¿Qué trabajo me pega?


Empecé en twitter en 2007. Desde entonces han pasado más de 10 años, y casi 43.000 tuits. Me atrevería a decir que nadie se los ha leído todos, pero a poco que hayan visto una fracción creo que pueden haberse hecho una idea de mí. Al fin y al cabo, la gracia de twitter es que con su formato de frases cortas animan a lanzar pensamientos «según vienen», sin el proceso de preparación, filtro, edición… que suele afectar a formatos más largos.
El caso es que el otro día se me ocurrió lanzar un experimento. Decía así:

Te pido, follower, que respondas a estas preguntas: ¿Qué tipo de trabajo crees que me encaja mejor? ¿En qué tipo de empresa? ¿Haciendo qué labores? No importa si me conoces de hace mucho o de hace poco, «solo de twitter» o de algo más. Me interesan todas las ideas, ver cuál es la imagen que te has hecho de mí.

Llegaron un puñado de respuestas, que paso a reseñar:

  • Alberto Corsín: «Conociéndote de aquí nada más, algo rollo coaching pro/estrategia/cultura en un sitio donde eso no sea tenerlo por tenerlo sino que sí se tenga en cuenta»
  • Bea Jiménez: «En cualquier empresa mediana/grande, como responsable de organización (de que las cosas fluyan, vamos)»
  • Quintinillo: «Yo te veo en colegios e institutos inculcando nuevos metodos de aprendizaje a profesores y alumnos.»
  • Juan Luis Hortelano: «Yo creo que te encajaría algo alrededor de la responsabilidad social corporativa. O en innovación. Pero te tienen que dejar trabajar, y eso es lo jodido»
  • Alejandro Nieto: «Coach? Formación? Procesos? Algo así»
  • Thibaut Deleval: «Yo te veo encargado de montar el plan para acompañar a hordas de prejubilados en un grupo grande tipo Santander (ayudar a que se reinventen/reciclen)»
  • Javi Consuegra: «Pues yo te veo con gente joven/juniors/becarios…mentorizando sus primeros meses en las empresas para que «aprendan a trabajar»…»
  • Fotógrafaporamor: «Vendiendo coches»
  • Ovidio Vidal: «No se si existe o no ese puesto, pero serias la conciencia de la empresa, el que busca la coherencia en todos los procesos de esta. Antes, durante y despues»
  • Esteban Viso: «Es difícil porque no sé si existe el puesto… Te veo como un «faro» para altos directivos: el tío que se encarga de que la estrategia de la empresa se mantenga con los pies en la tierra, poniendo el valor en el equipo humano y la formación adecuada.»

Es muy interesante, y también puede llegar a ser muy sorprendente, conocer «cómo te ven» desde fuera. Ya lo había hecho en alguna ocasión en el ámbito de un proyecto, y otra vez en redes sociales (en aquella vez era «descríbeme con una palabra«) aunque esta vez pretendía concretarlo mucho más en un «puesto de trabajo». Te refuerza en algunas de tus visiones, y a la vez desafía otras que puedas tener. En todo caso, te hace pensar.
Qué valor puedo aportarle yo a una organización o a un proyecto es algo a lo que no he dejado de darle vueltas a lo largo de los años. Curiosamente, varias de estas respuestas enlazan con una reflexión que hice hace unos meses:

«Creo, sin falsa modestia, que por mis características puedo ser muy valioso dentro de una organización o proyecto. Tengo visión de conjunto, y “me entiendo” con perfiles muy distintos. Hablo “sistemas”, hablo “finanzas”, hablo “RRHH”, hablo “operaciones”, hablo “estrategia”. Soy de construir consensos y de tender puentes, más que de buscar conflictos. Tengo buenas dotes de análisis y de síntesis, lo que me permite poner el foco en lo importante, y mantener ese rumbo sin dejar que los detalles te acaben desviando. Comunico bien, y creo que soy muy “tratable” y cercano en las distancias cortas lo que me ayuda a “ganar adeptos” para la causa, y a trabajar “resistencias” cuando aparecen. En resumen, un perfil transversal que ayuda a que las cosas fluyan dentro de una organización, un “lubricante”. Una amiga y ex-compañera me definía como “el muelle” que hacía que las distintas partes del mecanismo funcionasen mejor entre ellas, que aportaba coherencia y visión de conjunto; siempre me sentí identificado con esa metáfora.»

Ahí están la coherencia, ahí está el «hacer que las cosas fluyan», ahí está el «mantener los pies en la tierra». El problema es que hay un «pero». Como dicen Ovidio o Esteban, «no sé si existe ese puesto«.

«La paradoja reside en que este valor es difícil de vender. Se manifiesta y florece una vez que estoy dentro de un proyecto o de una organización, pero no es un buen argumento de entrada. Las empresas tienden a buscar “posiciones” (sea un “director de RRHH”, un “jefe de proyecto especializado en no sé qué tecnología”, etc.), y se centran en personas que “aporten experiencia acreditable en posiciones equivalentes”. O buscan un consultor “para hacer un proyecto concreto”, y restringen su búsqueda a los que se declaran “especializados” en ese ámbito. Y ahí mi perfil no destaca, mi valor no es evidente. Lo cual hace difícil “meter el pie” y empezar a hacer lo que sé hacer, mientras que otros con un perfil menos valioso pero más “concreto” pasan por delante de mí.»

Otra rama de las respuestas habla de algo que, hasta estos últimos meses, he pasado por alto: el «coaching«. De forma más genérica, o más concreta. No es la primera vez que me lo dicen, y ése es uno de los motivos por los que últimamente le estoy prestando una atención más consciente a esa materia:

Cuando comparto reflexiones sobre mi trayectoria profesional, hay personas que me lanzan una idea: que me ven en el rol de “coach”. Es algo a lo que intuitivamente le tengo cierto recelo, pero cuando no son una ni dos ni tres las personas las que te lo dicen, empiezas a darle alguna vuelta más. Lo cierto es que siempre me ha gustado ejercer una cierta labor de “referente”. Me gusta que otras personas se acerquen a mí porque sientan que les puedo aportar algo.

En fin, lo dicho, un experimento interesante. ¡Agradecido quedo a todos los que contribuyeron a él! Y si alguno más se anima a profundizar en comentarios, yo encantado 🙂

[Entrevista] David Barreda y los profesionales prescindibles


Un nuevo episodio del podcast de Skillopment, en esta ocasión con David Barreda. David es consultor, formador y coach, y es el autor del blog procesosyaprendizaje.es. David escribió hace unas semanas un post con el que me sentí rápidamente identificado, y que fue el germen de esta conversación, y que venía a advertirnos de que todos somos profesionalmente prescindibles. ¿Cómo gestionar esa incertidumbre, esa espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas?
Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 00:26 David nos cuenta su experiencia en procesos de intervención tanto individuales como colectivos. Hablamos de la importancia de «lo humano» en esos procesos de transformación, y de cómo contrasta esa necesidad con la absurda deshumanización del management que muchas veces impera en las organizaciones. Y no lo planteamos desde una visión «buenista» y «buenrollista», si no directamente desde una visión de eficacia y de beneficios reales.
  • 07:02 Desarrollamos la idea de los profesionales prescincibles, una realidad incómoda a la que a todos nos toca enfrentarnos. Hablamos de las creencias («el trabajo para toda la vida», «si no me quieren es porque no valgo», etc.) que nos dificultan afrontar esa realidad con un enfoque positivo, y de dónde nacen esas creencias (con especial mención al sistema educativo). Vemos cómo tenemos tendencia a la evitación (en cierta forma natural, porque entran en juego los miedos, las resistencias al cambio, los apegos a lo que nos da seguridad…), y hablamos de cómo enfrentar todo eso a base de tomar conciencia, activar nuestra voluntad para actuar y diseñar una estrategia de acción.
  • 19:54 La importancia de determinar tu propuesta de valor profesional: analizar qué competencias tienes, qué problemas puedes resolver con esas competencias, identificar dónde es útil, para quién es útil… Hablamos de las dificultades de este proceso, y de cómo enfocarlo. Mencionamos Business Model You, y la importancia de asumir que «generar valor para alguien» es la piedra angular sobre la que construir esa propuesta.
  • 26:40 Hablamos sobre las dificultades de analizarse/valorarse uno mismo en un entorno de tanta inestabilidad. David advierte contra el riesgo de que la precariedad externa contamine nuestra percepción interna: que el entorno sea VUCA no quiere decir que nosotros seamos personas VUCA. A veces nos puede la impaciencia, la inquietud, la angustia por no poder controlar el resultado… pero no debemos dejarnos llevar por esas sensaciones. Debemos ser conscientes de que tenemos que actuar, y de que aunque no tengamos control sobre el resultado sí podemos tener control sobre nuestras acciones, asumiendo en todo caso que es un proceso de exploración que cada uno hace a su ritmo, en sus circunstancias, generando hábitos…
  • 33:30 ¿Qué hábitos y actitudes son relevantes para afrontar este entorno? Mencionamos la capacidad de estar abiertos al aprendizaje, de generar habilidades como elemento clave para la adaptación. También la necesidad de pararse y observar. Y de «aprender a estar incómodos», de someterse paulatinamente a situaciones incómodas para entrenar ese músculo. David apunta a la importancia de que la persona perciba un beneficio claro en todo ello (tanto «a futuro» como también en el corto plazo) porque si no nuestra impaciencia, nuestra inseguridad… harán que abandonemos el proceso.
  • 43:50 Hablamos del papel de la formación dentro del proceso de aprendizaje, entendiendo que éste es mucho más amplio (es necesario que empiece antes, con la motivación y la inquietud por aprender; y cristaliza después, cuando esa «instrucción» recibida se hace tangible en nuestro día a día), y que por lo tanto la formación no es suficiente (y en muchos casos, ni siquiera necesaria).  Comentamos también dos elementos fundamentales para una formación eficaz: que los beneficios obtenidos sean mayores que el coste, y que la experiencia formativa sea más satisfactoria que la incomodidad que asumimos; y la importancia de dedicar tiempo al diseño de la formación para que estas condiciones se cumplan.
  • 58:27 David nos habla de la estrategia de la hormiga: la necesidad de irse capitalizando poco a poco, día a día, para poder cubrirnos en el futuro. Pero para que esa estrategia sea sostenible es importante también disfrutar del proceso.
  • 1:00:14 Hablamos sobre los condicionantes para el aprendizaje, la falta de tiempo… y precisamente por eso en la importancia de ser tremendamente efectivos en el tiempo/esfuerzo que dediquemos al aprendizaje. Reflexionamos sobre nuestra ausencia de habilidades para ser eficaces en el aprendizaje, la oportunidad perdida del sistema educativo para proporcionarnos esas herramientas, y la importancia de diseñar nuestros procesos de aprendizaje para que sean eficaces.
  • 1:08:10 David plantea una realidad clave: a la gente le gusta sentirse útil, y adquirir conocimientos para resolver problemas. Es más, añado yo, la realidad es que estamos continuamente aprendiendo cosas, cuando estas cosas efectivamente nos resuelven problemas. Es prácticamente imposible «no aprender», la cuestión es que ese aprendizaje sucede cuando alguien es consciente de un problema (por sí mismo, no porque otros le digan que lo es) y tiene la inquietud por resolverlo.
  • 1:11:52 Hablamos sobre el carácter «personal e intransferible» del aprendizaje, y la necesidad de que desde la formación se asuma esa realidad, fomentando por un lado la autoresponsabilidad con los procesos de aprendizaje y también facilitando espacios (a veces más implícitos y otras más explícitos) para que cada persona adapte los contenidos a sus circunstancias.

13 años de blog: suma y sigue

«Pasito a pasito, suave, suavecito…»
Y así es como van pasando los días, y los posts, y se llega a tener un blog de 13 años. Un periodo en el que el blog ha evolucionado, igual que lo ha ido haciendo su dueño, igual que lo ha ido haciendo la tecnología, igual que lo ha ido haciendo el mundo. 13 años de pensamientos, ideas, reflexiones, conexiones… quién me iba a decir, aquel 15 de diciembre de 2004, que aquel experimento iba a enraizar de forma tan profunda hasta convertirse en una parte de mí.
Nunca me ha gustado especialmente dividir el tiempo en trozos, ni darle relevancia a las fechas especiales. El tiempo es fluir. Hoy es el día 4749 del blog. Mañana será el 4750. Suma y sigue.
Gracias por la compañía 🙂
PD.- Este año, a modo de regalo, he creado una página en Facebook relacionada con el blog para ir publicando cosas allí.

Aprender o no aprender: costes y beneficios

Pesas
«¿Por qué no aprenden? ¡Yo quiero que aprendan!». Vale, quizás no se exprese así de claro, pero ese sentimiento está detrás de no pocos razonamientos que escucho: en profesores, en padres, y también en empresas. Queremos que otros aprendan cosas, y cuando no lo hacen nos frustra.
Y eso, claro, porque es más fácil hablar de otros que de nosotros mismos. Tendemos a mirar para otro lado cuando somos nosotros quienes fallamos en nuestros propósitos de aprendizaje.
Aprender, como tantas otras cosas en la vida, tiene mucho de análisis (muchas veces inconsciente) de coste y beneficio. Hacemos las cosas cuando los pros son más fuertes que los contras. Pero ah, amigo, los pros y los contras tal y como nosotros los vemos, de forma completamente individual y subjetiva. No cuenta la valoración que pueda hacer un externo sobre «lo que nos conviene» o «lo poco que te cuesta». Somos cada uno de nosotros los que ponemos cosas en cada lado de la balanza, les atribuimos pesos… y en función de eso actuamos.

Los costes de aprender

«El saber no ocupa lugar», dice la sabiduría popular. Bueno, quizás «lugar» no ocupe (y hasta eso es discutible), pero sin duda tiene costes:

  • Dinero: no siempre, pero muchas veces sí. Pagar un curso, comprar unos libros… hay un coste directo y evidente ahí. Contante y sonante.
  • Tiempo: puede que no cueste dinero, pero aprender siempre requiere dedicación. Horas destinadas a la adquisición de conocimientos, a la exploración, a la lectura, a asistir a clases, a hacer ejercicios, a practicar, a repasar…
  • El coste de oportunidad: aplica tanto al tiempo como al dinero. Porque lo que dediquemos a aprender, no podemos dedicarlo a otra cosa. ¿A qué le robamos el tiempo? ¿Al ocio? ¿A la familia? ¿Al descanso? ¿Al trabajo? Esto último… ¿es realmente así? Si hago un curso «en horario de trabajo»… ¿mis responsabilidades desaparecen, o se acumulan para que las atienda más tarde?
  • El esfuerzo: por definición, aprender implica «salirse de lo conocido». Literalmente, obligamos a nuestro cerebro a salirse de las pautas neuronales ya establecidas y a formar otras nuevas. Eso es incómodo, y requiere esfuerzo. Nuestra tendencia natural es a transitar por el camino ya trillado. Lo necesario para aprender (el comprender lo desconocido, la repetición, la práctica…) implica andar cuesta arriba.
  • La torpeza: aprender implica fallar, equivocarse. Sentirse torpe. Una sensación desagradable cuando sucede en privado, y no digamos ya si sucede en público. Nuestro ego se resiente, no le gusta. Gestionar esa sensación es un coste en sí mismo.

Los beneficios de aprender

Obviamente, no todo son apuntes en el «debe». También podemos anotar unas cuantas cosas en el «haber»:

  • El disfrute del proceso: sí, aprender puede ser muy satisfactorio. Apela a nuestra naturaleza curiosa, y a nuestro cerebro le gusta «dar sentido» a lo que le rodea. Lo malo de esto es que el disfrute muchas veces es incompatible con la obligatoriedad, o con las fechas límite, con que sean otros los que decidan qué o cómo tengo que aprender…
  • La satisfacción de «saber más»: a nuestro ego le gusta sentirse importante. Sentirse listo. Sentir que «es mejor». Finalizado el proceso, siempre viene bien tener una medallita más de la que poder presumir. ¿A quién no le gustaría?
  • Las oportunidades: lo digo siempre, «cuantas más habilidades tengas y más desarrolladas estén, más probable es que tengas suerte». Esta mejora de tus probabilidades puede enfocarse en positivo (la posibilidad de que se te abran puertas: un ascenso, un nuevo trabajo…), o con una perspectiva defensiva (cuando vengan mal dadas, tendrás más recursos para enfrentar la situación).
  • Mejores resultados: lo que aprendes puede hacer que tu día a día sea más fácil. ¿Resuelvo un problema? ¿Trabajo de forma más eficaz? ¿Libero tiempo para otras cosas? ¿Vendo más? ¿Trabajo con más seguridad y menos estrés? ¿Destaco frente a los que me rodean? ¿Los demás me hacen más caso? ¿Consigo un retorno económico mejor, en forma de más sueldo, más facturación, bonus por resultados…?

Costes concretos, beneficios inconcretos

Y llegamos a la que probablemente es la madre del cordero de todo este razonamiento. Y es que mientras que los costes de aprender son muy tangibles y concretos, y se producen desde el primer minuto… los beneficios están en su gran mayoría en el terreno del «futuro deseable», lo cual hace que su peso en la balanza disminuya considerablemente. Sí, yo puedo creer que «aprender inglés» me abrirá una serie de puertas en el futuro… así en genérico… supongo… pero lo cierto es que las horas las tengo que dedicar ahora, el precio del curso lo pago ya, la incomodidad del aprendizaje la sufro durante todo el proceso… y los beneficios, si llegan, lo harán en el medio/largo plazo. Eso si llegan, que estamos hablando muchas veces de «probabilidades» y nadie me asegura el resultado.
Pongámonos en la piel de un adolescente, obligado a ir al colegio y someterse a horas sin fin de clases, más deberes, más estudiar para exámenes… con la promesa difusa de que «es por su bien» o «para prepararse para el futuro». Pongámonos en la piel de esa persona a la que sacamos de su trabajo para meterla en un aula a darle un curso de «no sé muy bien qué» mientras se le acumulan las tareas que tendrá que resolver a la vuelta. O en la de esa persona que después de la jornada laboral «se obliga» a ir a una clases, llegando tarde y cansado a su casa.
Ponte tú mismo a pensar en tus esfuerzos de aprendizaje, en cuáles son sus costes y sus beneficios, en cómo juegan cada uno de ellos en esa balanza. Piensa en los procesos que has cubierto con éxito, ¿por qué resultaron bien? Y en todos los que fallaron, a pesar de tu buena disposición… ¿en qué momento los costes ganaron a los beneficios?

Trucando la balanza

Si queremos promover, en nosotros mismos o en otros, procesos de aprendizaje exitosos… tenemos que considerar cuáles son esos costes y esos beneficios. Y en la medida de lo posible trabajar para que los costes sean menos costes (y no vale solo con «te pago el curso»), y para que los beneficios sean más tangibles y concretos, y se produzcan en el corto plazo.
De esta manera, haremos más fácil que el cálculo de coste/beneficio salga a favor, y el proceso salga adelante. Si no, se parará tarde o temprano.

[Entrevista] Cristina Chaus y los cangrejos ermitaños


Un nuevo episodio del podcast de Skillopment, en esta ocasión con Cristina Chaus. Cristina es la autora del blog Cangrejo Ermitaño, en el que vuelca reflexiones e ideas a partir de su experiencia como asesora/orientadora de formación. Me pareció que ese contacto de primera mano con ese momento de transición entre el mundo educativo y el «mundo real» tenía todos los ingredientes para darnos una conversación interesante… y así ha sido :).
Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.

Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:

  • 00:53 Cristina nos cuenta su experiencia como asesora/orientadora de formación, y qué ha observado a lo largo de los años desde esa posición privilegiada: mucha gente llena de vértigo e incertidumbre, buscando alguna certeza en forma de «la carrera que me dará trabajo» o «el máster que me asegure el futuro». Hablamos de cómo el sistema educativo nos tiene durante más de 20 años en un entorno de certidumbre para luego soltarnos a una realidad completamente diferente, y de la «crisis del cuarto de siglo» a la que eso aboca a mucha gente. Y de cómo «estudiar algo más» (¿otra carrera? ¿otro master? ¿más idiomas?) a veces no es más que la búsqueda (inútil) de refugio frente a la incertidumbre.
  • 08:10 Hablamos de las dificultades del aprendizaje preventivo, frente al aprendizaje que nace de un dolor, de resolver un problema.
  • 13:30 El mundo académico está basado sobre el concepto de «certificación». Cuestionamos hasta qué punto esas «certificaciones» reflejan adecuadamente o no el aprendizaje y la adquisición de habilidades. Y cómo el mundo corporativo sigue utilizando la titulitis, el CV… como indicadores la valía de una persona, y hasta qué punto eso tiene sentido en el mundo de hoy o no.
  • 21:50 Hablamos sobre por qué la incertidumbre es incómoda, y de cómo la aceptación de esa incertidumbre (y no su evitación) es el camino para poder adaptarse a ella. Y a partir de ahí, asumir las riendas del propio aprendizaje.
  • 26:12 Cristina plantea algunas habilidades importantes para navegar este entorno de incertidumbre: la capacidad de hacerse preguntas, de cuestionarse, y de reflexionar sobre cómo queremos que sea nuestra vida. Si no nos enfrentamos a esas preguntas (por incómodas que sean) nuestra vida será el producto de la inercia y de los elementos externos.
  • 37:50 Hablamos de los microaprendizajes como vía de crecimiento, frente a la tradicional oferta de cursos, másters y demás fuentes que obligan a grandes compromisos. Y cómo para poder hacer frente a tanta oferta es necesario tener muy claro lo que uno quiere y para qué lo quiere. Además, comentamos las ventajas de este tipo de aprendizaje más flexible de cara a la adaptación a una realidad en permanente cambio.
  • 45:19 Uno de los temas favoritos de Cristina es el «desaprendizaje«, la capacidad de deshacerte de cosas que te han servido hasta ahora (como la concha del cangrejo ermitaño) para poder hacer espacio a lo nuevo. Hablamos del apego, y de cómo nos puede llegar a frenar en nuestro proceso de crecimiento. Lo vinculamos también al minimalismo, y las dificultades que muchas veces surgen para deshacernos de «cosas».
  • 53:55 Recuperamos la importancia de la visión, de saber qué queremos aprender, por qué y para qué, de cara a mantener el rumbo de nuestro aprendizaje, en ve de dejarnos vencer por la pereza, la falta de motivación o deslumbrarnos cada vez por un aprendizaje diferente.
  • 59:36 Cerramos hablando del proyecto Cangrejo Ermitaño, de su origen a partir de la experiencia de Cristina y de su vocación de dar respuesta a la inquietud de las personas que se enfrentan a ese vértigo del que hablábamos al principio. Y de la dificultad de «hacerle ver» a quien tiene unas expectativas diferentes que ese mundo que esperaba… en realidad no existe.

Aprendiendo coaching: semanas 7, 8 y 9

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

Estas semanas empezaron con buenos propósitos: consolidar lo aprendido previamente, pasar contenidos a flashcards para poder revisar, y lanzar una iniciativa práctica de coaching.

Qué he hecho

  • Pasé contenidos a flashcards. Quizás lo más complicado sea reducir algunos contenidos a «conceptos concretos». Lo cierto es que tampoco he generado una buena rutina de repaso. El riesgo está en que los contenidos se diluyan…
  • Tuve una conversación con mi «guía» Alberto. Muy interesante porque estuve haciendo un ratito de coach con él, y me dio algunos feedbacks. También me reorientó de cara a continuar.
  • Tuve una segunda conversación en la que fui yo el «coachee». Estuvimos hablando de mi visión de futuro, y me ayudó a ver determinadas cosas. Es una experiencia interesante, porque a la vez que estoy siendo «sujeto» del proceso, también me permite ser «observador» (de las cosas que hace, etc.)

Aprendizajes

  • La importancia del «contrato», de conocer cuál es el objetivo del coachee tanto del proceso en general como de la sesión en particular. Especialmente porque es la «vara de medir», la «piedra de toque» que permite reconducir la conversación. «¿De qué manera encaja esto que estamos hablando con el objetivo que habías marcado?» puede servir tanto para reenfocar la conversación, como para replantearse el objetivo. Si se empieza una sesión sin «objetivo» es fácil irse por los cerros de Úbeda.
  • Un feedback que me dio Alberto cuando yo hacía de coach era que, si bien se sentía escuchado, se me notaban demasiados «intentos de intervenir» y que el el curso de mis palabras se percibía cierta «agenda», como que estaba intentando llevar la conversación a algún sitio concreto. Estuvimos hablando de cuál es el rol del coach, «tú no dinamizas la conversación, el propietario del espacio es la otra persona». En ese sentido, empiezo a ser consciente de que gran parte de la dificultad del coaching es «frenarse a uno mismo». Alberto usó una metáfora interesante, «siente el respaldo» (=échate hacia atrás, respira, calla, deja que la otra persona se expanda).
  • Estoy leyendo un libro que no tiene que ver («Selling is human», de Daniel Pink), en el que también se habla de la importancia de escuchar a la otra persona, y de «seguirle» la conversación, aprender a «identificar la oferta» que la otra persona está poniendo encima de la mesa cada vez que habla para así escuchar sin imponer.
  • Siguiendo las ideas del método GROW, intenté llevar la conversación al punto del What… del plan de acción. Ahí es donde para mí había un conflicto entre «no intervenir» y «seguir el método». Lo que me planteaba Alberto era la importancia de respetar los tiempos… hasta que la persona no hace su «cambio de observador» es tontería tratar de enfocarse en un plan de acción; lo relevante es que, cuando dé señales de que ya ha dado ese paso, entonces sí se busca concretar en acciones.
  • Reafirmamos la idea de «buscar el éxito» en las acciones del coachee. Es mejor un pequeño éxito bien digerido que un gran reto que falla.
  • Estuvimos hablando de la Comunicación No Violenta como camino para seguir explorando la relación entre necesidades-emociones-pensamientos.

Qué ha ido bien

  • Las conversaciones con Alberto me sirvieron para «desbloquearme» en cierto sentido.

Qué podría ir mejor

  • Cada vez tengo más claro que necesito un «instrumento de práctica». Poder empezar a trabajar con alguien para «hacerle coaching», e ir practicando las cosas, asentando conceptos, equivocándome, etc… Tengo una idea rondando en la cabeza, pero sin embargo tengo la sensación de que la estoy bloqueando… que no me atrevo…

Para la próxima semana

  • Profundizar en Comunicación No Violenta
  • Activar la revisión periódica de flashcards
  • Y no me voy a poner otros objetivos que no crea que vaya a cumplir :S

Lombrices a medianoche


Hace unos días, en el transcurso de uno de mis talleres, estábamos hablando de las dificultades que encontramos en el día a día para aprender, y más concretamente de la omnipresente «falta de tiempo«. En un determinado momento, uno de los asistentes confesó: «¿Y sabes lo más curioso de todo? Que resulta que yo anoche estaba en la cama con la tablet viendo vídeos sobre cómo hacer un compostero con lombrices».
Son las doce de la noche. Has pasado un día exigente en términos de responsabilidades profesionales, personales… estás cansado, te vas a la cama… pero de la nada aparece el tiempo y la energía para dedicárselo a aprender algo nuevo. ¿Cómo es posible?

La libertad de aprender lo que quieras

Apuesto a que todos hemos tenido momentos así, momentos en los que ni la «falta de tiempo» ni el cansancio han sido obstáculos para hacer algo. ¿Por qué para unas cosas sí, y para otras nos topamos con un muro infranqueable?
El principal factor sea, posiblemente, la completa libertad. Hacer algo porque uno quiere y le apetece de verdad. No porque en la escuela te lo manden, no porque en la empresa te digan que es una competencia a desarrollar, no porque tú mismo (en un ejercicio intelectual) pienses que «es bueno para mi futuro». Simplemente te sale de dentro, y lo haces.
Es más, si no lo haces… no pasa nada. No hay un compromiso externo, más allá del que tú quieras asumir contigo mismo. Nadie te fuerza a hacerlo, ni a ir más allá de donde quieras ir. ¿Quieres enterarte de qué va eso de las lombrices? Perfecto. ¿Quieres convertirte en un experto? Tú mismo. ¿Quieres montar un compostero en tu terraza? Es tu proyecto, tú decides. ¿Te aburres del tema? Lo dejas, y santas pascuas.

La inquietud real

Esa motivación interna nace de una inquietud. Y es una inquietud real, no impostada ni generada desde fuera. A veces serás capaz de identificar por qué te nace, y a veces te sorprenderás a ti mismo. ¿Qué es lo que ha hecho que surja? ¿Por qué ahora, y no hace tres meses ni dentro de dos años? En realidad da igual, el hecho es que está ahí, y que es una fuerza motivadora que te impulsa a actuar.
Este impulso te lleva a generar un microaprendizaje. Ese chispazo de inquietud te hará aprender hasta que esa inquietud quede satisfecha. Aquí no se trata de «hacer una carrera», ni de «hacer un curso», ni de «leer un libro completo». No buscas dominar una materia en general. Buscas calmar el picor. A veces ese picor será más fuerte, y te llevará a profundizar más y más. A veces te bastará con satisfacer una curiosidad de forma más superficial, y entonces la inquietud desaparecerá. Volverás a estar demasiado cansado, y a no tener tiempo. Hasta el próximo chispazo.
 
 

8 ideas básicas de marketing de contenidos para profesionales independientes


Va a hacer 13 años que abrí este blog (¡se dice pronto!). Durante la mayor parte de este tiempo he sido bastante inconsciente respecto a llevar una «estrategia editorial». Básicamente, no ha existido, y nunca me preocupó que existiera. Yo era una persona que tenía un blog, en el que volcaba mis reflexiones y mis inquietudes, y ya. Claro que siempre me ha hecho ilusión que se me leyera, y que tuve mi época de mirar las estadísticas con ansia; pero eso nunca se trasladó a un plan para hacer las cosas de una u otra manera.
Pero desde a un tiempo a esta parte he venido reflexionando un poco más sobre el papel del blog como «plataforma de visibilidad profesional», y sobre qué contenidos tiene sentido hacer, y cómo hacerlos… Mucho se ha hablado del «marketing de contenidos«, y francamente creo que especialmente muchas empresas y marcas lo han llevado bastante al terreno del absurdo. Y sin embargo, creo que especialmente en el ámbito del «profesional independiente», puede ser una herramienta fantástica para generar un vínculo con una audiencia que, llegado el caso, pueden llegar a convertirse en clientes (o prescriptores, que para el caso lo mismo da). Como personas individuales tenemos una ocasión estupenda de diferenciarnos de marcas y empresas que, por mucho que lo intenten, no pueden tener una «personalidad» que a nosotros nos viene de serie.
Seré sincero. Para mí, ése es un cambio de chip que estoy teniendo que trabajar. Pensar en mí mismo como «un profesional que ofrece servicios», y que está «utilizando el blog para conseguir clientes»… a veces me hace sentir raro, casi «sucio», como si estuviera prostituyendo el sentido del blog. Y sin embargo, me doy cuenta de hasta qué punto esa mentalidad es una barrera mental. Creo que soy un profesional valioso, capaz de aportar cosas positivas. Y no hay nada de malo en pretender vivir de ese valor, ¡todo el mundo vive del valor que aporta a los demás! ¿Qué prejuicio tonto es ése? ¡Vender es humano! Quizás he tenido muy mal concepto de «vender» durante mucho tiempo, asociándolo a prácticas intrusivas y manipuladoras, y lo que necesito es un cambio de perspectiva, una redefinición de la idea de vender
De hecho, el marketing de contenidos es una forma de «vender» que apenas tiene que ver con la imagen tradicional que tenemos de la venta. La idea básica es que si tú generas valor en forma de contenidos para una audiencia de «clientes potenciales», conseguirás establecer con ellos una relación en la que tú no les «empujas»; son ellos los que vienen a ti en busca de ese contenido que disfrutan. Y así, teniéndolos cerca, estableciendo con ellos una relación de confianza… es cuando puede surgir en ellos la intención de comprarte.
Aquí tienes una serie de ideas básicas para desarrollar una estrategia de marketing de contenidos:

1. Clarifica qué es lo que vendes

Puede parecer una obviedad, pero no lo es tanto… ¿Cuál es tu portfolio de productos/servicios? ¿Qué forma concreta toman? Es algo con lo que yo he luchado durante mucho tiempo… ¿cuál era «mi producto»? Es evidente que todos somos poliédricos, que podemos hacer más de una cosa. Y cuando estamos por libre, a veces nos puede el agobio de no cerrarnos puertas. Pero de cara a un potencial cliente tienes que poner algo en el escaparate. Cuando te visite, tiene que ser fácil para él saber «qué puedo comprar». ¿Un libro? ¿Un taller? ¿Un proyecto de consultoría para resolver tal problema? ¿Unas sesiones de coaching? ¿Qué? Si no eres capaz de concretar tu valor en algo tangible, le estás poniendo muy difícil comprarte.
Tampoco hay que volverse loco. Tu portfolio de productos/servicios puede ir evolucionando en el tiempo. Puedes inventarte otros productos, y dejar caer alguno que veas que no tenía mucho sentido. Pero tienes que empezar por algún sitio.

2. Identifica a tu cliente objetivo

No hay nada en el mundo que sea «para todos los públicos». Por mucho que queramos un mercado lo más amplio posible, tenemos que acotarlo. ¿Cuál es el colectivo que podría tener interés en lo que nosotros ofrecemos? ¿Cuáles son las variables que nos permiten segmentarlo? ¿Cuál es su perfil en definitiva?
La técnica de la «persona» puede ser muy útil de cara a fijar nuestros esfuerzos. Definir una persona concreta, con un nombre y una historia detrás, que represente al colectivo de nuestros compradores potenciales. ¿Cómo es? ¿Qué le sucede? ¿Por qué, en definitiva, podría querer comprar lo que nosotros vendemos?
Quizás suceda que tu producto/servicio es útil para más de un colectivo. Está bien, piensa en dos o tres «personas» diferentes que representen a esos colectivos diferentes. Es posible que tengas que modular tus mensajes para cada uno de ellos, y te vendrá bien tener un interlocutor simulado con el que contrastar tus ideas.

3. Piensa en qué interesa a tu cliente objetivo

Éste es el quid de la cuestión. A nadie le mueve «comprar tus productos». Lo que les mueve es otra cosa: una problemática, una aspiración, un interés más difuso. De llegar a conocer tu producto, y de llegar a comprarlo, ése sería un medio y no un fin en sí mismo.
Lo que tienes que entender es cuál es ese «fin» que persigue tu cliente objetivo. A qué aspira. De qué manera quiere reafirmarse, de qué manera quiere crecer. Cual es, en definitiva, su inquietud (que, repito, nunca es «comprarte un producto»). Es a esa inquietud a la que tienen que dar respuesta tus contenidos. Ése es el tema del que tiene sentido hablar.

4. Crea contenidos relevantes

Hemos identificado cuál es nuestra oferta, a quién se dirige, y nos hemos esforzado en entender cuál es la inquietud que mueve a ese colectivo de potenciales compradores. Ahora es el momento de darles contenidos relevantes.
¿Qué es un contenido relevante? Algo que encaja con su inquietud, entendida de manera amplia. Algo que alimenta quién es, o quién quiere ser. Algo que le permite reafirmarse en sus visión del mundo, o vislumbrar el futuro al que aspira. Algo que le resuelve un problema, que responde a un «runrún» interno.
A veces esos contenidos tomarán la forma de ideas para poner en práctica, otras veces de reflexiones, de recursos, ejemplos inspiradores, «guiaburros», críticas de libros, experiencias propias, entretenimiento puro y duro… hay decenas de contenidos que pueden encajar, siempre que orbiten alrededor de ese leit motiv.
Lo importante es entender que existe un interés previo, y tú simplemente le estás dando contenido que es relevante para ese interés.

5. Defiende una idea

Los contenidos tibios, blancos, asépticos… tienen una ventaja: que no molestan a nadie. Pero también tienen una desventaja: que no despiertan la pasión, ni las ganas de volver a por más. La clave del fracaso es intentar contentar a todo el mundo.
Cuando vayas a crear contenido, toma partido. Ten una línea editorial. Defiende una determinada posición, una forma de ver el mundo. Pon pasión en lo que digas. Por supuesto, eso alejará a algunas personas, pero acercará a otras que se sentirán identificadas con lo que defiendes.
No se trata de ser un macarra, ni de pasarse el día generando polémicas. Pero no hay que tener miedo a levantar la voz por lo que uno cree; es la única forma de generar un vínculo.

6. Sé personal

Como profesionales independientes, tenemos una ventaja respecto a marcas y empresas: somos una persona. Tenemos nuestras experiencias, nuestras anécdotas. También nuestra forma de ser. No es una desventaja competitiva, ¡al contrario! Por eso, en tus contenidos, está más que bien que dejes traslucir quién eres, que puedas poner en juego todas esas pequeñas cosas que te hacen ser tú.
Cuenta tus anécdotas, utiliza tu forma de hablar. Cuenta también tus meteduras de pata, tus reflexiones más personales. Todo eso te humaniza, te hacer más cercano.
No se te olvide que en el otro lado también hay una persona, y que se trata de establecer una conexión real, genuina, con ella.

7. Ten paciencia

Esto no va de que tú escribes un artículo, y la gente se vuelve loca a comprarte. No, estás forjando relaciones de confianza, y las relaciones llevan tiempo. Es más, la inmensa mayoría de las personas que te lean (o te escuchen, o te vean…) no te van a comprar nada nunca. ¡No importa! Esas relaciones son importantes en sí mismas, te están dando (con su atención continuada en el tiempo) muchas oportunidades. Te están permitiendo conocerles, te ofrecen la oportunidad de afinar tus productos, tu discurso…
Y también te están ayudando a expandir tu visibilidad, porque si realmente conectan contigo es más fácil que le hablen de ti a otras personas que, quizás, sí acaben comprándote.

8. ¿Y cuándo ofrezco mis productos?

Nunca.
Bueno, casi nunca. Tus productos y servicios deben estar ahí, y está bien que quienes consumen tus contenidos sepan que los vendes. Pero eso se dice muy fácil y muy rápido, y no hay que estar dando la turra con ello cada dos por tres. Quizás de vez en cuando, el contexto de lo que les cuentas puede hacer muy lógico que les deslices un pequeño recordatorio (¡muy rápido!), y ya está.
Recuerda que tus productos y servicios te interesan a ti, no a la persona que consume tus contenidos. Ellos vienen aquí a otra cosa, y si tú te excedes (y es muy fácil excederse) en tus acciones «de venta» van a sentirse (con razón) no como alguien con quien estás construyendo una relación genuina, sino como una presa a la que le has puesto el cebo para abalanzarte sobre ella en cuanto puedas.
Y a nadie le gusta sentirse una presa.
 
 

Da igual lo que quieras ser de mayor


Estuve en este evento sobre «el futuro del empleo» (está bastante interesante, especialmente la mesa redonda) y, en un momento dado, el divulgador Pere Estupinyà planteaba una reflexión interesante sobre esa pregunta tan clásica… «¿Qué quieres ser de mayor?»

¿Qué quieres ser de mayor?

Es la típica pregunta que se les hacía (y todavía se les hace, supongo) a los niños. Es gracioso ver como sus mentes infantiles van respondiendo según los estereotipos sociales. Quiero ser astronauta, o policía, o médico/a, o veterinario/a, o profesor/a, o artista, o cocinero/a, o escritor/a, o youtuber… Evidentemente en niños pequeños es totalmente intrascendente, su conocimiento del mundo es limitado y cualquier respuesta que den no va más allá de generar un momento «cuqui».
La cuestión es que, a medida que van creciendo, la pregunta se les va repitiendo. Y ya no tiene tanta gracia. «¿Ya tienes pensado a qué te quieres dedicar? ¿Qué vas a estudiar?». Su conocimiento del mundo sigue siendo limitado (aún me acuerdo de mí mismo diciéndome que querría ser «ingeniero», sin tener ni puñetera idea de lo que implicaba ser un ingeniero… no, al final no fui por ahí), pero la presión crece.
Y no desaparece. En realidad a medida que transcurre nuestra vida seguimos azotándonos con la pregunta… «¿Dónde te ves dentro de cinco años?» no deja de ser la traslación adulta del «qué quieres ser de mayor». Si en vez de «cinco años» pensamos en veinte, o en treinta… dan escalofríos.

De mayor vas a ser muchas cosas…

La cuestión es que, como planteaba Pere, se trata de una pregunta que si en algún momento tuvo sentido, desde luego ahora ya no lo tiene. «De mayor» vas a ser muchas cosas, porque no vas a tener una «profesión para toda la vida». Vas a ir desempeñando muchos roles a lo largo de los años, y seguramente sean muy dispares. Distinta ocupación, distinta responsabilidad, distinto sector, distinto lugar, distintas habilidades requeridas…
A veces, de hecho, esos roles se desarrollarán en paralelo: vas a participar en un proyecto ejerciendo de una cosa, mientras que eres voluntario en una asociación, das clases en un master, eres presidente de la comunidad, inversor en un negocio, entrenador del equipo de fútbol de los niños, cuidador de una persona mayor… todo a la vez, sin posibilidad de separar lo uno de lo otro.
Es más, de todas esas ocupaciones diversas que vas a tener a lo largo de tu vida, muchas de ellas ni siquiera eres capaz de conceptualizarlas, ni de saber que van a existir. Piensa en cómo ha cambiado el mundo en los últimos 30 años… ¿te imaginas cómo puede ser dentro de otros 30? Y si piensas en tus hijos… ¿cómo era la vida 50 años de que ellos nacieran, y cómo será cuando ellos tengan esos 50 años? ¿Cómo les vas a pedir que sean capaces de imaginar «qué van a ser de mayores»?

Una pregunta inútil

En este contexto de incertidumbre y de dispersión de opciones, parece claro que «qué quieres ser de mayor» no es una pregunta especialmente útil. Quizás haya que pensar en otras. Como por ejemplo, «qué herramientas vas a desarrollar para poder adaptarte a todos esos cambios».
Por eso lo que estoy haciendo con Skillopment me resulta estimulante; porque desde esa perspectiva de incertidumbre (o mejor aún, de certidumbre en la inestabilidad y en la variabilidad) es clave ser consciente de que tus habilidades son las que te van a permitir adaptarte a los escenarios que surjan. Y que cuanto más ágil seas a la hora de desarrollar esas habilidades, mejor.
En la vida te va a tocar tirar muchas veces los dados. Y ya sabes, cuantas más habilidades tienes y más desarrolladas están, más probable es que tengas suerte.

Aprendiendo coaching: semanas 5 y 6

[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]

Objetivo de la semana

El objetivo de la semana 5 era consolidar el conocimiento hasta el momento, terminar el libro de Withmore y, desde un punto de vista de proceso, ir llevando las actividades al día.

Qué he hecho

  • Terminé el libro Coaching de John Withmore, un poco con la idea con la que terminé la semana anterior: tras unas cuantas ideas interesantes, luego el libro se desinfla bastante y al final acaba uno con la sensación de estar leyendo bastante relleno.
  • He creado un documento «base» en el que ir consolidando el conocimiento. En él he identificado primero cuál es para mí el «proceso del coaching» con las ideas principales, y luego un segundo bloque con herramientas y reflexiones interesantes. Todavía es trabajo en curso.
  • Me contactó Ángel Zubillaga, viejo conocido de «los primeros tiempos del blog», proponiéndome una definición de coaching de Leonardo Ravier, que dice así «»El coaching es un proceso de ayuda no directiva o proceso de auto aprendizaje, en el que la persona aprende de dentro hacia afuera a potenciar y desarrollar ese conocimiento tácito implícito que todos tenemos dentro, para conseguir resultados extraordinarios o resolver problemas que hasta ahora no hemos podido resolver».
  • También me hablaba del «coaching sistémico«. Otro hilo adicional del que tirar… al final la sensación es que sobre la base del «coaching» entendido de forma general surgen distintos matices, distintas orientaciones… y la duda es saber cuánto de relevante son esas distinciones, cuánto de complementarias… y cuánto de «etiqueta que pongo para distinguirme» (me recuerda a las decenas de «liderazgos» distintos que hay).
  • Hablé con Alberto para otros temas, pero ya aprovechamos para intercambiar un par de ideas.

Aprendizajes

  • La teoría del feedback basado en coaching de Withmore me pareció interesante… la idea de que uno no debe dar feedback de la manera tradicional (con sus distintas variantes, desde las más «cazurras» a las más sensibles), si no hacer que la otra persona saque sus conclusiones a través de preguntas. Que sea ella quien descubra cosas, y lo haga con responsabilidad y sentido de que esas conclusiones le pertenecen (y no que es otro el que se las da).
  • También me gustó el concepto de feedforward: la idea de que el feedback tradicional está orientado a «reflexionar sobre lo que ha pasado», cuando lo interesante es utilizar eso para pensar en el futuro.
  • Igual que con el feedback, Withmore plantea una forma de hacer assessment (evaluación-análisis) tanto a nivel individual como colectivo basado en preguntas y en el método GROW: que sean las personas las que definan el objetivo, las que valoren qué rasgos son importantes, cuál es su status actual y a dónde creen que deberían llegar.
  • Hay una frase que me encantó, «Self-motivation dwells within the mind of each individual, out of the reach of even the chiefest of executives». Y es verdad, los métodos directivos tradicionales tienen un alcance limitado, pero el poder de la verdadera motivación nace de dentro.
  • Withmore plantea el ciclo de evolución de la incompetencia inconsciente (no sé, y ni siquiera sé que no sé) a la incompetencia consciente (¡no sé!), a la competencia consciente (¡ahora ya sé!) a la competencia inconsciente (lo he interiorizado y ya ni siquiera me doy cuenta).
  • En la parte final del libro, Withmore habla de los equipos y la posibilidad de hacer coaching a los equipos de forma similar a como se haría con un individuo, tanto en relación con su funcionamiento como en relación a su propio crecimiento como equipo (dentro de las distintas etapas del esquema inclusión–>afirmación–>cooperación)
  • Hablando con Alberto me hacía ver el valor de las «victorias incrementales«. El objetivo del coach es (y en esto Withmore también incide) construir autoconfianza, a base de ir logrando pequeños éxitos. Es mejor empezar poquito a poco, fortalecer la autoconfianza, y que sea el propio coachee el que vaya asumiendo nuevos pasos a medida que se sienta seguro. «No hay que empujar al burro, ni tirar de él».
  • La idea de que «el compromiso se mide en la acción«. Si alguien se compromete a algo, pero luego no lo cumple, es que no había un compromiso real. Es mejor renegociar el compromiso, hacerlo más asequible.
  • Intenté jugar al coach con Alberto, para un tema que teníamos a medias, y me paró: «Sin contrato, no hay coaching«. No se refería, obviamente, a que haya un «pago por el servicio», si no a que debe haber (desde un prisma de honestidad) un permiso (mejor explícito que tácito) por parte del coachee para poder avanzar en ese proceso; si no, le saltarán las alarmas más pronto que tarde.

Qué ha ido bien

  • Los días que he leído libro he sido consistente a la hora de plasmar los aprendizajes en mi hojita de avances.
  • He empezado a consolidar en un documento los aprendizajes. No es sencillo (porque el objetivo es ir dando coherencia a cosas que pueden estar un poco sueltas), pero vamos avanzando.

Qué podría ir mejor

  • Mi dedicación ha sido pobre en estos días. He estado investigando el por qué… tengo la sensación de que me resulta cómodo «aprender» cuando ese aprendizaje es basado en un libro, en leer conceptos, resumirlos, etc… Mientras he tenido libro para leer, me he sentido cómodo. Pero cuando me he quedado sin libro para leer, la sensación es de «bueno, ¿y ahora qué?». Sé que el siguiente paso (algo que ya me planteaba Homo Mínimus) es «ponerse manos a la obra» y empezar a practicar, pero tengo la sensación de que de forma más o menos inconsciente bloqueo ese paso. ¡Lo que yo quiero es más libros que leer y resumir en la comodidad de mi sofá sin exponerme a nada! Toreo de salón… :S
  • Incluso en esa vertiente más conceptual, tampoco he avanzado en sistematizar las acciones de recuerdo (flash cards).

Para la próxima semana

  • Seguir consolidando lo ya aprendido
  • Pasar a Flashcards las ideas principales para empezar a repasar
  • Buscar una forma de empezar a practicar procesos de coaching.