Época de buenos propósitos
Con la entrada del año nuevo entramos en territorio de revisión del año anterior y planificación del siguiente. Y hay una gran estrella: los buenos propósitos.
Hay centenares de contenidos en internet que te cuentan cómo deberías hacer una revisión-planificación del año, cómo hacer que tus propósitos se hagan realidad… así que no quiero abundar en lo mismo. Simplemente quiero compartir mi experiencia de cómo he elaborado yo mis propósitos para 2019, y cuáles son.
Reflexión antes de los propósitos
Es fácil «tirar de repertorio» para enunciar los buenos propósitos: ponerse en forma, aprender inglés, dejar de fumar, leer más… clásicos que año tras año aparecen en el «top ten» y que, curiosamente, al año siguiente vuelven a aparecer…

Más difícil es hacer un proceso de reflexión sosegada y enfrentarnos a nuestros propios demonios. Exige calma, orden, ganas de «rascar» por debajo de la superficie… y en definitiva ponernos frente al espejo sin tratar de engañarnos a nosotros mismos. Pero si queremos unos propósitos útiles, es necesario dar ese paso… porque si no ya sabemos lo que pasa.
Recopilando datos del año anterior
¿Qué hice durante el año? ¿A qué proyectos he dedicado mi tiempo? ¿Con qué personas me he relacionado? ¿Qué he leído, qué formaciones he hecho? ¿A dónde he viajado? Una de las cosas de las que me he dado cuenta es que resulta muy difícil hacer un repaso si antes no has sido un poco riguroso registrando la realidad día a día. Hay veces que nos cuesta recordar lo que hemos hecho por la mañana… ¡como para acordarnos de lo que hicimos el febrero pasado!
En este sentido, a mí me ayuda llevar un diario. Después de varios intentos a lo largo de mi vida, este año he conseguido ser bastante constante en la labor de «journaling» (siguiendo la propuesta del 5-minute journaling). Aun así, creo que me vendrá bien hacer el esfuerzo de ir consolidando con cierta frecuencia (mi idea es hacer «revisiones mensuales» en las que poder extraer los hitos relevantes, y así llegar al final del año con parte del trabajo hecho).
También me ha resultado útil revisar la agenda (donde tengo apuntadas reuniones, viajes, etc…). También creo que le puedo sacar más partido en este año entrante a esta herramienta, y utilizarla para apuntar más cosas (incluso a toro pasado).
En mi caso, que tengo una notable producción online (entre el blog, los podcasts, el canal de youtube…) me ha venido también bien echar un ojo a lo que he publicado. Y como nota curiosa, también me ha resultado refrescante revisar las fotos almacenadas en Google Photos (y recordar cosas, momentos… que podrían haberse perdido)
En todo caso se trata de hacer una recopilación objetiva, sin juzgar nada todavía. Simplemente acumular datos.
Lanzando una retrospectiva
Una vez que tenemos los datos encima de la mesa (y las sensaciones que nos genera), toca valorar.
En mi caso, utilizo las categorías que mencionaba en el post sobre la rueda de la vida (físico/salud, desarrollo personal, administrativo/financiero, familiar, social, profesional, hobbies y contribución). Y para cada una de ellas, extraigo tres tipos de puntos:
- Aquellas cosas que me gusta como van, y que quiero que sigan siendo así.
- Aquellas cosas que quiero empezar a hacer, o que quiero hacer con más frecuencia/intensidad.
- Aquellas cosas que quiero dejar de hacer, o que quiero hacer con menos frecuencia/intensidad.
Con esto tengo una visión bastante consolidada, en una única hoja, que me permite ver «por dónde quiero que vayan los tiros».
La rueda de la vida
Después de recopilar, y de analizar… ¿cuáles son las conclusiones? He utilizado la herramienta de «la rueda de la vida» para reflejar mi visión de dónde estoy respecto a dónde quiero estar. Al final se trata de «poner una nota» a cada uno de los aspectos de mi vida, y ver dónde están mis fortalezas y mis áreas de mejora.
Obviamente aquí lo importante no es «la puntuación», sino las sensaciones que tienes y las reflexiones que te han llevado allí. Por eso viene bien hacer este ejercicio después de haber hecho los pasos anteriores… porque así las sensaciones tienen una base.
Y por fin, los propósitos
Después de todo el ejercicio de rumiación, llega el momento de establecer cuáles van a ser las «directrices» para todo el año, las grandes líneas estratégicas que quieres que marquen tu comportamiento a lo largo del año. En mi caso las he destilado hasta quedarme con cuatro, que son éstas:
- Vida más sana: seguir impulsando comportamientos saludables, relacionados con la actividad física y la alimentación, que me ayuden a acercarme a mi peso ideal y a generar bienestar y energía.
- Buen humor: ser más consciente de mi estado de ánimo, y de cómo afecta a quienes me rodean, procurando elegir mejor mis palabras, gestos y acciones para proporcionarles mejores momentos.
- Foco y persistencia: utilizar de manera más deliberada mi tiempo, decidiendo a priori en qué emplearlo y poniendo los medios y herramientas necesarios para aprovecharlo al máximo y que genere un impacto perceptible en mis habilidades, mi actividad y mi vida.
- Proactividad: dar más primeros pasos. Sugerir, proponer… abrir la puerta a más posibilidades, ofreciéndome a los demás y gestionando la diversidad de reacciones de manera positiva, tanto en lo personal como en lo profesional.

Si te interesa profundizar un poco más en el trasfondo que hay detrás de estos propósitos, he subido un episodio al podcast «Diarios de un knowmad» entrando un poquito más en detalle en cada uno de ellos.
Algunas notas sobre el proceso que quizás te resulten útiles
- Como ves, he destilado los propósitos y los he dejado en cuatro. Podrían ser 10, o 20… pero creo que es importante hacer el esfuerzo de darle vueltas hasta quedarse con lo esencial. Cuatro es un número manejable, que me va a permitir tenerlos en mente y guiar mi comportamiento sin que se diluya demasiado.
- Si te fijas, la redacción de los propósitos tiene un tono positivo, propositivo. Están definidos en términos de «lo que quiero conseguir», no en términos de «a lo que quiero renunciar». No dice «perder peso» o «evitar distracciones», sino «acercarme a mi peso ideal» o «aprovechar al máximo mi tiempo». Puede parecer un matiz un poco irrelevante, pero creo que es útil de cara a estar a gusto con tus propósitos.
- Parte de la gracia del proceso ha sido plasmarlo en formato físico. La rueda de la vida, los propósitos… tienen su espacio en mi cuaderno (y próximamente los pondré como fondo de pantalla y/o en papel en la pared). Al final creo que hay un valor primero en trabajarlos en formato manipulable (más allá de escribirlos en el ordenador), y luego en tenerlos a la vista durante el año (para que no se te olviden).
- También tiene algo de «exorcismo» el hecho de hacerlos púbicos. De que no sean una reflexión «de mí para mí», sino que queden expuestos (incluso con la parte de «intimidad» que puedan tener). Creo que, de alguna manera, es algo que refuerza el compromiso, y te hace más difícil el escabullirte más tarde.
- Y por supuesto, esto de los propósitos está muy bien pero no sirve de nada si no se traslada en acciones. El objetivo es utilizarlos como guía para implantar acciones, tomar decisiones, implantar hábitos… y en general como guía del comportamiento. Se trata de hacer cosas de formas diferentes para conseguir resultados diferentes.
¿Y tus propósitos?
Tengo curiosidad… ¿cómo afrontas tú este proceso de revisión-planificación del año? ¿Cuál es tu experiencia? En todo caso, mi deseo es que tengas el mejor año posible, y sobre todo que hagas todo lo que esté en tu mano para que así sea.












