Momentos gloriosos de la UDS

He de reconocer que ayer, con el partido del Athletic, sentí una punzadita de envidia. No demasiada, porque aunque sea «de rebote» (7 años en Bilbao hacen que algo, aunque sea un poquito, se te pegue; y una mujer «del Athletic» también ayuda) y en la lejanía, disfruté de esa especie de éxtasis colectivo: ver esa comunión tan perfecta entre ciudad-club-equipo y encima con el resultado soñado… en fin, eso, emocionante, vibrante, espectacular.
Pero hablaba de envidia… y no he podido por menos que acordarme de algunos momentos asimilables que yo he disfrutado; más que con el Atlético de Madrid (que también ha habido alguno, pero bueno, lo vives a título individual y no compartido con el resto de tus conciudadanos) con la Unión Deportiva Salamanca.
Y es que como decían en este comentario, todos los equipos pueden vivir situaciones similares aunque no sea ganando un título o metiéndose en una final. A veces vale un ascenso, o un partido contra un grande, o un derbi…
Y me he acordado, por ejemplo, de aquel gol de Edu Alonso frente al Atlético de Madrid que suponía, en el minuto 89, un 5-4 en el Helmántico (y que celebré en el estadio abrazando efusivamente a un señor desconocido que se sentaba al lado… y eso que yo soy del Atleti!). O de aquel 6-0 al Valencia que también disfruté, incrédulo, en directo. O de la noche de Reyes en la que vimos por televisión como el Salamanca remontaba en los últimos minutos un 1-3 al mismísmo Barça para terminar 4-3.
Pero si me tuviera que quedar con uno, sería con éste:

25 de junio de 1995. El Salamanca, en Segunda división y con Juanma Lillo en el banquillo, accede a jugar la promoción de ascenso que, en aquella época, significaba cruzarse en doble partido a uno de los equipos procedentes de Primera, en este caso el Albacete de Benito Floro, con Molina en la portería y con gente como Zalazar o Dertycia. El partido de ida, en el Helmántico, un desastre. 0-2 para el Albacete. Y sin embargo, la ciudad entera quería soñar con volver a Primera y la cita era en el Carlos Belmonte.
Recuerdo estar escuchando el partido por la radio con mi hermana. El Salamanca hizo el 0-1 en la primera parte, esperanza. Pero el partido avanzaba, y a pesar del entusiasmo, se nos iba. Minuto 90, y nada. Yo ya había abandonado la esperanza, lo habíamos tenido tan cerca… y de repente, cuando ya pasaban varios minutos del tiempo reglamentado… sucedió. Un tal Urzáiz («un jugador con etiqueta de trotamundos, con olor al banquillo de muchos equipos» dice la crónica) se eleva en el área y marca de cabeza el 0-2. Recuerdo, justo antes de ese gol, mi hermana y yo escuchando el partido por la radio, ella todavía en tensión absoluta y yo ya diciéndole “bah, déjalo, ya es igual, ha estado cerca pero se acabó”. Y de repente GOOOOLLL!!!!! Y la gente gritando por las ventanas, bufandas y banderas al viento. Y ya en la prórroga llega el 0-3, y es el paroxismo, y más gritos, y más bufandas, y más banderas, y más gente en las ventanas coreando al unísono con otras decenas de desconocidos. Luego llegaron, en pleno delirio, el 0-4, y el 0-5, y el Salamanca estaba otra vez en Primera después de 11 temporadas.
Recuerdo terminar el partido, bajar mi padre mi hermana y yo a la calle, bajar por Sancti Spiritus hasta la Gran Vía, cerca ya de la medianoche, y cientos de personas exultantes, coreando himnos, saltando…
Pues eso, que han pasado 14 años, y ves el video y no puedes evitar sentir escalofríos. Son esas tonterías del fútbol.

Te entrevistamos… si nos pagas

Vaya por delante que imagino que habrá muchos, con más mundo que yo, que pensarán que parezco tonto, que parece que hubiera nacido ayer y que de qué guindo me he caído. Pero a mí no me había pasado nunca, ni sabía que algunas cosas funcionaban así.
Me llaman por teléfono (de un «número privado»; como no los cojo, mensaje al contestador). Que me quieren entrevistar de un medio por Digitalycia. ¡Hombre, qué guay! ¿Habrán llegado hasta ellos noticias de mis conocimientos? ¿Querrán saber mi opinión sobre este intrincado mundo de las redes sociales y el dospuntocerismo?. Total, que les devuelvo la llamada, a ver de qué va el tema.
Me dicen que están preparando un suplemento que va a tener mucha difusión, en un diario de tirada nacional y en una feria temática, que están preparando entrevistas con distintas empresas en varias categorías para reflejar la variedad del sector, que han seleccionado nuestra empresa porque les parece muy interesante lo que hacemos… que me entrevistará un periodista, y además podré poner una foto o el logo…
A mí a priori me suena raro porque oye, yo no dejo de ser un mindundi, y tampoco yo es que me dedique al sector de la «formación» pero bueno, quién sabe, se habrán fijado en mí, «que esto de las nuevas tecnologías está muy en boga» y que «a veces las empresas pequeñas son más innovadoras que las grandes» y que patatín, patatán… y que bueno lo único es que aunque ellos asumen todo el coste de producción del suplemento, pues que hay una parte («coste de inserción», le ha llamado) que no pueden asumir, así que para poder publicar mi entrevista tendría que pagar… nada, algo que está al alcance de cualquier bolsillo, 1.575 si la entrevista es de media página, o 2.520 por página completa, o 4.990 por doble página. Y si quiero contraportada, o página 2, pues un extra.
Acabáramos. O sea, que de entrevista por lo bien que lo hago, lo mucho que les he llamado la atención o lo interesante que pueda ser para los lectores, nada. Que si quiero ponerles un anuncio «que parezca una entrevista». Amigo, eso es otra cosa. Imagino que mi nombre y mi teléfono habrán aparecido en un listado que haya hecho alguien buscando en internet, soy uno más del listado de llamadas a ver si «pico». Y yo, iluso, pensando que lo que hago había llamado la atención de alguien.
Al final hay dos mentiras bastante feas aquí metidas. Lo primero es que si me dicen «es para un anuncio» yo pongo el «chip marketing» y calculo. ¿Es una acción de marketing que me merezca la pena? ¿Es una acción de marketing que me parezca ética (eso de hacer pasar un publireportaje pagado como si fuera una entrevista hecha por puro interés editorial)? ¿Tengo alternativas mejores? Valoro, y decido. Pero no, primero te comen la oreja con la entrevista, y lo interesante que es lo que dices, y tal y cual… y luego te sueltan lo de los «costes de inserción» tratando de que parezca otra cosa (cuando es un pago por anunciarse, sin más). Oiga, pero qué me está contando.
Y la segunda, y más grave, es el resultado: un suplemento con apariencia de contenido editorial pero que en realidad es un gran catálogo de anuncios pagados. Imagino que en ningún sitio se advertirá al lector que «cada una de las empresas que aparece aquí ha pagado entre 1.575 y 7.390 por aparecer, ha podido controlar hasta la última coma de lo que se dice de ella y no hemos usado ningún otro criterio, aparte de que aflojaran la pasta, para valorar si merecen la pena o no».
Lo dicho, que vale, que asumo que parezco nuevo. Pero qué penica, ¿no?

Post pataleta: Gallardón me debe dinero

Aviso, éste es un post-pataleta. El que no quiera leerlo, que siga con sus cosas :).
Todo comenzó cuando nos mudamos a Aranda. Ahí coincidieron dos hechos: por un lado cancelamos la cuenta que usábamos en la BBK (porque ni teníamos ya hipoteca con ellos, ni ellos tenían una oficina a 100 kilómetros a la redonda de Aranda ni nos daban ninguna facilidad). Por otro, había que domiciliar los coches en el Ayuntamiento de Aranda para que el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica lo cobrasen aquí y no en Madrid (donde lo tenía domiciliado para que lo cobrasen automáticamente contra la cuenta corriente).
El caso es que el trámite del ayuntamiento lo fui dejando… hasta que me di cuenta de que el IVTM de 2008 me lo iba a cobrar el Ayuntamiento de Madrid (bueno, tampoco pasaba nada) y, lo que es peor, lo iba a pasar a una cuenta que había sido cancelada.
Así que, como soy un buen ciudadano, llamé para informarme al 010. «Pague usted los recibos a mano, y automáticamente se anula la domiciliación». Vale, eso hice; pagué los recibos mediante tarjeta de crédito (para eso la web del Ayuntamiento de Madrid funciona estupendamente, la verdad), y pensé que ya estaba todo hecho.
Pues no. Resulta que, cuando pasa el tiempo, descubro que a pesar de haber pagado ya, no se habían anulado las domiciliaciones y que me habían pasado el recibo. Y que, aunque la cuenta había sido cancelada, como todavía tenía otra cuenta en la BBK, habían decidido cargarlo contra esa (sin preguntar, claro). Conclusión, que había pagado por partida doble los recibos. Esto era junio de 2008, aunque yo no me di cuenta porque daba ese asunto por resuelto y porque la cuenta de la BBK era residual y no la tenía controlada (se suponía que estaba ahí sin actividad ninguna).
El caso es que allá por octubre, recibo una nota del Ayuntamiento de Madrid indicándome (muy honrados ellos) que me habían cobrado por duplicado, e indicándome el procedimiento para solicitar la devolución de los recibos. Ahí fue donde descubrí todo el pastel, comprobé las cuentas de la BBK… en fin, «minicabreo» pero bueno, no pasa nada, culpa mía también por no haber estado más atento, y al fin y al cabo ellos me han avisado…
El 7 de noviembre presenté a la Agencia Tributaria de Madrid los impresos para que me hicieran la devolución. Y hasta hoy.
Hoy, cuatro meses después, he llamado al 010 para ver si me decían cómo estaba la cosa. La chica que me ha atendido (por cierto, el 010 suele funcionar bastante bien) me dice que ellos no pueden consultar el estado de esa gestión… pero que saben que lo normal es que «tarden mucho». «O sea, que mis cuatro meses no son nada extraordinario» «No, por lo que sabemos aquí suelen tardar, igual seis meses…» «Ya, ya… pues nada, qué le vamos a hacer» «Sí, para las devoluciones los plazos son largos» «Ya, que para cobrar bien que se dan prisa pero para devolver no tanto, ¿no?» «Jeje, sí, eso, yo no lo podía decir, pero vamos, eso».
En fin. Ya lo estoy viendo. Llegará junio y no me habrán devuelto mi dinero, que se habrá pasado un año entero en las arcas del Ayuntamiento en vez de en mi bolsillo de donde, para empezar, nunca debería haber salido…

Curiosa memoria

Hace ya casi cuatro años (por aquel entonces yo todavía era «consultor anónimo» con todas las consecuencias) leí un artículo en Worldatwork (estaba suscrito) que me pareció interesante, y se lo renvié a Julio Alonso que, por aquel entonces, estaba poniendo los pilares de WSL (¡cómo pasa el tiempo!). Yo estaba siguiendo con atención el nacimiento de WSL (de hecho por aquel entonces ya me había integrado en el equipo fundador de El Blog Salmón) y me pareció que era una lectura que encajaba perfectamente con el carácter «virtual» (o mejor dicho, distribuido) de la empresa.
Y ya está. Envié el artículo y no volví a acordarme nunca de él. Pero hete aquí que hace un par de semanas me volvió a la cabeza. Así, de repente, en medio de una conversación. «Pues me acuerdo de un artículo…». Cuatro años después, y ahí seguía, en algún rincón. Hoy lo he rebuscado en otro rincón, el de la cuenta de gmail (¡qué gran invento!)… y ahí estaba.
Ya que estaba, lo he aprovechado para una reflexión sobre la cultura empresarial en entornos distribuídos (que era el tema de la conversación que me hizo acordarme de él). Pero no deja de fascinarme esa capacidad que tienen nuestros cerebros para almacenar tantísima información, y para recuperarla de las formas más insospechadas.

Softbox hecha en casa

Dromedario 3

Cuando empecé a experimentar con el nuevo objetivo macro, ya me di cuenta de que poder disponer de una iluminación controlada, junto con un fondo adecuado, seguramente enriquecería mucho las fotos (vaya conclusión, eso es algo genérico para cualquier fotografía… pero bueno, a lo que voy).
Así que después de leer varias opciones, me he hecho mi propia «caja de luz» o «softbox» (he leído las dos terminologías, pero no estoy seguro de cuál es la más adecuada) siguiendo un esquema parecido a éste que me indicaba Luis en un comentario. Simplemente una caja, en la que se recortan los laterales (yo le he recortado también la parte superior) como si fueran los marcos de una ventana; el hueco se cubre con un material traslúcido (yo compré un plástico, como el que se pone en las carpetas que se usan para presentar un curriculum o un trabajo en el cole); y de fondo, una cartulina blanca.
Ah, y una «innovación» de mi cosecha (que no lo he visto por ahí, vamos); como lo de tener la caja rodando por ahí no me iba a hacer mucha gracia (y a mi mujer ni os cuento :P) lo que he hecho ha sido cortar cada uno de los laterales, de forma que la caja se pueda plegar para guardarla detrás de una puerta o del armario. Para facilitar que al volver a montar la caja las uniones queden fijas, he comprado un poco de velcro adhesivo que he colocado en las esquinas… y voilá, una caja que se monta y desmonta a voluntad.
A partir de ahí, la cosa consiste en aplicar fuentes de luz a través de esas «ventanas», de forma que la luz entra en la caja tamizada por el material traslúcido, ofreciendo una iluminación suave y difusa (infinitamente mejor que un flashazo directo) unida a un fondo neutro que resalta el motivo que estamos fotografiando. Para eso, y como hoy por hoy no me planteo invertir en nada demasiado profesional, he comprado un par de lamparitas (las más simples que encontré en la tienda, de esas que tienen una pinza para ajustarlas a una mesa) con un par de bombillas de 60 vatios: no es una iluminación muy potente (y además da calor, y corres el riesgo de quemarte si las tocas…) pero ajustando el tiempo de exposición (y montando la cámara en el trípode para que no se mueva mientras) va que chuta.
Y ahí estoy, con mi «mini-estudio» portátil. Os enlazo más fotos hechas en softbox.

Charla de fotografía en Aranda

Como ya sabéis los que venís habitualmente, uno de mis hobbys más recientes es la fotografía. Y aparte de la vertiente «autodidacta», he ido descubriendo que el aspecto social de la fotografía es también muy interesante y enriquecedor.
Internet proporciona una vía fantástica (a través de blogs, Flickr, foros) para compartir la afición. Pero siempre he pensado que hacerlo también «en la vida real», con gente de carne y hueso, le añade un plus. Estando en Aranda tengo más difícil unirme a otras iniciativas de ciudades más grandes (tipo photowalk), así que de un tiempo venimos (junto con otros compañeros del curso de fotografía que hice hace algunos meses) rumiando la idea de promover actividades relacionadas con la fotografía en Aranda de Duero.
En este contexto, y mientras valoramos si hay ganas suficientes (tanto por parte de los promotores como del potencial público objetivo) como para hacer algo más serio (tipo asociación), me he liado la manta a la cabeza para organizar por mi cuenta y riesgo una charla de fotografía para ver si hay ambientillo.
Para ello le he pedido a Mauro Fuentes (fotógrafo, bloguero, tuitero, flickero… y todo ello en sus ratos libres; responsable de fotomaf.com, de los foros de ojodigital.com y miembro del colectivo Cazadores de Luz) que sea la «estrella de cartel» de esta primera iniciativa.
Aparte de tener una cierta afinidad «blogosférica» con Mauro, desde que le conozco en su vertiente de fotógrafo siempre me ha llamado la atención una cosa; que no es un fotógrafo «de rancio abolengo» sino que empezó como pude empezar yo, experimentando con una compacta, y que a base de práctica, tesón, esfuerzo, estudio… ha ido profundizando y mejorando hasta alcanzar un nivel más que notable. Y que además no le duelen prendas en compartir lo que sabe. Así que me pareció el candidato ideal para hablar sobre «Fotografía: de la afición a la pasión» (que es como se me ocurrió enfocar la charla).
En fin, que espero que tenga un gran éxito, y que sirva como germen para hacer muchas más cosas en el futuro.
Los datos de la convocatoria:

  • Título: «Fotografía: de la afición a la pasión»
  • Ponente: Mauro A. Fuentes, fotógrafo, responsable de Fotomaf.com y Ojodigital.com y miembro del colectivo Cazadores de Luz
  • Fecha: 7 de marzo, 18:30
  • Lugar: Centro Cultural CajaBurgos, Aranda de Duero (entrada por el lateral)
  • Organiza: conectaranda.com

Web 2.0 y empresas, con ULMA en Oñati

La próxima semana, concretamente el jueves 5 de marzo, estaré en Oñati (Guipuzkoa) en una conferencia / mesa-redonda titulada «Web 2.0 y empresas: retos y oportunidades» gracias a la iniciativa de ULMA.
El evento será a las 11:00 en el Auditorio ULMA, y después de un rato de exposición tendremos un seguro que interesante intercambio de opiniones con David Sánchez e Iker Merchan.
Como siempre, si alguno estáis por allí, ¡nos vemos!

Locos, trastornados

No soy nada habitual de las «newsletters» y suscripciones por correo. No lo fui en el pasado, y menos desde que descubrí los feeds RSS. Sin embargo hoy me he suscrito a una.
Se trata de CrazyDerangedFools, una iniciativa de Hugh McLeod. Según reza la descripción, un CDF es «alguien que tiene la osadía de aspirar a trabajar de forma que genere disfrute, sentido y contribución tanto para él mismo como para otros, y a la vez sirva para pagar las facturas. Va de creatividad, de encontrar sentido a lo que uno hace, pero también de vivir en el mundo real. Ésa es la realidad en la que quiero vivir, y por lo que parece no estoy solo»
Y como me he sentido identificado, me he suscrito a ver de qué va. Luego, si mola o no, lo iremos viendo en el tiempo.

Los pobres autónomos

Leo en El País un artículo sobre las dificultades de los autónomos. Interesante, y seguramente muy cierto… aunque no comparto para nada el cierto tono «lastimero» que se desprende de muchas intervenciones. Cuando uno es autónomo, profesional independiente, freelance o como se quiera llamar… es empresa. Igual, ya lo he dicho, que si uno es «asalariado»; también hay un mercado de trabajo, que funciona exactamente igual.
Y como tal, uno se tiene que someter a las implacables leyes del mercado, oferta y demanda. Si consigues ofrecer valor añadido y diferencial, tendrás demanda y podrás generar beneficio. Si no ofreces valor añadido, si hay mucha competencia en tu sector… oferta supera a demanda, caen los precios. Y si no te gusta esa situación, pues a cambiar de actividad o de sector: de hecho en eso se basan los ajustes de mercado, en que ante un equilibrio desfavorable mucha gente sale del mercado, provoca cambios en la oferta o la demanda y un nuevo equilibrio con unas nuevas condiciones.
Me ha resultado especialmente reveladora una frase de un representante de fotógrafos: «Pero el mayor problema es que dentro de los freelance hay mucho intrusismo. Hoy no es tan caro un equipo profesional, por 6.000 euros te compras uno bueno, y en los periódicos hasta el becario no sólo escribe el texto sino que hace las fotos. También a nosotros nos piden que además mandemos un texto».
Eh, cuidado, que ahora cualquier «piernas» llega y hace fotos. ¡Intrusismo! Me llama poderosamente la atención la gente que, a la competencia, le llama intrusismo. Hombre, ya imagino que vivirían mejor en situación de oligopolio (por causas técnicas, como lo difícil/caro que era antes para un amateur obtener resultados «profesionales»; por el control de canales de distribución; o por barreras artificiales del tipo «aquí sólo sacas fotos si eres miembro de nuestra asociación»), pero me parece inmoral sugerir que hay que crear «profesiones protegidas de la libre competencia» para que vivan más cómodos.
«La competencia de los amateurs» es un problema, ya me doy cuenta. Pero oiga, es lo que hay. Si un profesional no es capaz de generar un valor añadido superior al que consigue cualquier «intruso» por mucho menos precio… pues tiene un problema. Pero la solución eficiente para el conjunto de la sociedad (para él sí, claro, sería cojonudo) no pasa por crear «corralitos exclusivos» para protegerle de la competencia.

Cancelando un curso

Como sabéis, hace unas semanas anuncié la convocatoria de un curso sobre Web 2.0 a celebrar en febrero, con idea de formar un grupo de 10-20 personas. Ayer, a la vista del número de inscripciones (muy bajo, insuficiente ni para cubrir costes ni para dar una imagen mínimamente digna), tomé la decisión de cancelar la convocatoria y devolver las inscripciones a los que ya las habían pagado.
Ya llevaba tiempo con la mosca detrás de la oreja, viendo que la cosa no iba como esperaba, y al final llegó el momento de tomar la decisión. La vida está hecha de cosas que salen bien, y de cosas que salen mal; y ésta es de las que han salido mal, un fracaso con todas las letras. Pero, al margen de la gestión emocional del fracaso (que a nadie le gusta, y probablemente a mí incluso menos), creo que merece la pena reflexionar sobre las causas y ver si se puede extraer alguna lección para futuras ocasiones.
¿Por qué no ha funcionado la convocatoria? Se me ocurren varias posibles razones:

  • ¿El tema no interesa?: mi sensación es que no es un factor relevante. Al fin y al cabo, ya he hecho otras intervenciones antes que han funcionado bastante bien, y tengo otras en cartera para los próximos meses. Hay demanda/curiosidad por este tipo de contenidos, por mucho que en el mundillo se dé por amortizado el término «2.0». Pero en el «mundo real» sigue habiendo interés, estoy convencido de ello.
  • El precio, ¿disuasorio?: 105 euros por una sesión de 4 horas. Puede que haya gente a la que le haya echado para atrás, pero pensándolo con detenimiento creo que nadie podría plantear que es un precio escandaloso. Hombre, si lo pones más barato, o incluso si lo haces gratis, más gente se interesará. Pero no es ya sólo que organizar un curso supone incurrir en una serie de costes (una sala, un proyector, un coffee break…), sino que creo que ofrezco algo de valor, y que hay que ponerle un precio. No es una acción promocional cuyo coste puedas asumir a cargo de un (inexistente) presupuesto comercial, sino un producto con vocación de ser rentable. Hacerlo por menos es devaluarlo, y para eso prefiero no hacerlo.
  • ¿El concepto de convocatoria abierta no funciona?: alguien me lo comentó; «la gente considera que la formación la tienen que pagar sus empresas, pocos se plantean sufragarla a título individual y las empresas tampoco están muy abiertas a atender las peticiones de los empleados así como así». Pero claro, el objetivo de esta convocatoria abierta era precisamente ése, facilitar que personas pudieran acceder a este curso a título individual (bien pagándola ellos, o sus empresas)… En fin, han sido varios los que me han «confesado» que su experiencia organizando convocatorias abiertas no ha sido muy satisfactoria. Yo era la primera vez que lo intentaba, y ya veis que los resultados no han funcionado bien.
  • ¿El horario estaba mal planteado?: probablemente un argumento de peso que no ponderé lo suficiente. Dedicar toda una mañana entre semana a irse a un curso queda fuera del alcance de mucha gente. Yo ahora tengo gran disponibilidad, e incluso cuando trabajaba en «grandes consultoras» siempre disfruté de cierta autonomía en la gestión de mi tiempo, pero a veces se me olvida que he sido y soy un privilegiado. Hay quien me ha sugerido plantearlo entre semana pero después de la jornada laboral (por ejemplo dos días de 19’00 a 21’00) o la mañana de un sábado para poder asistir. A mí a priori se me haría más difícil ir a un curso en esas condiciones, pero para mucha gente es la única opción.
  • ¿Mal promocionado?: sin duda, gran error por mi parte. Partí de un presupuesto que se demostró erróneo; «entre las menciones que he puesto en el blog de Digitalycia, la gente que lee este blog, lo del twitter, y lo que comenten en su entorno… vamos, 10 plazas las lleno con la gorra». Pues no. Y no por falta de colaboración (me consta que varias personas lo han movido en su entorno; gracias por ello!), sino porque simplemente no es suficiente. Probablemente, ni siquiera era un target apropiado. Tendría que haber planteado el posicionamiento a otros colectivos, haber sido más proactivo en su difusión (aunque eso me llevaría a otro punto: tampoco el margen del curso es tan extraordinario como para soportar mucha inversión de tiempo/recursos en el marketing, que probablemente se aprovecharía mucho mejor vendiendo convocatorias cerradas en empresas que buscando asistentes uno a uno)… lo cierto es que desde el principio pensé que funcionaría casi «por sí solo», y al ver que no sucedía me quedé tan descolocado que ni siquiera fui capaz de reaccionar o plantear alternativas. No tenía un «plan B», y no lo articulé después.

En fin, aquí va mi ración de autocrítica. No sé cómo lo veis desde fuera, posiblemente haya más cosas de las que ni siquiera me doy cuenta, estaré encantado de escuchar vuestras opiniones (e incluso de soportar estoicamente los «gorrazos» que me correspondan por las cosas que no he hecho bien).