pasará, imagino. No creo que sea un problema de mi ordenador. Quizás sea, como alguien ha dicho, un rollo de proxy de Telefónica, o vaya usted a saber. Imagino que se resolverá pronto.
Pero lo cierto es que ahora mismo yo no puedo usar ni google, ni leer feeds, ni usar las estadísticas. Hace un tiempo Julen hizo un artículo de ¿ficción? sobre qué pasaría si un día desaparece Google… (lo he tenido que buscar con yahoo!, mira tú qué paradoja) y la verdad, da qué pensar…
Actualización: pues parece que sí era cosa sólo de mi ordenador. Al parecer «algo» estaba sobrescribiendo el archivo hosts y redirigiendo una serie de dominios (google, youtube, myspace) a una IP determinada. No sé el origen del problema, llevo un par de horas pasando antispywares y antivirus… espero que eso lo detecte. Qué pereza más grande, qué gente más coñazo hay por el mundo. Gracias por las ayudas!

SEO accidental

Mira, si antes hablo del SEO y sus curiosidades… os cuento una historieta que me acaba de pasar.
Resulta que un amigo se queda alucinado cuando pone su nombre en Google y aparece, como primer resultado, el curriculum en pdf que tengo disponible en mi web (raulhernandezgonzalez.com).
¿Cómo es esto posible? Obviamente, su nombre no aparece por ningún lado en el documento. Aunque… ¿por ningún lado?
Resulta que hace años este amigo me pidió que le echara una mano confeccionando su primer curriculum. Le hice un CV en word con su nombre, que luego él obviamente completó. El caso es que, con el paso del tiempo, yo mismo utilicé ese archivo como base para hacer mi propio curriculum. Solo que no me había dado cuenta de una cosa… y es que en las propiedades del archivo (los metadatos), seguía figurando su nombre como «título del documento» (ya que el word lo había asignado por defecto, al ser las primeras palabras del documento, al guardarlo la primera vez).
Así que cuando hice mi curriculum y lo pasé a pdf… el nombre de mi amigo viajaba oculto en las propiedades del documento. Google lo leyó, lo indexó… y ahí figura, como primer resultado cuando busca su nombre.
Con esto, amiguitos, podemos ver el poder de Google y del SEO. Cualquier referencia a vosotros que hagan en algún sitio (incluso algo tan absurdo como las propiedades de un documento word) puede salir como primer resultado en Google cuando os busquen a vosotros. Así que más os valdría intentar controlarlo un poco posicionando vuestros nombres (con una web personal, etc.) para que lo primero que salga en Google sea lo que vosotros queréis que salga, y no lo que otros provoquen (con o sin intención).
Sé cuál va a ser la respuesta de muchos de mis amigos «no-digitales». «Es que nos la suda, Raúl». Vale. Pero a Google le han dado el Príncipe de Asturias… no por nada. Es el nuevo amo del mundo digital, fuente de información personal en la que merece la pena hacerse un hueco.

Curiosidades SEO

Hoy estaba comentando con Inma Bermejo que a veces me planteo solicitar que alguien me haga una «consultoría SEO» sobre este blog; nunca he me he preocupado demasiado por el tema, y quizás podría ser una vía de incrementar el tráfico. ¿Para qué? Pues para tener, mejor que sobre que no que falte, ¿no?
El caso es que ella me decía que al final esto del SEO tiene mucho que ver con atacar a la «long tail», la larga cola: que en las palabras muy competidas es muy difícil entrar, pero que hay campo para muchas otras. Y leñe, qué razón tiene. Os cuento mi caso.
Hace un par de años, en pleno proceso de reflexión personal, escribí sendos posts analizando las que consideraba que eran mis fortalezas y mis debilidades como profesional. Bueno, vale, he escrito muchas cosas a lo largo de estos tres años y medio (¿ya?).
El caso es que estos posts hicieron fortuna. Sin hacer ruido. Pero a día de hoy, dos años después, tenemos la siguiente situación: de las 32.142 páginas vistas que sirvió este blog en los últimos 30 días, 2.787 (8,67% del total) corresponden a la página de debilidades, y 2.157 (6,71% del total) a la de fortalezas. Es decir, que más del 15% de mi tráfico está generado por estas dos páginas.
Sin tener ni pajolera de SEO, sin haber hecho nada… el post sobre debilidades es número uno en google, y el post sobre fortalezas es el número 2. Ya, ya imagino que son palabras sin mucha competencia, y que si alguien quisiera posicionarlas podría quitarme ese puesto. Pero de momento, ahí están. Y más de 5.000 páginas vistas todos los meses, es decir, 5.000 personas que vienen a ver mi blog. Si te las imaginas en fila… son unos cuantos.
¿Y qué hago yo con ese tráfico? Pues nada. ¿Qué podría hacer? Pues no lo sé. Hasta me he planteado escribir un ebook sobre el proceso de análisis de fortalezas y debilidades, a ver si le sirve a alguien.

Discapacitados, accesibilidad y sinsorgadas

Para los más despistados, una sinsorgada es algo propio de un sinsorgo: «Insustancial y de poca formalidad»
Vaya por delante mi total y obvio respeto por las personas con discapacidad, y mi total apoyo a las medidas que faciliten su integración en la sociedad, la accesibilidad, etc. Es justo y necesario. Pero también, digo yo, con un poco de sentido común, ¿no?.
Esta foto es de una sucursal de Bankinter aquí, en Aranda de Duero. Lo que se ve es la entrada a la sucursal con sus dos escalones, y al lado una voluminosa plataforma preparada para facilitar el acceso con silla de ruedas a la sucursal. Que está muy bien, imagino, pero… ¿no hubiera sido mucho más fácil, más barato, más cómodo de usar para todos, más sencillo de mantener… UNA RAMPA PARA SALVAR EL DESNIVEL?

Plataforma acceso discapacitados

Esto me recuerda el clásico «sucedido» que contaban sobre los astronautas americanos, que al darse cuenta de que por efecto de la gravedad los bolígrafos no escribirían en el espacio, contrataron a unos prestigiosos consultores que al final de arduas investigaciones y un costoso proyecto acabaron por desarrollar un dispositivo que escribía en ausencia de gravedad… mientras que los rusos utilizaron lapiceros (aunque, por lo visto, lo de usar lápices tenía sus contraindicaciones…)

De las huelgas y las subvenciones

Llevaba unos días con ganas de dar mi opinión sobre la huelga del transporte, que en realidad es extrapolable a cualquier situación en la que un colectivo se queda mirando (o, peor aún, coacciona) a Papá Estado para que le saque las castañas del fuego.
Pero hoy he visto este video de Sin Accesorios (Subvenciones, paros y huelgas)… y ya poco más tengo que añadir.
Cuando las vacas son gordas, los beneficios «a la saca». Cuando vienen las vacas flacas… a cortar las carreteras, a agredir a los trabajadores, a manifestarse, a hacer lobby… hasta que el Estado (o sea, todos) claudique y subvencione. Hablamos del transporte, pero podíamos hablar de las constructoras, de los bancos, de los especuladores inmobiliarios que querían forrarse vendiendo su piso…
Señores; si suben sus costes, trasladen esos costes al precio final de sus servicios. Si resulta que a esos precios tienen menos trabajo… pues mala suerte. Cambien de actividad a otra que sea más rentable. ECONOMÍA DE MERCADO, se le llama. Si no pueden subsistir económicamente… es que probablemente no hagan falta en el sistema económico (si fueran necesarios, seguro que la gente paga lo que les pidan). O haber ahorrado cuando ganaron dinero (que ahí poco se les oyó diciendo «oigan, yo voy a pagar un dinero extra a Hacienda que, como gano mucho… para ser solidario»).
Sí, lo sé; al final, por una vía o por otra, acabamos pagando los mismos. Bien sea por impuestos, bien sea por mayores precios. Pero ¿sabéis que? Que si es por la vía de los precios, como consumidor sigo manteniendo la suprema decisión de comprar, o no comprar. Y, a través de esa decisión, hago que subsistan los bienes más necesarios, y desaparezcan los menos necesarios. Que subsistan las empresas más eficientes, y que desaparezcan las ineficientes.
Pero por la vía de la subvención, ese poder me lo roban. Y se da «café para todos», y se mantienen empresas y sectores que no sobrevivirían por sí mismos bien porque no tienen demanda suficiente, bien porque no ofrecen un buen producto, bien porque son ineficientes.
Ah, no, y que nadie me venga con la demagogia de las «pobres familias» y la «solidaridad». Porque aquí sólo hay solidaridad para los que más gritan, para los que más daño hacen, para los que no les importa boicotear un país o tomar como rehenes a los ciudadanos para favorecer SUS intereses. «Hoy por ti, mañana por mí…» pero ocurre que cuando me toca a mí (y me quedo sin trabajo, o me sube la hipoteca, o tengo que pagar diez mil pelas cada vez que lleno el depósito del coche), no hay nadie al otro lado.
Como bien dice Juan Martín… ¡a mamarla!