Cuando empecé este blog, allá por 2004, le puse un nombre: «Vida de un consultor». Eso es lo que yo era por aquel entonces, y me pareció una forma de acotar la temática del blog.
Pasaron un par de años, y el blog fue evolucionando. Yo mismo fui evolucionando. Dejé (momentáneamente) la consultoría, me puse a hacer otras cosas… atrás quedó el «Consultor Anónimo» (a veces me da un poquito de nostalgia), y también el nombre del blog que quedó fijado en mi nombre, sin más.
En la última «revisión», de hace unos meses, decidí adoptar otro alias para el blog: «Diarios de un knowmad». La URL no ha cambiado, pero sí le he añadido el título a la cabecera. Y de hecho, también he llamado así al nuevo podcast que estoy poniendo en marcha.
Ya he explicado en alguna ocasión que, después de muchos años sintiéndome incómodo con la idea de etiquetarme, el concepto de «knowmad» me sedujo: una persona que va «de aquí para allá», llevando en su mochila sus conocimientos y habilidades, y poniéndolos al servicio de proyectos variados. Pasa el tiempo, y me sigo encontrando cómodo con esta visión.
Y el blog (y el podcast) no ha dejado de ser nunca un reflejo de inquietudes, reflexiones y vivencias. Una bitácora, que es como en su día se quiso traducir al castellano el concepto de «blog».
Es curioso mirar hacia atrás y ver el camino recorrido, y cómo hemos ido (el blog y yo) evolucionando. Cuando pienso en el futuro supongo que es posible que haya nuevas iteraciones… pero a día de hoy «Diarios de un knowmad» refleja bien la situación actual.
Sigamos.
Presentaciones eficaces: el reto del millón de euros

Imagínatelo: estás preparando una presentación, y le estás dando vueltas. ¿Cómo lo hago? ¿Qué cuento? ¿Qué ideas, qué ejemplos, qué imágenes, qué gráficos?
Entonces llega alguien, y te dice: «Te ofrezco un millón de euros, pero con una condición: cuando acabe tu presentación, escogeré a cinco personas de tu audiencia y les pediré que me digan cuáles eran tus tres ideas clave. Si responden correctamente, el dinero es tuyo».
¿Cómo sería tu presentación si te ofreciesen este reto? Seguro que te dejas de florituras, y vas mucho más al grano. Seguro que defines los mensajes de forma clara y concisa. Y te encargarás de machacarlos una y otra vez para que queden bien claritos. ¿A que sí?
Una presentación es eficaz cuando consigue transmitir un mensaje de forma clara y contundente. Cuando la gente que la escucha se lleva a casa, al terminar, unas pocas ideas clave. ¿De qué narices sirve si no la presentación? De nada.
Por lo tanto, a la hora de plantear cualquier presentación, la pregunta principal es: ¿qué tres cosas quiero que mi audiencia se lleve sí o sí?. A partir de ahí ya vendrá la estructura, el diseño, las imágenes, el storytelling y lo que queramos. Pero siempre subordinados a esas ideas clave que nos obsesiona transmitir… como si nos jugásemos un millón de euros.
PD.- Esta idea la leí en un artículo de Joey Asher en FastCompany, y me encantó. Joey Ascher es el presidente de Speechworks
Construyendo tu árbol del conocimiento
Luchando contra el olvido

Cuando terminé de leer el libro, pensé “sí, señor, ¡qué interesante!”. Tenía sentido, encajaba con lo que ya sabía, aportaba varias ideas adicionales. En resumen, una buena lectura, ¡qué bien que lo leí!
Pasados unas semanas, quise hablarle del libro a un compañero. Me sonaba que había algo en él que merecía la pena rescatar. ¿Cuál era esa idea tan interesante que contenía? Sí, hombre, si venía que ni pintada en esta conversación. Pero… no fui capaz de recordarlo, más allá de una cierta sensación nebulosa de que “me había gustado”.
Si ahora me preguntas qué libros leí el año pasado, y qué aprendí de ellos… a lo mejor te sorprende mi cara de haba, pero es posible que no recuerde la mayoría de las cosas que leí. Conclusión: las horas dedicadas a su lectura han sido un desperdicio.
Uno de los errores que cometemos cuando nos sumergimos en un proceso de aprendizaje es que consumimos muchos contenidos, pero consolidamos poco. En el momento en el que estamos leyendo, o viendo un vídeo, o asistiendo a una charla… es fácil tener la sensación de que “es interesante”. Podemos encontrar relaciones con otras cosas que ya sabemos. Y estamos seguros (cómo no estarlo… ¡ni que fuéramos tontos!) de que lo recordaremos.
Pero la realidad es que las ideas se diluyen con gran velocidad. Si no hacemos un trabajo de condensarlas, se nos escapan, erosionando gravemente la eficiencia del aprendizaje. ¿Dónde quedan las decenas y decenas de horas dedicadas a leer, escuchar… ideas que luego no somos capaces de recuperar?
No se trata de volverse locos y convertirse en “máquinas archivadoras”, pero sí de poner en marcha algunos hábitos que nos permitan sacar un mayor rendimiento al tiempo y esfuerzo dedicados al aprendizaje.
Empecemos por tomar notas
Tomar notas es el primer paso. Mientras leemos un libro, o vemos una charla, conviene tener a mano un papel y un bolígrafo para ir anotando ideas (habrá quien prefiera medios digitales, pero yo sigo considerando que la flexibilidad que te da un papel en blanco para organizar la información todavía no está equiparada por la tecnología… y además parece que ayuda a que nuestro cerebro lo procese mejor). No se trata de recopilar palabra por palabra lo que estamos escuchando, sino de hacer un ejercicio paralelo de extracción de las ideas que nos parezcan más importantes/llamativas, de darles orden y jerarquía, de añadir las ideas adicionales que nos surjan mientras escuchamos, de anotar relaciones que nos sugieran… en definitiva, de poner negro sobre blanco (en la medida de lo posible) todos los procesos mentales que se vean estimulados por el contenido que estamos consumiendo.

Hay decenas de “métodos” para tomar notas, y cada uno puede explorar hasta encontrar la combinación que le resulte más cómoda. Al final, por encima de los detalles que pueda aportar un método u otro, lo importante es tener una “versión física” del contenido que hemos procesado y de las ideas que nos ha sugerido.
Es importante, también, dedicar un par de minutos al terminar para sacar las conclusiones principales, las tres o cuatro ideas que nos parecen más relevantes y que hacen que ese contenido merezca la pena. Nos ayudará más adelante, a la hora de recordar de un vistazo.
Archivar las notas es el siguiente paso lógico: ya que hemos hecho el esfuerzo de construir nuestras notas, procuremos archivarlas de algún modo para futura referencia. Podemos optar por un archivo físico o por uno digital, el objetivo es el mismo: poder recuperar las ideas cuando sea necesario. Para eso conviene acudir a algún sistema, aunque sea básico, de clasificación y etiquetado; pocas cosas hay más frustrantes hay que buscar algo que sabes que tienes pero que no sabes dónde está.
(Hace un tiempo escribí sobre los ocho errores que cometemos al tomar notas…)
Consolidando el conocimiento
En todo caso, no deberíamos demorar mucho el momento de procesar nuestras notas. Porque las notas por sí mismas tampoco tienen mucho valor, son píldoras de conocimiento disperso. El valor aflora sobre todo cuando ponemos en relación ese nuevo conocimiento con el que ya tenemos. Nuestro cerebro funciona así, asociando ideas, anclando lo nuevo a lo que ya sabemos. Y lo hace de una forma bastante física, a través de la creación y fortalecimiento de sinapsis neuronales. De esta forma se consolida el aprendizaje, se recuperan los recuerdos, y surge la creatividad.
Nuestro objetivo, en este punto, es realizar un ejercicio de consolidación consciente, reforzando así los procesos automáticos. Queremos tener un “resumen actualizado de todo lo que sabemos de la materia”: una especie de árbol del que van surgiendo nuevas ramas a medida que añadimos conocimiento, a medida que profundizamos por una línea de razonamiento.

Cuando procesamos las notas procedentes de un nuevo contenido, lo que hacemos es ver cómo encajan esas nuevas ideas en el árbol que ya venimos construyendo. Quizás suponga crear una nueva rama, o quizás una pequeña rama secundaria. A lo mejor sirve para reforzar unas ideas que ya teníamos, pero dándoles mayor grosor. Quizás sean ejemplos que nos permitan visualizar mejor unas ideas que teníamos difusas. O una relación entre ramas que hasta ahora no habíamos visto. A veces lo que queremos añadir supone que tenemos que darle la vuelta y reorganizar todo lo que ya sabíamos, porque hay un nuevo enfoque que hace que todo encaje mejor. No importa. Es un trabajo en permanente construcción; pero, en cualquier momento, refleja nuestro mejor entendimiento de la materia, e integra todo lo que hemos ido aprendiendo, de distintas fuentes, a lo largo del tiempo.
¿No tienes tiempo para eso?
Podemos pensar que hacer todo esto supone demasiado tiempo, un tiempo que no tenemos. Ante esto, quizás haya que plantearse dos cosas. La primera es que sí, es una dedicación adicional de tiempo; pero sobre todo es una cuestión de hábito, de automatizar. Lo que al principio nos puede parecer una tarea engorrosa, se convierte por la fuerza del hábito en una extensión natural del consumo de contenidos.
Porque, y ahí viene la segunda reflexión, si no lo hacemos… ¿estamos realmente aprendiendo? ¿estamos aprovechando el tiempo que estamos dedicando a consumir contenidos? Si lo que nos preocupa es el tiempo, más nos vale hacer un esfuerzo consciente en sacarle rendimiento. Es mejor consumir menos contenidos (pero procesarlos mejor) que consumir mucho sin consolidar. Porque eso sí es perder el tiempo.
PD.- Una versión inicial de este artículo se incluyó en mi ebook «Skillopment: aprende a desarrollar cualquier habilidad de forma eficaz». Puedes descargar el ebook aquí.
PD2.- Si te interesan los contenidos sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades, suscríbete a la lista de correo de Skillopment. O pulsa aquí si quieres saber más sobre el proyecto Skillopment.
PD3.- He editado este contenido como un episodio para el podcast Skillopment. Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.
No tengo nada que aportar
Si está todo inventado…
Hace unos días comentaba alguien en twitter su dilema respecto a la creación de contenidos (en este caso hablaba de un podcast, pero podríamos extenderlo a cualquier otro formato). Por un lado estaban sus ganas/apetencias de hacerlo. Y por otro una vocecita interior que decía: «¿Qué aportaría yo a ese tema? Nada, seguramente. Siempre concluyo que no tengo nada que aportar que no esté aportado.»
No es una reflexión que me resultara ajena. Hace algunos años, mi mujer me preguntó: «¿Qué buscas cuando haces una foto? ¿No la habrá hecho alguien antes que tú, y posiblemente mejor?«. Vaya, pues seguramente sí (y además hay gente que se encarga de demostrártelo). «Está todo inventado», «nada nuevo bajo el sol». Sumémosle internet y su capacidad de poner en nuestras pantallas lo mejor de todo el mundo… y es fácil tener esa sensación de futilidad.
Y sin embargo…
Tú lo haces especial
Quiero decir… a ver, no voy a caer en el cliché de que cada uno somos un copo de nieve especial e irrepetible. Que sí, que es verdad, pero al final todos somos copos de nieve, y somos varios miles de millones. O sea, que no nos flipemos. Pero aun así… cada uno tenemos nuestra personalidad, nuestras experiencias, nuestra forma de expresarnos… y todo ello constituye un filtro que le da un matiz diferente a todo lo que hacemos.
¿Hasta qué punto ese matiz es relevante? Pues depende de cómo lo quieras mirar. Si lo haces desde una perspectiva global… pues no, no va a ser diferente. El post que tú escribas no va a ser muy distinto del que escribe un fulano de Oklahoma o de Bangalore, o de tantos otros miles. Puestos uno al lado del otro las diferencias serán prácticamente inapreciables, y para alguien que no te conozca lo mismo le va a dar consumir uno que otro.
Tu red social
La cuestión es que hay otra forma de mirarlo. Y es que, salvo para los que hacen búsquedas genéricas en google (donde sí, eres una commodity), normalmente no se produce esa situación de «competencia perfecta». Cada uno tenemos nuestros círculos sociales tanto en el mundo analógico como en el digital. Amigos, y amigos de amigos. Es a ésos a los que nosotros llegamos, y ahí la competencia se reduce. Porque esos amigos te leen a ti, y no al tipo de Oklahoma ni al de Bangalore.
Sí, en el mundo global eres una commodity indistinguible, pero para tu círculo ya eres identificable. Cuando ven un contenido tuyo, el hecho de que sea tuyo les aporta un matiz relevante y reconocible. Porque hay por debajo una conexión personal (no hace falta que sea profunda ni que seáis amigos del alma) que consigue que, para ellos, sea diferente.
Piénsalo. El hecho de salir a tomar una cerveza con alguien… en realidad, ese «alguien» podría ser cualquiera. Total, la actividad en sí, las conversaciones que se tienen… hay miles de personas sólo en tu ciudad con las que podrías hacer lo mismo. Y sin embargo, no tiene nada que ver hacerlo con unos amigos que con un grupo de desconocidos, ¿verdad?
Las comparaciones son odiosas
Cuando uno se plantea crear un contenido, puede pensar… ¿habrá alguien en el mundo que lo haga mejor? La respuesta, en el 99,9999% de los casos, es que SÍ. Hay alguien mejor. Y además es fácil de encontrar, en un par de clics puedes hacerlo.
Pero, ¿sabes qué? También hay mucho contenido peor. Muchísimo más de lo que imaginas. Aunque tú te sientas un mediocre comparado con ese experto de talla mundial, es probable que lo que tú llamas «mediocridad» esté por encima del 80% del nivel de la población mundial. O del 90%. Lo malo es que tendemos a creer que lo que nosotros sabemos hacer… lo sabe hacer todo el mundo. Y no es así, y es algo de lo que te das cuenta en cuanto empiezas a rascar. Piensa en la gente que te rodea, y haz números.
Si a esto le unimos la visión de «red social» de la que hablábamos antes… es más que posible que aunque no seas un «experto a nivel global», sí que seas un «experto para tu círculo social». Son gente que ni ha dedicado el tiempo que tú has dedicado el tema (aunque a ti te parezca una chorrada), ni tiene referencias de quiénes son esos expertos mundiales que tú crees que todo el mundo conoce.
Aunque tengas la sensación de que tú no puedes aportar nada «al mundo»… sí que puedes aportar muchas cosas «a tu mundo».
La zona de desarrollo proximal
Porque esa es otra. Tendemos a creer que un «experto de talla mundial» es el que mejor puede explicar las cosas a cualquiera. Y no es verdad. Las personas somos capaces de entender y aprender cosas sólo en la medida en la que nos las explican «para nuestro nivel». Y muchas veces eso es más fácil de hacer para alguien que está en ese nivel (o uno ligeramente superior) que para el experto de talla mundial, al que se le hace muy difícil ponerse a esa altura (no necesariamente por ego, sino porque la empatía se hace más complicada).
Que no seas el que más sabe del mundo no te inhabilita para contar cosas relevantes a la gente que tienes cerca. Primero porque es posible que tú seas la única referencia que tengan a mano, y segundo porque es posible que tú seas capaz de contar las cosas de forma más asequible y conectada con su realidad concreta.
Hay quienes conectan contigo
Y aun así, ya he dicho alguna vez que hay que ser consciente de que lo que haces no le importa a (casi) nadie. Creo que es un error hacer cosas pensando que van a «impactar» en los demás, porque es una expectativa poco realista y que lleva a la decepción. Hay que hacer cosas porque a uno le gustan, sin esperar nada.
Y aunque parezca paradójico resulta que es posible que haya un puñado de personas con las que conectes incluso sin buscarlo. Gente a la que le gusta lo que haces, tu forma de expresarte, las cosas que cuentas…
Cuando eso sucede, cuando encuentras aunque sea una persona con la que conectas en base a lo que haces sin expectativa, a lo que te sale de dentro… la sensación es estupenda. Porque esa conexión es genuina, no forzada. Porque desvela una afinidad de esas que son difíciles de generar en un mundo lleno de postureo, y eso es algo gratificante en sí mismo. Algo que se puede producir o no, pero que seguro que si te quedas encerrado en casa sin hacer nunca nada no va a pasar.
Disfrutar del camino
En última instancia, tenemos que plantearnos si realmente tenemos que hacer las cosas «para algo». Si es necesario darle un matiz finalista/utilitarista. Si no podemos simplemente hacer las cosas porque nos apetecen, disfrutar del proceso, experimentar, jugar, aprender. Hacerlo por nosotros mismos, sin más.
Y si luego resulta que «aporta algo a alguien», miel sobre hojuelas. Pero que no sea ése el elemento de validación.
PD.- Como ves, he añadido un episodio del podcast Diarios de un knowmad dedicado a este tema. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…
Un ejemplo de microaprendizaje a demanda: audacity y el podcast

El otro día viví una experiencia de «microaprendizaje a demanda«. Pero mejor primero la cuento, y luego le ponemos la etiqueta.
Desde hace unos meses vengo experimentando en el mundo de los podcasts. Lancé primero el podcast Skillompent (con entrevistas y reflexiones sobre aprendizaje y desarrollo eficaz de habilidades), y más recientemente «Diarios de un knowmad» (sobre desarrollo personal y profesional para trabajadores del conocimiento). El caso es que cuando empecé a hacerlos, elegí la herramienta Audacity para grabar y mezclar el audio.
¿Por qué Audacity? Pues porque es software libre que de hecho tenía instalado desde hace siglos. Tampoco es que nunca lo hubiera usado mucho, un poco de trasteo de higos a brevas… en fin, lo suficiente como para conocer los rudimentos pero desde luego no como para considerarme un experto.
El caso es que durante estos meses he estado grabando y editando los podcasts con ese conocimiento básico. Salía con el empleo, pero con la sensación de que había cosas que tenían que ser más fáciles. Así que el otro día estaba trasteando en Youtube y llegué a un vídeo donde una persona mostraba cómo editaba un episodio de su podcast de principio a fin. Lo estuve viendo y «¡oh!». De repente vi cómo el tipo hacía de forma sencilla algo que yo llevaba rumiando un tiempo (en concreto; cómo ajustar el inicio de una pista con el final de otra… yo lo hacía metiendo silencio si quería llevarlo a la derecha, o cortando a ojo si quería llevarlo a la izquierda… en fin, pedalero total). «Anda, mira, lo que hace es cortar la pista con esta opción… y luego usa esta herramienta para arrastrarlo a derecha e izquierda». Y… «anda, mira, aplica un filtro que se llama compresión y que mejora el audio». Y… «anda, mira, para que no se le acumulen cosas en la pantalla se pueden minimizar las pistas». Y… «anda, mira, si se puede editar el mono en vez de en estéreo y no pasa nada».
En definitiva, cuatro cosas super concretas, directamente aplicables, que resuelven problemas concretos que yo tenía. No voy a tener que tomar apuntes, no voy a tener que repasar. No es un «curso experto en edición de audio», ni un «tutorial completo de Audacity». Simplemente son un conjunto de microhabilidades que he incorporado de forma natural e inmediata a mi repertorio.
Hablamos de «microaprendizaje», porque no he tenido que hacer un curso de x semanas para adquirirlo, ni leer un libro de no sé cuántas páginas. Ha sido algo que se ha resuelto de forma concreta y rápida.
Y hablamos de «a demanda«, porque la inquietud por explorar eso ha surgido de una necesidad mía, que ha sido la que me ha impulsado a buscar una respuesta (y de paso he encontrado un par de tips más).
El caso es que, si te paras a pensar, hay muchas cosas que aprendemos así. Tenemos un problema, buscamos la solución. Si es algo que hacemos de forma mínimamente recurrente, el aprendizaje se interioriza de forma natural, casi sin esfuerzo. Te invito a pensar en todo lo que sabes a día de hoy… y cuánto ha venido de esta forma. A lo mejor eso debería darnos alguna pista…
[Entrevista] Sandra González Simón y aprender a dibujar

Ya desde el hombre de las cavernas el ser humano ha sentido la inquietud de plasmar lo que le rodea, lo que siente… en paredes, en lienzos o en píxeles. Dibujar, pintar… es una habilidad que todos exploramos de niños, y que muchos siguen consolidando a lo largo de toda su vida.
Te traigo un nuevo episodio del podcast de Skillopment, en esta ocasión con Sandra González Simón. Sandra es pintora, y dibujante. Siempre tuvo esa inclinación, aunque no fue hasta más avanzada su trayectoria cuando decidió apostar por desarrollarla de forma más intencional. Además de su propia experiencia, Sandra también acompaña en su academia de dibujo a otros (niños, adolescentes y adultos) en sus propios procesos de aprendizaje y exploración de estas habilidades. Hablamos de todo ello, de cómo ve ella el aprendizaje desde esos dos prismas (aprendiz y maestra), y de cómo eso puede extrapolarse a cualquier otro ámbito.
Recuerda que puedes revisar todos los episodios del podcast, y suscribirte al mismo tanto en iVoox como en iTunes.
Éstos son los temas que han ido saliendo en la conversación:
- 01:10 – Sandra nos cuenta su trayectoria de niña que creció en una época donde los niños «nos aburríamos», y cómo eso le permitió descubrir su inclinación por el dibujo y la pintura. Aún así la idea de «estudiar algo con futuro» la llevó por otros caminos, pero tras unos años de carrera profesional y de cuestionarse si quería eso para su vida, decidió apostar por perseguir una formación y un futuro como pintora.
- 10:59 – Hablamos sobre cómo fue para ella pasar, tras muchos años de ser autodidacta, a someterse a una formación más dirigida, más reglada. Comentamos la importancia de conocer las propias preferencias, y de ir buscando maestros y recursos que se adapten a lo que tú quieres y a como tú eres. Recuerdo un fragmento de «The art of learning» donde Josh Waitzkin cuenta algo similar respecto a sus profesores de ajedrez.
- 13:08 – La importancia de tener un maestro que te vaya orientando. En el caso del dibujo y la pintura hablamos del «cambio de paradigma» que existe entre la forma de dibujar que tenemos de niños (p.j. «dibujamos un coche») y la que realmente es útil para los dibujantes (dibujan líneas, formas, relaciones, valores… que al final acaban generando la ilusión óptica de un coche). Y cómo viene bien tener un maestro que te enseñe a «cambiar el chip». Apuntamos el libro «Drawing on the right side of the brain«, que tan bien pone de manifiesto esa forma de dibujar.
- 20:20 – Siguiendo con la idea de las preferencias individuales, concluimos que todo el aprendizaje es individual, y lo importante que es ser capaces de abrir espacios para que esa individualización ocurra. Me lleva a recordar alguna autocrítica que ya hice en su momento al respecto.
- 22:57 – ¿De dónde nació la inquietud de Sandra por enseñar a otros? Nos cuenta sus dudas («¿soy lo suficientemente buena para ser maestra de alguien, con todo lo que me falta por aprender?» vs. «bueno, pero sé cosas y las puedo transmitir») y cómo decidió probar. Y cómo ha vivido experiencias con profesores que le hacían sentir que le estaban transmitiendo un regalo, y cómo se sentía en cierto modo obligada a continuar esa cadena de transmisión.
- 27:10 – Hablamos sobre las diferencias en el aprendizaje de niños, adolescentes y adultos. Los niños tienen una capacidad limitada de mantener la atención y la concentración, y a medida que vamos creciendo vamos teniendo más capacidad… pero a cambio se van metiendo en el camino creencias limitantes cada vez más difíciles de romper y que marcan nuestro proceso de aprendizaje. Hablamos de la «mentalidad de crecimiento» vs. «mentalidad fija» como creencia nuclear que marca cómo aprendemos, y de la tendencia a compararnos con otros (para mal).
- 36:56 – La importancia de la práctica para llegar a interiorizar las habilidades y así poder dar rienda suelta a lo que queremos transmitir. «Practicar, practicar, practicar… hasta fluir». Además, la práctica es necesaria no sólo para incrementar nuestras habilidades, si no también para el mero mantenimiento; si no vamos hacia adelante, vamos hacia atrás. Menciono el reciente comic de Sarah Andersen donde nos cuenta el secreto para dibujar bien… la práctica. Sandra usa la metáfora del jardín, que florece y está bonito sólo si le dedicamos muchas horas a lo largo del tiempo para prepararlo y cuidarlo.
- 42:06 – El papel de la motivación para avanzar en el proceso de aprendizaje, cómo es importante cuidar esa motivación. Hablamos de las distintas motivaciones que encuentra la gente para dibujar: cómo de inicio es una motivación basada en el resultado, pero acaba siendo (en los casos donde realmente se conecta con el aprendizaje) una motivación basada en el proceso. De lo difícil (y frustrante, y poco eficiente) que es empeñarse en aprender algo que no está en nuestra naturaleza aprender, solo porque «se supone que debemos aprenderlo»… de lo triste que es (desde una perspectiva vital) no saber cuáles son nuestras preferencias, o no alimentarlas… y de la importancia de dedicar tiempo a explorar esas inquietudes.
- 56:58 – Hablamos de las microhabilidades en que se descompone el proceso de dibujar, y de cómo en realidad «aprender a dibujar» es desarrollar todas esas microhabilidades para que luego de una forma orgánica acaben dando el resultado que perseguimos. Comentamos la importancia de deconstruir las habilidades para encontrar cuáles son esos componentes que se pueden trabajar.
- 01:02:52 – El viaje emocional dentro de un proceso de aprendizaje. Hablamos de la frustración (y de la necesidad de acostumbrarnos a ella y de entender lo que nos aporta de positivo), de satisfacción a medida que vamos siendo capaces de conquistar nuevos territorios, y de conexión con uno mismo (autoconocimiento que puede trasladarse a otros ámbitos de nuestras vidas).
- 01:08:02 – Sandra estudió psicología, y eso influye en su forma de entender el proceso de aprendizaje. Hablamos de Scott Adams y su visión de las «habilidades combinadas» que planteaba en su libro «How to fail at almost everything and still win big» , y cómo a medida que vamos mezclando las habilidades que metemos en nuestra mochila (aunque no tengan aparentemente nada que ver) el resultado es una intersección cada vez más personal e intransferible.
- 01:10:43 – Cerramos repasando algunas claves de los procesos de aprendizaje que podamos extrapolar: la constancia para trabajar a diario, la gestión de las emociones, el autoconocimiento, la motivación, la flexibilidad para dirigir nuestro proceso y buscar nuestro propio camino, el explorar sin miedo a equivocarnos y asumiendo que el aprendizaje nunca es una línea recta ni exenta de problemas… pero que de todo se aprende.
El secreto para que las cosas salgan bien

Ayer escuchaba una entrevista que le hacía Gonzalo Álvarez Marañón en su podcast El Arte de Presentar al Mago More. No sé si sitúas al personaje… yo sí le tenía más o menos ubicado, de verle actuar en la tele de hace unos cuantos años. El Mago More es… bueno, mago. Con un punto cómico, y de hecho también hace monólogos, y es guionista del programa de José Mota, y sale en algunos sketches, y ha salido en Torrente… pero también tiene una vertiente corporativa, con charlas, y presentación de eventos, y ha escrito un libro…
El caso es que a lo largo de la charla Gonzalo trataba de sacarle al Mago More los secretos que podía compartir después de 25 años subido a los escenarios y más de 5.000 actuaciones. Y esto es lo que decía:
Pero es que si lo analizas, cualquiera que esté en una empresa tiene que hablar en público muchas veces en su vida. Entonces hay una falta de formación brutal, y por eso nos cuesta mucho, porque en el fondo lo que nos cuesta es prepararlo, ensayarlo, y luego salir a hacerlo. Entonces la gente se salta los dos primeros pasos, y sale directamente a hacerlo. El principal problema por el que la gente se pone nerviosa es porque no se prepara, ni más ni menos.
Preparación, preparación, y preparación.
Demasiadas veces queremos que las cosas nos salgan bien… no sé, como por arte de magia, por nuestra cara bonita. No dedicamos tiempo a preparar las cosas, y aun así pretendemos llegar y que salgan. ¿Cuál es la probabilidad de obtener un buen resultado? Te lo puedes imaginar. Lo curioso es ver cómo, a pesar de tenerlo una y mil veces comprobado, seguimos cayendo en lo mismo.
Recordaba, escuchando la entrevista, una frase que me gusta mucho y que viene del ámbito militar. «Cuanto más sudas en el entrenamiento, menos sangras en el combate». Cuanto más te preparas, más limitas el riesgo. Hace unos meses contaba mi experiencia dando una charla, y cómo todo salió según lo previsto.
¿Casualidad? No. Tampoco talento. Simple preparación, algo que está al alcance de cualquiera.
Hace tiempo escribía que los planes nacen muertos, pero tienen que nacer. No porque «hacer planes» sea una forma de hacer que las cosas pasen como tú quieres que pasen (como dice Mike Tyson, «todo el mundo tiene un plan hasta que te dan el primer puñetazo en la cara»), si no porque el propio proceso de planificación es pura preparación. Te familiarizas con la situación, y con los factores relevantes. Imaginas escenarios. Practicas respuestas. Piensas alternativas de acción. Ensayas, automatizas. Y lo repasas, y lo vuelves a repasar. Y así cuando llega la hora de la verdad tienes la mochila llena de recursos para actuar. Luego las cosas vienen como vienen, pero cuanto más te hayas preparado mejor podrás lidiar con ellas.
Nos gusta pensar que a la gente que le salen bien las cosas es porque tienen talento. O porque quizás han tenido acceso a una serie de «secretos ocultos» que a nosotros nos son desconocidos. Pero cuando nos dicen que es todo cuestión de práctica, que es algo que está en nuestra mano… ay, entonces sentimos el peso de la responsabilidad sobre nuestros hombros.
Olvídate de secretos, porque la clave es mucho más sencilla: prepararse, prepararse y prepararse.
PD.- Como ves, he añadido un episodio del podcast Diarios de un knowmad dedicado a este tema. Si te gusta, puedes suscribirte en iVoox y en iTunes, comentar, recomendar, compartir…
Aprendiendo coaching: actualización 11
[Esta entrada corresponde a la serie «Aprendiendo coaching«, dentro de la iniciativa «Mis aprendizajes«]
Objetivo de la semana
Revisar las conversaciones mantenidas hasta ahora, y abrir la posibilidad de nuevos procesos de coaching con otros «conejillos de indias». Por cierto, he renunciado al seguimiento semanal (el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y en mi caso ya iban más de dos…), y el objetivo es realizar actualizaciones con cierta frecuencia para ir anotando los avances sin la presión de la «semana a semana».
Qué he hecho
- Tuve mi primera conversación de coaching. ¡Hito importante! Fue una experiencia interesante, sin duda. Sorprendentemente tranquilo (ahí la coachee ayudó mucho, claro), con una sensación agradable durante la conversación, sin estar demasiado agobiado pensando en si lo estaría haciendo mejor o peor, centrado en escuchar a la coachee…
- Le pasé una hojita de feedback a la coachee, y fue fantástico… reconozco incluso cierta sensación de incomodidad (siempre me siento raro cuando la gente me «califica bien», y tiendo a quitarle importancia), y de incredulidad («cómo lo voy a hacer bien, ¡si estoy aprendiendo!)
- Hice un resumen post-sesión, con los puntos clave que habían salido… la verdad es que es una reflexión interesante.
- Revisé (obviamente con permiso de la coachee) la grabación de la charla con mi tutor Alberto. Me dijo que «muy bien, para ser la primera vez» :D.
- En este periodo la coachee y yo hemos tenido una segunda conversación. En ella he intentado ser más consciente de mis intervenciones, procurando reducirlas. Fue una sesión muy satisfactoria por la sensación que me transmitía la coachee de «estar avanzando mucho». En ciertos momentos esa sensación me desbordaba («no puede ser verdad, ¿cómo va a ser así, con sólo una conversación? esto no es mérito mío…»).
Aprendizajes
- En esta sesión me pilló con el pié cambiado que la coachee no tenía «un objetivo para la sesión», pero lo recondujimos a repasar las acciones que había puesto en práctica a lo largo de los días que no nos habíamos visto. En todo caso fui yo quien redirigió el tema, y quizás debería haberle devuelto la pelota con más énfasis («¿de qué quieres hablar?» «pues no sé» «pues tú dirás… ¿o prefieres que terminemos la conversación?» :D).
- Apareció un tema llamativo en la segunda sesión: la coachee se sentía fenomenal, con sensación de estar avanzando, «gracias a mi intervención»… eso me generó una sensación extraña, de incomodidad, de incredulidad, de «no puede ser»… no por ella, claro, si no por mí, por sentir que no es posible que yo pueda tener ese impacto… en vez de aceptarlo e incluso agradecerlo, noté que no sabía cómo gestionarlo.
- Hablando con Alberto, me comentaba mi tendencia a intervenir demasiado, a hacer las preguntas demasiado largas, incluso a «exponer». Me impuso una regla: que tus intervenciones no tengan más de 6 palabras. Al final, el objetivo es «devolver la pelota» al coachee cuanto antes, intervenir lo menos posible. Me recordó a esas veces donde juegas con un globo y lo golpeas, y pasa un rato en el aire… y cuando baja te limitas a darle otro golpe. Ahí tengo que luchar contra el «miedo al vacío» en las conversaciones, soportar mejor la presión del silencio, y dejar espacio.
- También me alertaba respecto a las respuestas del coachee «demasiado rápidas, demasiado bien articuladas». Eso suele ser señal de que está mostrando un pensamiento ya previo (y por lo tanto que no refleja un cambio). Lo interesante sucede cuando al responder se queda pensando… cuando ves que «la máquina echa humo»… ahí puedes intuir que algo está haciendo clic en su cerebro.
- Me sugería Alberto el uso de «role-play» dentro de las conversaciones, como forma de ensayar situaciones concretas de las que estemos hablando, y poner en práctica comportamientos alternativos. Interesante para añadir al juego.
- Hablábamos también de la importancia de reforzar los nuevos comportamientos, de celebrarlos… incluso de asociar esos cambios de comportamiento a «tu anterior versión» vs. «tu nueva versión» para reforzar el cambio de mentalidad.
- Teniendo en cuenta el grado de entusiasmo de la coachee, me surgía una duda que comentaba con Alberto… ¿cómo se sabe cuándo «dar por terminado» el proceso? Al final, volvemos a la idea habitual: el proceso es del coachee, y es él/ella quien define si se ha cumplido su objetivo o no («con respecto al objetivo que te marcaste, ¿qué te está faltando?»). Quizás sea una barrera mental mía el pensar que «no puede ser en una sesión», porque quizás sí. Estuvimos viendo cómo podría ser una «sesión de cierre», en la que se hiciese un recorrido de aprendizaje, se explorasen posibilidades de extrapolar a otros dominios, aprovechar para celebrar y reforzar los cambios, intercambiar feedback y buscar un plan de acción a futuro (acciones de refresco, sostenibilidad a largo plazo, buscar alguien a quien rendirle cuentas…)
- Me comentaba Alberto una creencia nuclear de su visión del coaching: que el coachee tiene todas las soluciones y los recursos dentro de sí, y que está a solo un «clic» de ver la solución por sí mismo. Es ese «clic» el que buscamos, y puede producirse en cualquier momento.
Qué ha ido bien
- Las conversaciones de coaching con la coachee… primera experiencia superpositiva, buenas sensaciones, refuerzo de las ganas de hacer cosas, quitarse el miedo…
- La reflexión sobre las conversaciones, con aprendizajes relevantes
Qué podría ir mejor
- Prestar cada vez más atención (en directo o «en grabado») a mis acciones y palabras durante la conversación.
- Ser más proactivo en «ponerme en situaciones de aprendizaje». ¿Alguien más quiere coaching? 😀
Para la próxima actualización
- Seguiré el proceso con la coachee
- Buscaré nuevos coachees
Los proyectos paralelos y el aprendizaje

Hoy anda circulando por las redes un hilo de twitter en el que Carlos Sánchez (un diseñador de producto) cuenta la historia sobre su proyecto paralelo How BB-8 Works. Carlos tenía su trabajo, pero también curiosidad e inquietud por hacer otras cosas. Cuando salió el trailer de la primera película de la nueva trilogía de Star Wars, vio a un nuevo robot y empezó a preguntarse… ¿cómo será el mecanismo que lo mueve?
Y así empezó a darle vueltas, a hacer diseños compatibles, a modelarlos en 3D… los colgó en una web y (cosas del hype galáctico) el proyecto alcanzó una cierta repercusión. En todo caso, más allá de la repercusión, Carlos reflexiona sobre la importancia de esos «proyectos paralelos» a la hora de canalizar la inquietud y el aprendizaje.
Aquí algunas de sus reflexiones:
- «Se aprende mucho más haciendo que leyendo. Está bien que leas artículos y vayas a charlas o conferencias, pero vas a aprender mucho más creando algo desde cero por ti mismo.»
- «Los proyectos personales te obligan a salir de tu zona de confort y te ayudan a mantenerte al día en cosas que vas dejando de lado conforme tu perfil va evolucionando. Trabajamos en un campo que avanza a velocidad de vértigo y es muy fácil irse oxidando si no te actualizas.»
- «Cuando trabajas en proyectos personales, tú eliges el tema. Aprovéchalo para aprender más sobre cosas que te apasionen. Cuando trabajas en algo que te gusta, la pereza disminuye.»
- «Tus side projects te pueden ayudar a crecer profesionalmente. Si estás orgulloso ellos, no dudes en mencionarlos en tus entrevistas de trabajo. Seguramente digan más de ti y de tus habilidades que la mayoría de los proyectos grandes en los que hayas trabajado con más gente.»
- «Publicar proyectos personales te da visibilidad y te ayuda a conocer a gente interesante.»
Siempre digo que plantearse un proyecto práctico vinculado a un proceso de aprendizaje es fundamental, por varios motivos:
- Porque te obliga a poner en práctica los conceptos «teóricos» que vas aprendiendo.
- Porque te ayuda a interiorizarlos de forma mucho más potente que cualquier enfoque pasivo.
- Porque te permite darte cuenta de manera muy orgánica de qué es lo importante y qué es lo secundario.
- Porque te enfrentan al error, fuente fundamental del aprendizaje.
- Porque te plantea problemas concretos a los que tendrás que buscar soluciones.
- Porque guía tus siguientes pasos, mostrándote por dónde avanzar en tu proceso de aprendizaje.
Claro, estos proyectos cuestan tiempo y esfuerzo. Y a veces también dinero. Y suponen «salir de la cueva» y enfrentarse a la incomodidad… pero sus resultados son incuestionables. Si hacemos el análisis de coste-beneficio, la balanza tiende a inclinarse al lado correcto…
Un nuevo podcast
Una de las sorpresas de mi 2017 fue el podcast de Skillopment. Aunque yo ya era consumidor de podcast, el ponerme «del otro lado» del micrófono y producir un programa de entrevistas y reflexiones ha sido una experiencia muy enriquecedora. Y un medio en el que me he ido encontrado progresivamente más cómodo. Tanto que en mi cabeza bullía la idea de seguir explorando ese camino…
Este blog nació en 2004, tengo twitter desde 2007… en fin, son dos canales de expresión fundamentalmente escritos en los que me encuentro muy a gusto. Podía haberme quedado ahí, pero no está mal probar otras cosas. Primero por una voluntad de experimentación, y también siendo consciente de que cada uno es un mundo, y hay gente que encuentra más cómodo, accesible, digerible… el contenido por otros medios distintos de los escritos.
El caso es que había días, cuando me ponía a escribir en el blog, en los que me visualizaba «locutando» esos mismos contenidos. ¿Por qué no? Así que he decidido crear «Diarios de un knowmad (el podcast)», como complemento al blog. Los contenidos van a ir muy en la línea de lo que se suele encontrar por aquí: reflexiones sobre desarrollo personal y profesional («para los trabajadores del conocimiento», he añadido a modo de llamada de atención :D). Siempre tratando de darles «mi tono» (que no me atrevo a describir, pero creo que a estas alturas es bastante reconocible).

Dejo aquí el primer episodio, una breve introducción al nuevo «programa»
Iré haciendo más contenidos, y viendo el tono y el espíritu que va cogiendo. Inicialmente tengo en mente que vaya muy de la mano de los contenidos del blog (incluyendo la «repesca» de temas clásicos; en esos casos añadiré enlace al podcast en el post correspondiente), pero quién sabe si no empezará a mostrar su propio perfil…
Por supuesto que estáis emplazados a suscribiros al podcast en iVoox y en iTunes, a recomendarlo, a compartirlo todo lo que queráis, a hacer comentarios y preguntas… ¡Gracias por estar ahí!
