Contrastes

Es curioso. El fin de semana pasado estuve en el EBE, rodeado de «blogueros» y demás gente de más vivir (EDITO: quería decir «gente de MAL vivir», pero como bien me apuntan en los comentarios me he equivocado… ¿o no?). Éste último lo he pasado con mis amigos del Colegio Mayor (una costumbre que hemos conseguido mantener a lo largo del tiempo, la de quedar un fin de semana cada x meses en un sitio).
En Sevilla, centenares de personas «como yo» a las que eso de tener un blog, o escribir en twitter, o estar en redes sociales, o relacionarse intensamente a través de internet les parece algo normal y cotidiano. En Pamplona, un puñado de amigos (bueno, algunos de ellos; otros lo ven algo más normal) a los que estas cosas les parecen una frikada del quince y que encuentran «raro» (y hasta preocupante) que alguien se encuentre agusto así.
En fin, siempre viene bien de vez en cuando jugar en «terreno hostil» para ver el mundo de otra forma, y para cuestionarse lo que uno hace, y por qué lo hace. No digo que me vaya a replantear cosas, pero no viene mal hacer un poco de «examen de conciencia» de vez en cuando.

¿Prohibido fumar? ¡Me la suda!

prohibido fumar

Ésta foto está tomada el pasado domingo, en el intercambiador de Avenida de América en Madrid, mientras esperaba mi autobús para volver a Aranda. Para quien no lo conozca, el intercambiador es un complejo subterráneo donde confluyen varias líneas de metro, líneas de autobuses de cercanías y líneas de autobuses de largo recorrido. Recalco lo de «subterráneo»: hasta tres pisos por debajo del nivel del suelo. ¿Ventilación? No es mala (teniendo en cuenta el volumen de vehículos que circulan por ahí se puede respirar) pero es artificial. Es, en definitiva, un espacio cerrado en el que está prohibido fumar. Algo que se recuerda con indicadores en cada columna… y en cada papelera. Y ya veis. Alguien decidió que la señal de prohibido fumar era para todos menos para él, y tuvo los santos cojones de fumarse un cigarro y echar la ceniza y la colilla encima de la propia señalización.
Qué rabia. Qué gentuza. Ojo, no estoy diciendo «los fumadores son gentuza», ni mucho menos. Éste en concreto sí lo era. Pero si por casualidad no fumase, sería gentuza igualmente: si tuviera un perro dejaría las cacas en las aceras; si tuviera un coche se saltaría los semáforos en rojo o iría a 100 km/h por la ciudad, o dando luces a 180 por carretera pegado al culo del de delante, o ciego de alcohol y drogas; es el que pone la música a todo trapo a las 5 de la mañana, el que entra a mear en tu portal, el que deja el condón usado en la playa, el que deja el bosque lleno de basura cuando va de merendola, el que…
Gentuza que no es capaz de respetar las mínimas normas de comportamiento y de convivencia social. Y no estamos hablando de convencionalismos sociales o de ser «políticamente correctos». Se trata de respetar, aunque sea mínimamente, a los demás.

La hora de la verdad

Acabo de pasar por ello, una vez más. Es el momento que vivimos los consultores en el que finalizas un documento para un cliente y hay que mandárselo (en este caso, un informe de conclusiones ligado a un Plan de Acción 2.0), o los instantes previos a entrar en una reunión importante a defender tu trabajo. Y a pesar de que crees que lo has trabajado con honestidad, que has puesto todo de tu parte para conseguir un buen resultado, que has hecho los análisis pertinentes, que las conclusiones son válidas y que aportan valor… siempre te queda el gusanillo: ¿se ajustará a las expectativas del cliente? ¿las superará? ¿las defraudará?
Siempre he oído decir a los actores de teatro (incluso a los que llevan décadas subiéndose a los escenarios) que el momento previo antes de salir a escena, cuando están entre bastidores, sienten cómo se les cierra el estómago. No importa lo bien que tengan preparada la obra, la de veces que lo hayan hecho antes. Supongo que, inevitablemente, nos pasa algo parecido.
Cuando era más joven pensaba que eso, con el tiempo, se iría pasando. Pero parece que no es así. Imagino que tiene mucho de reacción biológica ante la incertidumbre y el deseo de aceptación, ¿no?

Impresor de chorretero

Hernán Casciari, en EBE

Hernán Casciari se ocupó de cerrar el Evento Blog, y de qué manera. Un discurso divertido (fiel a su estilo; también se puede escuchar en mp3), pero también con una notable carga de profundidad.
Quizás el fragmento que mejor resume su intervención es éste:
«Desde hace un cuarto de siglo vengo utilizando (para escribir mis cuentos y mis crónicas) las diversas herramientas de escritura que me proponen los tiempos: lápiz, cuaderno; tiza, pizarrón; bolígrafo, carpeta; máquina de escribir, folio A4; máquina de escribir eléctrica, folio carta; ordenador 286, wordperfect 5.0, formulario contínuo, impresora de chorro. Etcétera.
Nunca, en todo ese tiempo, a nadie se le ocurrió bautizarme cuadernero, ni pizarronero, ni carpetero, ni olivetero, ni wordperfectero, ni impresor de chorretero. »
El blog como mera herramienta. Muy potente, sí (nadie creo que lo dude a estas alturas). Pero herramienta al fin y al cabo. Y como buena herramienta, lo único que importa es qué hacemos con ella.
Hace ya tiempo que decíamos no ser bloggers («blogueeeeero»), si no «pelotudos que tienen un blog«. Y que lo deseable sería que «tener un blog» fuese algo tan corriente que resultase invisible de puro cotidiano.
Ésa es la muerte del blog que vaticina Casciari. La muerte de la herramienta como protagonista de la historia, y el retorno de los focos a quienes los merecen: las personas, sus ideas, su actividad, su talento…, que se apoyarán siempre el vehículo que mejor les sirva. Que ahora se llame «blog» o que mañana se llame de otra forma es, sencillamente, irrelevante.
Foto | Victoriano Izquierdo

Pensaba que eras más serio

«Pensaba que eras más serio». Esto me lo dijo una persona durante el fin de semana en Sevilla, y lo dijo (o al menos yo lo entendí) como un cumplido. Es decir, que al conocerme personalmente descubrió a alguien más cordial, cercano y campechano (como el Rey :P) que la idea que se había construido de mí.
Me dejó pensativo. Por un lado me alegra que en persona sea capaz de transmitir esa imagen, que es la que yo tengo de mí mismo: creo que ser un buen profesional (o intentarlo) no está reñido con ser «buena gente» ni te lleva obligatoriamente a tener que ser sombrío y cirunspecto. Pero por otro lado, me «preocupa» (hasta cierto punto) que alguien pudiese tener esa idea sobre mí. ¿Será que la foto que uso habitualmente para identificarme (algo que se mencionó expresamente) resulta un tanto «agresiva»? ¿Igual es que mi forma de escribir es poco «cálida»?
No sé. Siempre he pensado que la forma en que yo abordo mi presencia en internet reflejaba de una forma bastante transparente mi forma de ser. Pero al encontrarme con esta situación, tengo que pensar: ¿no es así? ¿o igual es que no soy como creo ser?
Ya, ya, menuda paja mental 🙂 . Pero es que este EBE, a parte de tener un buen puñado de pura «socialización», me ha devuelto a casa con algunas cuestiones «profundas»…

Rumbo al EBE08

Pues ya no queda nada. Esta tarde a hacer la mini-maleta (sin ordenador ni nada que se le parezca: el móvil como único artefacto), y mañana tempranito a emprender viaje. Aranda tiene sus inconvenientes (bus a las 8’30 para poder coger el AVE de las 12’00 y llegar a Sevilla a las 14’30), pero también disfruto de ir mirando por la ventana, para variar.
Y a Sevilla, a disfrutar del Evento Blog España en esta edición 2008, esperando que sea tan estupenda como lo fue la del año pasado (tanto en lo referente al propio evento como en su dimensión social).
Si estáis por allí, ¡nos vemos! Estaré localizable vía twitter y vía mail, espero rencontrarme con mucha gente conocida, y también poner cara a muchos conocidos «virtuales», y conocer a desconocidos… en fin, es un poco abrumador a priori, pero la experiencia me dice que luego es ir hilando conversación tras conversación hasta que el domingo te metes en el tren, completamente agotado, pero encantado del viaje.
PD.- El video es del amigo Roger, y se titula «¿Dónde estabas entonces?»… título que le sugerí yo y que me ha hecho acreedor de un maravilloso twitter analógico 😀

¿El networking no sirve para nada?

Eso es al menos lo que plantea Senior Manager en su artículo «¿Networking? No, gracias, estoy buscando empleo«. Un planteamiento que me ha dejado bastante sorprendido.
Yo estoy definitivamente mucho más cerca de Yoriento al considerar al «networking» (o a los contactos personales de toda la vida de dios) como la mejor técnica de búsqueda de empleo. Y quien habla de empleo, habla de buscar un nuevo socio, una oportunidad comercial, un colaborador, un proveedor… La opinión y recomendación por parte de alguien en quien confías es siempre (al menos yo lo percibo así) mucho más importante que cualquier acercamiento «a puerta fría». Cuando vas a un sitio «de parte de Fulanito» (y Fulanito es alguien solvente) tienes mucha parte del camino recorrido.
Tengo la sensación de que el problema (y la percepción de ineficacia del networking, que es lo que argumenta Senior Manager) viene cuando se hace una gestión equivocada de la herramienta. El foco del networking no puede estar en acumular contactos de cualquier forma y manera, sino en tener una red de contactos fuerte, sólida, basada en lazos de confianza construida a lo largo del tiempo (y no de un mero intercambio fugaz de tarjetas o de un simple «aceptar la amistad» en un sitio de internet). Los contactos débiles, en general, no sirven para nada: muchas veces ni se acuerdan de nosotros, ni nos conocen en profundidad, ni se fían de nosotros como para «poner la mano en el fuego» frente a terceros (como, por ejemplo, para recomendarnos para un trabajo).
Claro, si nuestra red está formada por ese tipo de contactos «de baja calidad», entonces efectivamente el networking no sirve para casi nada. Pero si reducimos la definición de «contacto» a personas a las que conocemos, respetamos y en las que confiamos (y viceversa: la reciprocidad en este caso creo que es imprescindible), entonces la cosa cambia.
El gran problema de los sitios de «red social» en internet (tanto las más lúdicas como las más profesionales) es que existe la tendencia a considerar «contacto» a casi cualquiera (incluso hay quienes directamente aceptan como contacto a cualquiera que se lo solicite aunque no se le conozca de nada: algo que no soy capaz de entender). Y poco importa que uno mismo intente ser pulcro en este aspecto (y asegurarse de que «mis amigos son mis amigos»): si tus contactos son más laxos entonces «los amigos de tus amigos» dejan de tener valor (porque no sabes cuáles lo son realmente, y cuáles son solo de atrezzo).
En definitiva, puedo entender una cierta decepción en cuanto al funcionamiento de los sitios de red social (aunque no dejan de ser la evolución digital del clásico tipo que presume de que «conoce a todo el mundo» y luego en realidad no es para tanto), pero creo que eso no puede nunca poner en duda el valor que tienen las relaciones sólidas.

Gurús: separando el grano de la paja

Ante la avalancha de gurús…

Resulta fundamental identificar a tiempo a estos «expertos» y «gurús», y evaluar en detalle sus conocimientos y experiencias profesionales, con el objetivo de separar claramente los reales de los imaginarios

Pedro J. Arocena

Muy ilustrativa (y cinematográfica) la entrada de Pedro J.Arocena sobre «el hombre que sabía demasiado«.

Préstamos y donación, en Kiva.org

Hoy he hecho algo que tenía pendiente desde hace un tiempo. Ha sido una entrada de Borja Prieto la que me lo ha recordado (y fue él mismo el que me metió el gusanillo hace ya unas semanas), y dicho y hecho: me he apuntado a Kiva.org, he dado mi primer «préstamo p2p» (y además, me he unido al equipo liderado por Borja) y he donado una cierta cantidad a la propia organización de Kiva.
¿Qué es Kiva.org, y qué es eso de los préstamos p2p? Kiva es una organización que sirve de enlace entre «prestamistas» (a título individual) del primer mundo, y emprendedores del tercer mundo. Se trata de utilizar internet para hacer posible un sistema de microcréditos distribuidos, al estilo de lo que implantó M.Yunus. Claro, la noción de «emprendedor» cambia sustancialmente respecto a cómo estamos acostumbrados a usar la palabra por estos pagos. Puede ser desde un agricultor que necesita fertilizantes para su tierra, un artesano que necesita dinero para comprar material, un taxista que necesita reparar su vehículo, un trabajador que necesita ampliar su taller…
La idea es que, a través de Kiva, estos emprendedores reciben ese dinero que les permite poner a funcionar o mejorar su pequeña actividad empresarial, y así incrementar su flujo de ingresos. No se trata de una donación a fondo perdido, sino que el objetivo es que esos ingresos generados sirvan, además de para procurarles un beneficio a ellos, también para devolver lo prestado (eso sí, sin tipo de interés).
Tenemos que pensar que lo que para nosotros puede ser un «dinero de bolsillo» (se pueden dar préstamos a partir de 25 dólares), para ellos puede ser una pequeña gran fortuna. Y que teniendo en cuenta el inexistente sistema financiero en gran parte del tercer mundo, estos préstamos pueden ser la única forma que tengan de acceder a una financiación que les sirva para poner en marcha «la rueda del dinero». Y es que, para los que entendemos que la actividad empresarial es la principal fuente de generación de riqueza para una sociedad, estos préstamos no son sólo útiles para el emprendedor que los recibe, sino también para su entorno.
¿Qué garantías tiene este sistema? En principio, existen organizaciones sobre el terreno que son las que se encargan de hacer un primer filtro entre los emprendedores, y de asesorarles para un uso provechoso de esos fondos. Pero no actúan como garantes, así que es más una cuestión de confianza. Algo que no debería provocarnos demasiada inquietud: las cifras hablan de porcentajes de devolución por encima del 95%.
No sé hasta qué punto el «affaire Mobuzz» (y la reflexión sobre si es una causa que merece la pena apoyar o no) ha tenido algo que ver en que haya dado finalmente este paso. Es posible que algo haya influido. Pero al final, como le decía a mi mujer, es necesario darse cuenta de que, con todas las «crisis» y problemas que podamos tener en nuestra sociedad «del primer mundo», estamos mejor que el 90% de los seres humanos de este planeta. Y es bueno ponerse en esa perspectiva y empujar en la dirección correcta.
Foto | liewcf