Post pataleta: Gallardón me debe dinero

Aviso, éste es un post-pataleta. El que no quiera leerlo, que siga con sus cosas :).
Todo comenzó cuando nos mudamos a Aranda. Ahí coincidieron dos hechos: por un lado cancelamos la cuenta que usábamos en la BBK (porque ni teníamos ya hipoteca con ellos, ni ellos tenían una oficina a 100 kilómetros a la redonda de Aranda ni nos daban ninguna facilidad). Por otro, había que domiciliar los coches en el Ayuntamiento de Aranda para que el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica lo cobrasen aquí y no en Madrid (donde lo tenía domiciliado para que lo cobrasen automáticamente contra la cuenta corriente).
El caso es que el trámite del ayuntamiento lo fui dejando… hasta que me di cuenta de que el IVTM de 2008 me lo iba a cobrar el Ayuntamiento de Madrid (bueno, tampoco pasaba nada) y, lo que es peor, lo iba a pasar a una cuenta que había sido cancelada.
Así que, como soy un buen ciudadano, llamé para informarme al 010. «Pague usted los recibos a mano, y automáticamente se anula la domiciliación». Vale, eso hice; pagué los recibos mediante tarjeta de crédito (para eso la web del Ayuntamiento de Madrid funciona estupendamente, la verdad), y pensé que ya estaba todo hecho.
Pues no. Resulta que, cuando pasa el tiempo, descubro que a pesar de haber pagado ya, no se habían anulado las domiciliaciones y que me habían pasado el recibo. Y que, aunque la cuenta había sido cancelada, como todavía tenía otra cuenta en la BBK, habían decidido cargarlo contra esa (sin preguntar, claro). Conclusión, que había pagado por partida doble los recibos. Esto era junio de 2008, aunque yo no me di cuenta porque daba ese asunto por resuelto y porque la cuenta de la BBK era residual y no la tenía controlada (se suponía que estaba ahí sin actividad ninguna).
El caso es que allá por octubre, recibo una nota del Ayuntamiento de Madrid indicándome (muy honrados ellos) que me habían cobrado por duplicado, e indicándome el procedimiento para solicitar la devolución de los recibos. Ahí fue donde descubrí todo el pastel, comprobé las cuentas de la BBK… en fin, «minicabreo» pero bueno, no pasa nada, culpa mía también por no haber estado más atento, y al fin y al cabo ellos me han avisado…
El 7 de noviembre presenté a la Agencia Tributaria de Madrid los impresos para que me hicieran la devolución. Y hasta hoy.
Hoy, cuatro meses después, he llamado al 010 para ver si me decían cómo estaba la cosa. La chica que me ha atendido (por cierto, el 010 suele funcionar bastante bien) me dice que ellos no pueden consultar el estado de esa gestión… pero que saben que lo normal es que «tarden mucho». «O sea, que mis cuatro meses no son nada extraordinario» «No, por lo que sabemos aquí suelen tardar, igual seis meses…» «Ya, ya… pues nada, qué le vamos a hacer» «Sí, para las devoluciones los plazos son largos» «Ya, que para cobrar bien que se dan prisa pero para devolver no tanto, ¿no?» «Jeje, sí, eso, yo no lo podía decir, pero vamos, eso».
En fin. Ya lo estoy viendo. Llegará junio y no me habrán devuelto mi dinero, que se habrá pasado un año entero en las arcas del Ayuntamiento en vez de en mi bolsillo de donde, para empezar, nunca debería haber salido…

Curiosa memoria

Hace ya casi cuatro años (por aquel entonces yo todavía era «consultor anónimo» con todas las consecuencias) leí un artículo en Worldatwork (estaba suscrito) que me pareció interesante, y se lo renvié a Julio Alonso que, por aquel entonces, estaba poniendo los pilares de WSL (¡cómo pasa el tiempo!). Yo estaba siguiendo con atención el nacimiento de WSL (de hecho por aquel entonces ya me había integrado en el equipo fundador de El Blog Salmón) y me pareció que era una lectura que encajaba perfectamente con el carácter «virtual» (o mejor dicho, distribuido) de la empresa.
Y ya está. Envié el artículo y no volví a acordarme nunca de él. Pero hete aquí que hace un par de semanas me volvió a la cabeza. Así, de repente, en medio de una conversación. «Pues me acuerdo de un artículo…». Cuatro años después, y ahí seguía, en algún rincón. Hoy lo he rebuscado en otro rincón, el de la cuenta de gmail (¡qué gran invento!)… y ahí estaba.
Ya que estaba, lo he aprovechado para una reflexión sobre la cultura empresarial en entornos distribuídos (que era el tema de la conversación que me hizo acordarme de él). Pero no deja de fascinarme esa capacidad que tienen nuestros cerebros para almacenar tantísima información, y para recuperarla de las formas más insospechadas.

Softbox hecha en casa

Dromedario 3

Cuando empecé a experimentar con el nuevo objetivo macro, ya me di cuenta de que poder disponer de una iluminación controlada, junto con un fondo adecuado, seguramente enriquecería mucho las fotos (vaya conclusión, eso es algo genérico para cualquier fotografía… pero bueno, a lo que voy).
Así que después de leer varias opciones, me he hecho mi propia «caja de luz» o «softbox» (he leído las dos terminologías, pero no estoy seguro de cuál es la más adecuada) siguiendo un esquema parecido a éste que me indicaba Luis en un comentario. Simplemente una caja, en la que se recortan los laterales (yo le he recortado también la parte superior) como si fueran los marcos de una ventana; el hueco se cubre con un material traslúcido (yo compré un plástico, como el que se pone en las carpetas que se usan para presentar un curriculum o un trabajo en el cole); y de fondo, una cartulina blanca.
Ah, y una «innovación» de mi cosecha (que no lo he visto por ahí, vamos); como lo de tener la caja rodando por ahí no me iba a hacer mucha gracia (y a mi mujer ni os cuento :P) lo que he hecho ha sido cortar cada uno de los laterales, de forma que la caja se pueda plegar para guardarla detrás de una puerta o del armario. Para facilitar que al volver a montar la caja las uniones queden fijas, he comprado un poco de velcro adhesivo que he colocado en las esquinas… y voilá, una caja que se monta y desmonta a voluntad.
A partir de ahí, la cosa consiste en aplicar fuentes de luz a través de esas «ventanas», de forma que la luz entra en la caja tamizada por el material traslúcido, ofreciendo una iluminación suave y difusa (infinitamente mejor que un flashazo directo) unida a un fondo neutro que resalta el motivo que estamos fotografiando. Para eso, y como hoy por hoy no me planteo invertir en nada demasiado profesional, he comprado un par de lamparitas (las más simples que encontré en la tienda, de esas que tienen una pinza para ajustarlas a una mesa) con un par de bombillas de 60 vatios: no es una iluminación muy potente (y además da calor, y corres el riesgo de quemarte si las tocas…) pero ajustando el tiempo de exposición (y montando la cámara en el trípode para que no se mueva mientras) va que chuta.
Y ahí estoy, con mi «mini-estudio» portátil. Os enlazo más fotos hechas en softbox.

Charla de fotografía en Aranda

Como ya sabéis los que venís habitualmente, uno de mis hobbys más recientes es la fotografía. Y aparte de la vertiente «autodidacta», he ido descubriendo que el aspecto social de la fotografía es también muy interesante y enriquecedor.
Internet proporciona una vía fantástica (a través de blogs, Flickr, foros) para compartir la afición. Pero siempre he pensado que hacerlo también «en la vida real», con gente de carne y hueso, le añade un plus. Estando en Aranda tengo más difícil unirme a otras iniciativas de ciudades más grandes (tipo photowalk), así que de un tiempo venimos (junto con otros compañeros del curso de fotografía que hice hace algunos meses) rumiando la idea de promover actividades relacionadas con la fotografía en Aranda de Duero.
En este contexto, y mientras valoramos si hay ganas suficientes (tanto por parte de los promotores como del potencial público objetivo) como para hacer algo más serio (tipo asociación), me he liado la manta a la cabeza para organizar por mi cuenta y riesgo una charla de fotografía para ver si hay ambientillo.
Para ello le he pedido a Mauro Fuentes (fotógrafo, bloguero, tuitero, flickero… y todo ello en sus ratos libres; responsable de fotomaf.com, de los foros de ojodigital.com y miembro del colectivo Cazadores de Luz) que sea la «estrella de cartel» de esta primera iniciativa.
Aparte de tener una cierta afinidad «blogosférica» con Mauro, desde que le conozco en su vertiente de fotógrafo siempre me ha llamado la atención una cosa; que no es un fotógrafo «de rancio abolengo» sino que empezó como pude empezar yo, experimentando con una compacta, y que a base de práctica, tesón, esfuerzo, estudio… ha ido profundizando y mejorando hasta alcanzar un nivel más que notable. Y que además no le duelen prendas en compartir lo que sabe. Así que me pareció el candidato ideal para hablar sobre «Fotografía: de la afición a la pasión» (que es como se me ocurrió enfocar la charla).
En fin, que espero que tenga un gran éxito, y que sirva como germen para hacer muchas más cosas en el futuro.
Los datos de la convocatoria:

  • Título: «Fotografía: de la afición a la pasión»
  • Ponente: Mauro A. Fuentes, fotógrafo, responsable de Fotomaf.com y Ojodigital.com y miembro del colectivo Cazadores de Luz
  • Fecha: 7 de marzo, 18:30
  • Lugar: Centro Cultural CajaBurgos, Aranda de Duero (entrada por el lateral)
  • Organiza: conectaranda.com

Web 2.0 y empresas, con ULMA en Oñati

La próxima semana, concretamente el jueves 5 de marzo, estaré en Oñati (Guipuzkoa) en una conferencia / mesa-redonda titulada «Web 2.0 y empresas: retos y oportunidades» gracias a la iniciativa de ULMA.
El evento será a las 11:00 en el Auditorio ULMA, y después de un rato de exposición tendremos un seguro que interesante intercambio de opiniones con David Sánchez e Iker Merchan.
Como siempre, si alguno estáis por allí, ¡nos vemos!

Locos, trastornados

No soy nada habitual de las «newsletters» y suscripciones por correo. No lo fui en el pasado, y menos desde que descubrí los feeds RSS. Sin embargo hoy me he suscrito a una.
Se trata de CrazyDerangedFools, una iniciativa de Hugh McLeod. Según reza la descripción, un CDF es «alguien que tiene la osadía de aspirar a trabajar de forma que genere disfrute, sentido y contribución tanto para él mismo como para otros, y a la vez sirva para pagar las facturas. Va de creatividad, de encontrar sentido a lo que uno hace, pero también de vivir en el mundo real. Ésa es la realidad en la que quiero vivir, y por lo que parece no estoy solo»
Y como me he sentido identificado, me he suscrito a ver de qué va. Luego, si mola o no, lo iremos viendo en el tiempo.

Cancelando un curso

Como sabéis, hace unas semanas anuncié la convocatoria de un curso sobre Web 2.0 a celebrar en febrero, con idea de formar un grupo de 10-20 personas. Ayer, a la vista del número de inscripciones (muy bajo, insuficiente ni para cubrir costes ni para dar una imagen mínimamente digna), tomé la decisión de cancelar la convocatoria y devolver las inscripciones a los que ya las habían pagado.
Ya llevaba tiempo con la mosca detrás de la oreja, viendo que la cosa no iba como esperaba, y al final llegó el momento de tomar la decisión. La vida está hecha de cosas que salen bien, y de cosas que salen mal; y ésta es de las que han salido mal, un fracaso con todas las letras. Pero, al margen de la gestión emocional del fracaso (que a nadie le gusta, y probablemente a mí incluso menos), creo que merece la pena reflexionar sobre las causas y ver si se puede extraer alguna lección para futuras ocasiones.
¿Por qué no ha funcionado la convocatoria? Se me ocurren varias posibles razones:

  • ¿El tema no interesa?: mi sensación es que no es un factor relevante. Al fin y al cabo, ya he hecho otras intervenciones antes que han funcionado bastante bien, y tengo otras en cartera para los próximos meses. Hay demanda/curiosidad por este tipo de contenidos, por mucho que en el mundillo se dé por amortizado el término «2.0». Pero en el «mundo real» sigue habiendo interés, estoy convencido de ello.
  • El precio, ¿disuasorio?: 105 euros por una sesión de 4 horas. Puede que haya gente a la que le haya echado para atrás, pero pensándolo con detenimiento creo que nadie podría plantear que es un precio escandaloso. Hombre, si lo pones más barato, o incluso si lo haces gratis, más gente se interesará. Pero no es ya sólo que organizar un curso supone incurrir en una serie de costes (una sala, un proyector, un coffee break…), sino que creo que ofrezco algo de valor, y que hay que ponerle un precio. No es una acción promocional cuyo coste puedas asumir a cargo de un (inexistente) presupuesto comercial, sino un producto con vocación de ser rentable. Hacerlo por menos es devaluarlo, y para eso prefiero no hacerlo.
  • ¿El concepto de convocatoria abierta no funciona?: alguien me lo comentó; «la gente considera que la formación la tienen que pagar sus empresas, pocos se plantean sufragarla a título individual y las empresas tampoco están muy abiertas a atender las peticiones de los empleados así como así». Pero claro, el objetivo de esta convocatoria abierta era precisamente ése, facilitar que personas pudieran acceder a este curso a título individual (bien pagándola ellos, o sus empresas)… En fin, han sido varios los que me han «confesado» que su experiencia organizando convocatorias abiertas no ha sido muy satisfactoria. Yo era la primera vez que lo intentaba, y ya veis que los resultados no han funcionado bien.
  • ¿El horario estaba mal planteado?: probablemente un argumento de peso que no ponderé lo suficiente. Dedicar toda una mañana entre semana a irse a un curso queda fuera del alcance de mucha gente. Yo ahora tengo gran disponibilidad, e incluso cuando trabajaba en «grandes consultoras» siempre disfruté de cierta autonomía en la gestión de mi tiempo, pero a veces se me olvida que he sido y soy un privilegiado. Hay quien me ha sugerido plantearlo entre semana pero después de la jornada laboral (por ejemplo dos días de 19’00 a 21’00) o la mañana de un sábado para poder asistir. A mí a priori se me haría más difícil ir a un curso en esas condiciones, pero para mucha gente es la única opción.
  • ¿Mal promocionado?: sin duda, gran error por mi parte. Partí de un presupuesto que se demostró erróneo; «entre las menciones que he puesto en el blog de Digitalycia, la gente que lee este blog, lo del twitter, y lo que comenten en su entorno… vamos, 10 plazas las lleno con la gorra». Pues no. Y no por falta de colaboración (me consta que varias personas lo han movido en su entorno; gracias por ello!), sino porque simplemente no es suficiente. Probablemente, ni siquiera era un target apropiado. Tendría que haber planteado el posicionamiento a otros colectivos, haber sido más proactivo en su difusión (aunque eso me llevaría a otro punto: tampoco el margen del curso es tan extraordinario como para soportar mucha inversión de tiempo/recursos en el marketing, que probablemente se aprovecharía mucho mejor vendiendo convocatorias cerradas en empresas que buscando asistentes uno a uno)… lo cierto es que desde el principio pensé que funcionaría casi «por sí solo», y al ver que no sucedía me quedé tan descolocado que ni siquiera fui capaz de reaccionar o plantear alternativas. No tenía un «plan B», y no lo articulé después.

En fin, aquí va mi ración de autocrítica. No sé cómo lo veis desde fuera, posiblemente haya más cosas de las que ni siquiera me doy cuenta, estaré encantado de escuchar vuestras opiniones (e incluso de soportar estoicamente los «gorrazos» que me correspondan por las cosas que no he hecho bien).

Videos en Animoto

Ya le había visto alguna vez a Javier un video hecho con Animoto, y me había quedado con ganas de trastear con ello. Hoy le he dedicado unos minutos… y francamente, una experiencia bastante satisfactoria. Según la web, es una aplicación que «con un click produce videos a partir de imágenes y música seleccionados por el usuario». La idea es que la aplicación analiza música e imágenes y, mediante un sistema de «inteligencia artificial», los mezcla consiguiendo un video «que tiene el impacto emocional de un trailer de película y la energía visual de un videoclip».
Pues eso, que he estado probando con algunas fotos (las puedes subir tú, o recuperarlas directamente de tu cuenta de flickr y otros sitios similares) y una musiquilla (ellos tienen un pequeño catálogo por temas, pero podrías subir tú mismo la música), con el resultado que veis. A mí me parece que mola, y además se hace con cuatro clicks y el procesado del video va rápido. Y luego, claro, lo puedes insertar donde quieras, enviarlo por mail, exportarlo a youtube, descargártelo o incluso pedir que te lo envíen en DVD…
Bien logrado también su sistema de precios: una versión gratuita (que permite videos de 30 segundos como máximo) que te permite explorar sus posibilidades pero quedándote con las «ganas de más». Ganas que puedes satisfacer pagando, o bien por una suscripción «tarifa plana» de un año, o bien por 3$ para videos individuales. Todo ello para uso personal, porque si es para uso comercial hay una tarifa diferente.
Ya le voy a dedicar tiempo para hacer algún otro video. Y, quizás, me plantée la opción de pagar por hacer alguno más largo.

Famosos, exclusivas e intimidad

Ya tenemos tema del mes: ¿la crisis? NO ¿los dossieres del PP? NO ¿elecciones en el País Vasco? NO. La Pantoja ha roto con el Cachuli por el lucrativo medio de exclusiva en ¡Hola!.
¿Me parece mal? No. Yo no lo haría (lo de dar exclusivas sobre mi vida privada), pero bueno, si alguien quiere hacerlo, allá él. Si algún medio quiere pagarla, ellos verán. Y si hay gente que se tira de cabeza a los quioscos para leerla, pues con su pan se lo coman. Es un país libre, ¿no?
Lo que me revienta es que luego esa gente que vende exclusivas por una morterada haga declaraciones del tipo «es mi vida privada, por qué la gente habla de mí». No, eso no vale. Si juegas a un juego, lo haces con todas las consecuencias. Si pones a la venta tu vida privada (porque te pagan unos millones, porque ayuda a que la gente no se olvide de ti y siga yendo a tus conciertos o comprando tus discos), luego no digas que «es privada».
Decía yo en twitter que la Pantoja se merecía todos los paparazzis del mundo, por incoherente. Y me contestaba Alberto que si no debería tener ella el control sobre qué comercia y cuándo lo hace. La intensa discusión posterior a ráfagas de 140 caracteres me ha hecho pensar que mi posicionamiento era quizás un pelín extremista, aunque el fondo sigue siendo el mismo.
Si tú das una exclusiva hablando de tu vida personal, el efecto inmediato es que vas a ser la comidilla durante semanas. La gente (yo mismo lo estoy haciendo) comentará eso que tú has decidido hacer público, y tendrá todo el derecho a hacerlo porque es una liebre que tú has levantado. Unos lo harán en privado, otros lo harán en público y rellenarán horas de programación con «sesudos» debates sobre la cuestión. Plenamente legítimo, plenamente esperable… así que si no te gusta, no empieces.
Hay un segundo efecto, y es que al calor de la discusión surgirán otros personajes a dar «su opinión». Saldrá Cachuli, saldrá su ex-mujer, la tipeja que un día se enrolló con el hijo, el compañero de celda del Cachuli, el jardinero que un día les regó el jardín y cualquiera con ganas de un ratito de fama. Los programas de televisión irán como locos a recoger esos «testimonios». Y, de nuevo, es perfectamente legítimo (si tú has contado tu historia, los demás podrán contar la suya, ¿no?) y esperable.
Y luego hay un tercer efecto, que es el del acoso, los paparazzis persiguiéndote, enjambres de reporteros montando guardia frente a tu casa para poner su alcachofa delante de la boca de cualquiera que se atreva a asomarse por allí, persecuciones en los aeropuertos… Esto ya no creo que sea legítimo (y en ese sentido creo que mi tuit inicial era excesivo), pero sí perfectamente esperable sabiendo cómo está el patio. ¿Que no debería ser así? Quizás, pero ES así.
Por lo tanto, si no te gustan estos efectos, procura no echar a rodar la bola de nieve. No des exclusivas, no comentes tu vida privada. Limitate a hacer tu trabajo, y santas pascuas. Igual hay gente que pretende seguir dandote el coñazo, pero si no les alimentas acabarán aburriéndose y yendo a por otro. Pero si lo haces, si pones carroña en tu ventana (porque te la pagan muy bien), sabes perfectamente que se va a llenar todo de buitres. Así que luego no vengas con el rollo hipócrita de tu «vida privada» y «que no hablen de mí».