El doble de Bisbal

El doble de Bisbal

Durante las vacaciones, paseando por Noja, vi este cartel y no pude resistirme a fotografiarlo. Era el cartel anunciador de las fiestas de un pueblo cercano, para las que uno de los reclamos principales era la actuación… de «El doble de Bisbal». Ismael Monteagudo, un chaval que lleva varios años (por lo que veo) recorriendo España haciendo conciertos-imitación a los del triunfador absoluto (aunque no ganara) de Operación Triunfo 1.
Me hizo pensar en esta estrategia de «ser el doble de», en ser el «imitador». Por un lado, una estrategia interesante en el corto plazo: si no fuera imitando a Bisbal, posiblemente este chico no hubiera podido dar todos esos conciertos ni atraería ninguna atención por sí mismo. Por lo tanto, actuar como «el doble de» le ha permitido ganar unas perrillas, lo cual no está mal.
Pero… ¿y el largo plazo? Durante todo este tiempo… ¿qué ha construido este chico para sí mismo? ¿En qué medida ha fortalecido su propia imagen? ¿Qué pasará el día que Bisbal se retire, o que caiga en desgracia? Ser «el doble de» implica hacer una apuesta muy fuerte a un único número, y ligar el propio devenir al del imitado.
Aunque quizás tampoco sea para tanto. Quizás este chico tenga su propia vida profesional en otro ámbito, y travestirse en Bisbal es simplemente un pasatiempo de veranos y fines de semana, y no aspire más que a aprovechar el tirón durante estos años jóvenes para pasárselo bien y tener unos ingresos extra.
Pero si trascendemos a este doble de Bisbal… ¿cuántos «dobles de» hay en el mundo? ¿cuántos que, en vez de crear su propio camino, formar su propio personaje… simplemente se conforman con imitar a otros?

Productizar o paquetizar servicios

He de reconocer que, así como lo de «paquetizar» me suena medio bien, lo de «productizar» me chirría un montón. Pero si el maestro Medinilla lo usó («recurrencia, señores, recurrencia… Hay que productizar»), quién soy yo para resistirme a hacerlo…
Leyendo aquel post de Ángel me surgieron sensaciones contrapuestas. Hablaba él de cómo ha definido un nuevo «paquete de servicios» de forma que «cada cliente puede optar en cada momento por uno de los productos, combinaciones de dos o el paquete completo». Es decir, lo que hacía era coger una serie de servicios heterogéneos, paquetizarlos, ponerles un lazo, y venderlos como un todo.
¿Y por qué mis sensaciones ambivalentes? Porque por un lado, mi concepto de consultoría tiene mucho que ver con diseñar un traje a medida: sentémonos, déjame que entienda tu problema y que te proponga una solución adaptada a ti. Pero racionalmente entiendo las ventajas de diseñar esos «paquetes cerrados»: ventajas a la hora de la producción (no tanto como en un proceso industrial, pero aquí también se producen economías de escala) y también de la venta. Los clientes suelen preferir uno de esos productos «prêt-á-porter» antes que pasar por el proceso de configurar una solución a medida.
Podemos ver ejemplos de esto allá por donde vamos: si compramos un coche lo hacemos con «la gama stella» (que incluye x, y, z…); si vamos a lavar ese mismo coche podemos optar por el lavado normal, el superior o el extra; si vamos a un sitio de comida rápida podemos tomar el menú McLoquesea, si compramos un ordenador le añadimos el equipamiento «pro», si contratamos unas vacaciones podemos contratar el «paquete Caribe», etc, etc.
Sí, luego siempre hay un porcentaje de personas que sobre la opción paquetizada hace pequeñas modificaciones: mi hamburguesa sin tomate, ponle lunas tintadas, añadele una tarjeta gráfica, quiero una cama supletoria en el hotel, encerado extra. Pero el proceso esencial tanto de la producción como de la venta se hace sobre la base del producto paquetizado.
¿Conclusión? Pues que es bueno paquetizar los servicios, aunque filosóficamente pueda chirriar un poco. Es bueno para la rentabilidad, es bueno para la venta. Así que no hay discusión posible. En ello andamos.
Foto | Aprilandrandy

Un consejo para los jóvenes

Siempre viene bien escuchar a los que están de vuelta. Como Chisco Olascoaga, un hombre de 67 años que fundó Entel (por cierto, tienen blog corporativo) cuando tenía 62, tras casi cuarenta años de carrera profesional. La pregunta, en esta entrevista en El País, era «¿Qué les aconseja a los jóvenes que se abren camino?»

Lo principal es que se conozcan a sí mismos para saber qué estilo de vida quieren llevar. A partir de ahí, les animaría a que investigaran, experimentaran y reflexionaran con el fin de encontrar una pasión personal y profesional compatible con el estilo de vida elegido. Porque una cosa es lo que nos han dicho que tenemos que hacer y conseguir, y otra muy distinta lo que nos conviene y nos gusta de verdad.

Las lecciones del caso Referenta

Hoy ha salido a la luz lo que podríamos llamar el «Referentagate» o «el caso Referenta». Pero vayamos por partes.
Referenta es un proyecto que se puso en marcha hace unos meses, tras el cual estaban gente como Jero Palacios o José Antonio Gelado (de los que tengo buena opinión en líneas generales). Estuvieron un tiempo tramándolo en silencio, y finalmente salió a la luz con vocación de ser un sitio con contenidos tecnológicos elaborados en profundidad (artículos más largos y trabajados de lo que suelen ser habituales como norma general en los blogs comerciales), y con un interesante componente de red social. El resultado no estaba mal: más allá de que yo no fuese lector habitual (temáticas muy alejadas de mi día a día) sí me parecía percibir ese «toque diferente» en los contenidos.
El caso es que hoy nos enteramos de que el equipo fundador de Referenta ha sido apartado de la web y, tras un par de semanas sin actualizar el sitio, aparecen un par de noticias verdaderamente patéticas (un cortaypega, una nota de prensa y un post de dos párrafos) elaboradas por personas diferentes al equipo habitual, y un comunicado del anterior equipo de Referenta explicando que ellos no tienen nada que ver con eso.
Ya en algunos posts se deja entrever el fondo de la situación: los accionistas mayoritarios (que no eran el grupo fundador, sino unos socios «capitalistas» con posición muy mayoritaria en el capital; algo que a mí me ha pillado por sorpresa, porque había asumido que la empresa era del equipo) no estaban de acuerdo con la línea editorial de «pocos artículos bien trabajados» y querían cambiarla por «muchos y menos trabajados», y lo mejor que se les ocurre es apartar de la noche a la mañana al equipo original.
Sin saber más de lo que he leído por ahí (y por lo tanto con riesgo de «pasarme de frenada» con alguna reflexión), se me vienen a la cabeza estos puntos reseñables en la situación, a modo de lecciones:
Lección 1: las empresas son de quien tiene más acciones
Así, sin más. Quien tiene más acciones, toma las decisiones. No importa que haya socios minoritarios (o incluso no socios) que sientan que la empresa es suya, porque no lo es. No cabe llevarse las manos a la cabeza por algo así.
Lección 2: no actúes como si la empresa fuera tuya cuando no lo es
Ligada directamente a la lección 1. No merece la pena poner toda tu pasión, todo tu esfuerzo, dar la cara o pelearse hasta la extenuación por un proyecto que no es tuyo. Porque cualquier día, el dueño real del proyecto te da una patada, y de nada vale ser el «dueño moral». Si lo haces, le estás haciendo el trabajo sucio a otros.
Lección 3: si realmente amas el proyecto, no entregues el control de tu empresa
Algo que es a veces difícil de cumplir. El dinero es importante, pero tiene un coste. Y no sólo en términos de intereses, sino de someterse a la voluntad y al control de otros que no eres tú, que te imponen por dónde debe ir tu proyecto. Entonces, el proyecto deja de ser tuyo. Hay otras vías de financiación que no pasan por entregar el control. Y si lo entregas, entonces asume las lecciones 1 y 2.
Lección 4: de verdad, antes de entregar el control, valora si es necesario
Teniendo en cuenta lo anterior, creo que entregar el control debe ser la última opción. Y aquí creo que los chicos de Referenta cometieron un error. Sin duda, con dinero todo se hace más fácil (se hace un diseño molón, se programa una herramienta desde cero, se paga a los editores desde el minuto 1…), pero se asumen unas servidumbres importantes. ¿Hubiera podido Referenta nacer y desarrollarse sin esa inversión inicial? Yo creo que sí, otros lo han conseguido antes. Quizás hubieran tardado más, o los editores tendrían que haber trabajado «de gratis» al principio, o hubieran tenido que conformarse con algo menos que una plataforma a medida. Pero… el proyecto hubiera sido suyo y lo hubieran llevado por donde ellos querían.
Lección 5: si no hay más remedio que entregar el control, cuidado con quién lo haces
Supongo que esto es fácil decirlo a toro pasado, y que ellos pensarían que eran perfectos. Pero viendo cómo se ha desarrollado la historia… ¿realmente estos socios eran los más indicados? Quizás hubiera sido mejor tardar un poco más en encontrar al socio adecuado (alguien de quien te puedas fiar, que confíe en el proyecto, que no actúe de cualquier manera). Ése es un trabajo que puede llegar a costar años, pero seguro que hay gente así.
Lección 6: las formas son importantes
Hay formas y formas de hacer las cosas. Se puede llegar a una situación en la que hay intereses contrapuestos, se puede llegar al punto de decir «aquí el que manda soy yo y ésta es mi decisión». Pero no hay que perder nunca los papeles: las cosas se explican con respeto y se busca la mejor salida posible, un plan de transición razonable (aunque cueste algunos euros más)… y que cada uno siga su camino. Pero cerrar este tipo de situaciones a portazo limpio dice poquísimo de quien lo hace.
Lección 7: ¡es el talento, idiota!
Igual piensan los accionistas de Referenta que ahora podrán hacer con el proyecto lo que quieran. Pero no, simplemente han matado lo mucho o poco que hubieran logrado hasta ahora. Un proyecto así (prácticamente cualquier proyecto) se sostiene esencialmente de talento y pasión. El dinero es (a veces; no siempre) necesario, pero no es nunca suficiente. Es un commodity. Lo que hace que un proyecto destaque no es el dinero. Con su actuación, han eliminado el «alma» de Referenta. Ahora tienen un dominio y un archivo de noticias de unos meses, una fea reputación… y poco más. Tienen dinero, pero no tienen proyecto ninguno.
Bonus track: ¿era sostenible el modelo que proponían en Referenta?
No sé lo que buscaban los accionistas de Referenta: visibilidad, notoriedad, páginas vistas… lo que parece claro es que el enfoque de «pocos posts, muy profundos» no les estaba convenciendo. Puede que haya sido falta de paciencia… o puede que mi teoría de que los blogs comerciales sólo se sostienen con muchas entradas de perfil medio no ande tan desencaminada. Mi sensación es que una apuesta como Referenta podía convertirse en un «blog de culto», pero no en un medio masivo con millones de páginas vistas.
En fin, una situación feucha en la que lamento que se haya visto envuelta gente a la que le tengo cierto aprecio. Pero, aunque suene feo, también nos puede servir a todos para escarmentar en cabeza ajena; creo que aparte de una actuación cuestionable (sobre todo en las formas; en el fondo ellos sabrán lo que quieren para su empresa) por parte de los accionistas de referencia en la web, también ha habido un punto de ingenuidad o de expectativas equivocadas en el equipo, lo cual supongo que hace que duela más el desengaño.

Los problemas de los diseñadores

Llego vía Lucas a este video que me ha resultado muy ilustrativo de las penalidades que sufre un diseñador. Yo no soy diseñador, o igual sí, un poco. En mi último proyecto he jugado a veces el papel del diseñador (teniendo que asumir los requerimientos evolutivos, crecientes y a veces contradictorios del cliente; y escuchando el célebre «está guay, pero…»), y a veces el papel del cliente tocapelotas (pidiendo cambios adicionales sobre el briefing inicial que yo mismo había hecho); y la mayor parte del tiempo, ejerciendo la labor de «correa de transmisión» y a la vez de «árbitro» entre cliente y diseñador/desarrollador.
Lo cual me permite alcanzar un cierto entendimiento de todas las partes. Entiendo al cliente al que le resulta imposible dar por cerrada la parte de especificaciones (porque siempre hay algo más de lo que te das cuenta después, cosas en las que no caes hasta que las ves negro sobre blanco, o siempre hay alguien que opina a destiempo), o que se ve sometido a presiones para contentar a mucha gente a la vez. Y también entiendo al pobre diseñador (o, haciéndolo más amplio, al equipo de desarrollo) que ve cómo las especificaciones cambian cada dos por tres (a veces de forma totalmente contradictoria) invalidando el trabajo realizado hasta el momento, obligando a replantear cosas (pero manteniendo las fechas de entrega, claro), y viendo cómo el cliente no valora el impacto de cada una de sus nuevas «ideas felices».
Pero sobre todo, sobre todo, entiendo al pobrecito que está en medio, intentando comprender a las dos partes y equilibrar los intereses de todo el mundo: por un lado haciendo que el cliente vea atendidas, dentro de lo razonable, sus expectativas; y por otro lado procurando «proteger» en la medida de lo posible al equipo de diseño y desarrollo. El problema es que eso se hace a base de «templar gaitas», de peleas y enfrentamientos (al cliente le tienes que decir, en algún momento, que entiendes sus demandas pero que no es posible; y al diseñador o desarrollador le tienes que decir, en algún momento, que entiendes que es una putada pero que hay que hacerlo y punto), de gestionar las renuncias de cada una de las partes (para dejar «moderadamente satisfecho» a todo el mundo todos tienen que ceder, lo cual implica que también estarán «moderadamente insatisfechos»).
Malabarismos que desgastan un huevo, una labor de fontanería poco agradecida con la que, si has hecho bien tu trabajo, nadie va a estar nunca 100% contento.

El camino alternativo

No es mala guía para un camino alternativo:

Es complicado que te dejen hacer las cosas como tú quieres y con quien tú quieres. Además, el tema económico no compensa por todas las cosas que tenía que hacer sin querer hacerlas. La gente me para por la calle y me pregunta si se me ha ido la olla, pero cuando les explico que estoy más cómoda y no me obligan a hacer cosas que no quiero hacer sí me entienden.

Ainhoa, ex-triunfita, en el Correo

Encaja con mi «no tienes por qué hacerlo» de hace unos meses. Supongo que por eso me ha llamado la atención. Por cierto, me gustaba Ainhora aquel año, aunque yo era más de Miguel Nández…

Malcolm Gladwell y su mismatch problem

Malcolm Gladwell conference

Me ha gustado mucho esta conferencia de Malcolm Gladwell (periodista y escritor de éxito; ver Malcolm Gladwell en la wikipedia) a la que llego por una nota de Luis Tic616.
En ella, Gladwell habla del que será el eje central de su próximo libro, el concepto al que él llama «mistmatch problem» (podríamos traducir como «el problema del desajuste»). Se refiere a varios ejemplos que demuestran cómo utilizamos en nuestros procesos de selección criterios que, en realidad, luego no tienen una correlación directa con el desempeño profesional. Habla de hockey, fútbol americano o baloncesto, pero también de profesores, policías o abogados: la correlación entre los considerados «factores de éxito» en estas profesiones (y las consecuentes «pruebas de selección») y el éxito real es prácticamente inexistente.
Argumenta dos grandes motivos para este fenómeno: por un lado, lo mal que convivimos con la incertidumbre. Preferimos agarrarnos a la presunta validez de unas pruebas determinadas (aunque luego se demuestre que en realidad no sirven para nada) que asumir que, simplemente, no hay forma de «predecir el éxito». Intentamos poner objetividad donde, probablemente, sólo haya subjetividad o «feeling». Poner certidumbre donde sólo hay incertidumbre.
Y por otro lado, plantea el hecho de que prácticamente en cualquier profesión, el nivel de complejidad y la velocidad a la que cambian sus circunstancias hace que apenas tenga sentido ninguna prueba basada en nuestra experiencia pasada (que quizás hace decenas de años, con un entorno y unas perspectivas mucho más estables, sí que sirvieran en cierta medida de «predictor del éxito»). Pone el ejemplo de los policías: hace 100 años la labor de la policía era, fundamentalmente, dedicarse a arrestar borrachos, luego tenía sentido contratar a tíos físicamente imponentes. Pero ahora la policía tiene otro rol («es un trabajo de relaciones, la mayor parte del tiempo la pasan tratando de resolver pacíficamente incidentes»), y de hecho no acertamos a intuir cuál va a ser el papel del policía en otros 20 años. Por lo que seguir seleccionando con el mismo criterio («tíos físicamente imponentes») es imposible que dé un buen resultado.
En definitiva, interesante el concepto e interesante la charla

Starbucks y Caprabo: dos formas distintas de ver las cosas

Este (alucinante) video pertenece a una campaña llamada refrescatuverano.com que está poniendo en marcha Starbucks con la ayuda de YKS (y en la que está involucrado Roger Casas-Alatriste). El otro día, nos invitaron a unos cuantos a un evento «Frapuccinos&vlogs» en Madrid (con barra libre en Starbucks incluída) para contarnos de qué iba, con una campaña viral en youtube (que a mí no me ha hecho mucho chís, pero que ha tenido sus adeptos) y una web para facilitar que los usuarios suban sus videos contando «cómo refrescan sus veranos».
El caso es que me llama poderosamente la atención este video, sobre todo en contraposición con lo sucedido hace unas semanas con unos empleados de Caprabo que bailaban el chikichiki. Empresa 1 (Caprabo) suspende de empleo y sueldo a unos empleados por hacer el chorra y difundirlo en internet. Empresa 2 (Starbacks) fomenta que sus empleados hagan el chorra (con paraguas y bolsa de papel en la cabeza), lo graben en video y contribuyan a una campaña de marketing.
¿Dónde habrá mejor ambiente? ¿Y cuánto de ese buen ambiente se trasladará a los clientes?

Uniformados con traje y corbata

Estupenda reflexión de Andrés Pérez sobre los trajes y las corbatas

¿En que se diferencia el aspecto de los ciudadanos de la china maoista de cualquier zona de negocios de una gran ciudad? […] cuanto más reglamentado es el oficio y hay menos grados de libertad, más importancia tiene el uniforme

Uniforme. Uni-forme. Una forma. Que nadie destaque. Todos iguales. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Quién gana con esta estrategia, aparte de los sastres?
Desde que me alejé del mundo corporativo, los trajes han quedado para las bodas. No los echo de menos en absoluto.