Malviviendo

Bueno, a estas alturas no sé si quedará alguien de por aquí que no se haya enterado de la existencia de esta «serie» (que por ahora es sólo un capítulo piloto). Se llama Malviviendo, y está hecha por un grupo de «amantes del audiovisual» en Sevilla.
El capítulo inicial mola bastante. A mí me recuerda un poco a «Barrio», la peli de Fernando León de Aranoa, aunque (de momento) con más gracia. Pero sobre todo es que está bien hecha: buen ritmo, buenos diálogos, buen montaje… vamos, que me gustó.

Malviviendo es un ejemplo de pura viralidad. Yo me enteré de su existencia no en la tele, ni en los periódicos. Ni siquiera en un blog (luego vi que lo habían publicado en algunos blogs muy seguidos, pero que yo no suelo leer habitualmente). Lo leí en el twitter de Luis Rull.
Así funcionan las cosas a día de hoy. Alguien ve algo que le resulta interesante, y lo cuenta a través de los medios que tiene a su alcance. La gente que le sigue (porque confía en su criterio) le da una oportunidad a algo a lo que, en otras condiciones, igual no se hubiera planteado dedicarle ni medio segundo (en el caso de que llegase siquiera a conocerlo). Y si te gusta, repites el ciclo. Y si no, se acabó.
A mí me ha gustado. Tanto como para suscribirme y estar pendiente del próximo capítulo. Tanto como para hablar de ello en el blog y recomendarlo.
Viralidad en estado puro.

Mi primer día de becario

Han pasado ya más de diez años. Corría febrero del 98, yo estaba en 4º de carrera y el segundo semestre consistía, íntegramente, en la realización de unas prácticas a jornada completa. Después de un peculiar proceso de selección (en el que dos empresas se interesaron a la vez por mí, y tuve que elegir yo entre ellas: descarté Andersen Consulting), me incorporé a la que todavía era Coopers&Lybrand en la sección de consultoría.
Y ahí iba yo, en el metro hacia la estación de Gobela (por aquel entonces tenían las oficinas en un coqueto chalet en la avenida Zugazarte), de traje y corbata por primera vez y hecho un manojo de nervios, rumbo a mi primera experiencia laboral aunque fuera «de mentirijillas», con la sensación de que ese día daba un paso al frente para pasar a la vida adulta.
Llegué, pregunté por mi gerente (que era el que había hecho el proceso de selección). No recuerdo bien si me recibió el mismo y acto seguido me dijo que se tenía que ir, o si directamente fue su secretaria la que me recibió porque él no estaba. Me dirigieron a su despacho, me sentaron a una mesa accesoria con un ordenador que no funcionaba y me dieron un tomo con no sé qué información «para que fuera leyendo».
Y ya. El día transcurrió así, conmigo mirando unos papelotes que no tenían ningún sentido para mí (y que en los días posteriores tampoco lo adquireron: vamos, que fue un «que viene el becario, dadle cualquier cosa»), en la completa soledad de un despacho donde me tenía un hueco «de prestado», sin hablar con nadie. Acabé con el estómago hecho trizas de sumar al nerviosimo que traía «de serie» la angustia de pasar todo el día abandonado en un entorno desconocido, sin saber si me podía levantar, a qué hora me podía ir, sin saber si alguien iba a venir a hablar conmigo o no… internamente pensaba «coño, ¡aunque sea que me manden poner unos cafés o hacer unas fotocopias!»
Lo recuerdo como uno de los días más largos de mi vida, y también como uno de los más frustrantes: tampoco es que tuviese una expectativa muy elevada de lo que podría dar de sí ese día, pero desde luego era más que lo que sucedió.
El día siguiente todo mejoró, el gerente ya estaba allí y me presentó al resto del equipo (aunque luego volví a sentarme en su despacho a ojear el «tocho», y encima con él al lado preguntándome cada rato, como por cortesía, «qué, ¿ya lo vas pillando?»; y yo me preguntaba «¿qué coño quieres que pille, para qué estoy leyendo esto?»). Ya aquel día vinieron a buscarme (probablemente fue Irantzu, que había sido la becaria del año anterior y ahora ya era «fija») por si quería tomar un café… en los siguientes días me montaron un pequeño puesto en la misma sala donde estaba el resto del equipo… y poco a poco fui entrando en una dinámica de normalidad con un grupo de trabajo bien majo (Álex, Irantzu, Amaya, Arantxa…), dando paso a cuatro meses de una experiencia muy enriquecedora (con sus luces y sus sombras, claro).
No sé, dicen que los recuerdos son las experiencias pasadas por el filtro de las sensaciones. No sé hasta qué punto aquel día fue tan agobiante en sí mismo, o si simplemente yo lo recuerdo así por mi visión subjetiva. Pero sin duda fue un día desasosegante, por la sensación de ser un pardillo al que nadie hizo ni puñetero caso en su primer día en un mundo desconocido.
Desde entonces, siempre que ha caído en mis manos un becario (aunque haya sido de refilón y estuviese en otro departamento) he tratado de charlar un rato con él, de cruzar un par de chascarrillos sobre su «primer día», de darle un poco de visión sobre lo que hace su departamento y el quién es quién… y si era mío pues contarle un poco los proyectos que están encima de la mesa, qué hacemos, etc… Siempre con la esperanza de que, en el futuro, su recuerdo del «primer día de becario» fuera un poco menos árido.

Malas traducciones

Me pasa casa x tiempo. Cae en mis manos un libro de un autor anglosajón en su versión traducida al castellano. Empiezo a leer… y cada dos por tres tengo que estar releyendo un párrafo para entenderlo bien. ¿Materias farragosas? No, no suele ser el caso: simplemente, malas traducciones.
Me he encontrado casos en los que la traducción parece hecha con un traductor automático. Errores sintácticos, gramaticales… por no hablar del uso de algunos términos, ejemplos del más puro «fromlosttotheriverismo» (es una gracieta: la traducción literal de «de perdidos al río» al inglés «from lost to the river» se considera como ejemplo paradigmático de traducción absurda por literal).
Otras veces, aunque la traducción esté hecha correctamente a nivel gramatical y sintáctico, se nota que ha sido realizada por una persona ajena a la materia que se está tratando. Suelen ser materias técnicas (no necesariamente tecnológicas, sino referidas a cualquier ámbito del conocimiento) que a lo largo del tiempo han ido generando equivalencias entre los términos en inglés y en castellano; pero el traductor ignora (por no pertenecer a ese mundillo) dichas equivalencias y hace las traducciones con la mejor fe del mundo, pero con resultados que chirrían.
Y hay veces en las que todo parece estar bien… pero de vez en cuando se cuela alguna frase, alguna expresión, que dices «no me imagino yo al autor de este libro expresándose así«. Jerga, dichos y refranes, perífrasis… cosas que no podrías decir «están mal» pero que, aun así, te saltan al ojo.
En definitiva, pocas veces (casi nunca) he leído un libro anglosajón en versión castellana y me he quedado agusto. Prefiero, ya que puedo, leer los libros en su versión original: es verdad que a veces se me escapa alguna cosa, pero lo prefiero a tener que leer con dificultades una versión ortopédica.

Emprendedor hijo de emprendedores y nieto de emprendedores

Hace unos días hablaba con un emprendedor (cada día me gusta menos la palabreja, pero bueno). Es decir, alguien para quien es lo más normal del mundo montar una empresa, y luego otra, y si le falla un negocio pues no pasa nada, y se vuelve a intentar…
Le comentaba que me daba una ¿sana? envidia esa capacidad para ponerse el mundo por montera y tirarse a la piscina a hacer cosas. A mí me cuesta horrores.
Y él me respondía: «bueno, es que en mi casa mi madre tiene negocios, mi padre tiene negocios… mis abuelos tenían negocios… es lo que he visto siempre en mi casa, no sé, para mí es lo normal.»
Vamos, que lo ha mamado desde pequeño. Estoy seguro de que eso influye, y mucho. En general, solemos aprender mucho de lo que vemos en casa y, aparte de que podamos tener unas determinadas condiciones innatas, la educación (que tiene mucho más que ver con el ejemplo recibido que con los libros que uno estudia) nos marca en gran medida.
Mis padres han sido empleados de caja de ahorros toda su vida. Desde que empezaron a trabajar, hasta que se/les prejubilaron. Una única empresa, una jerarquía clara, un entorno estable, y la perspectiva de «yo me jubilo aquí» (como de hecho así ha sido).
No, no quiero refugiarme en el determinismo para decir «ah, bueno, pues es que entonces…». Seguro que se puede dar la vuelta a esa «configuración inicial». Pero seguro que cuesta más trabajo que si eres hijo de emprendedores y nieto de emprendedores.
La putada es que ese entorno que vivieron mis padres, y que yo vi de pequeño, ya no existe. Ni en pequeñas ni en grandes empresas, ni siquiera en la misma entidad en la que ellos trabajaron. Quizás, y sólo quizás, la Administración es el último reducto de esa forma de entender el trabajo. Todos los demás, trabajemos por cuenta propia o por cuenta ajena, estamos condenados a ser «emprendedores» en cierta medida, a buscarnos la vida sin red de seguridad.

Opiniones sobre el curso de "Sensibilización y formación 2.0"

El viernes por la tarde estuve haciendo uno de mis cursos de sensibilización y formación 2.0 . Tenía cierta inquietud, al fin y al cabo era el primero de los cursos con el formato de 4 horas que hacía. ¿Gustaría? ¿Estarían bien ajustados los tiempos? ¿Funcionarían bien las actividades que planteaba? ¿Resultaría entretenido, útil? ¿Se haría largo? ¿Quedaría demasiado superficial, o por el contrario, demasiado profundo?
A parte de las sensaciones que uno pudiera sacar «en vivo y en directo», pasé al final del curso una hoja de evaluación (algo que me parece imprescindible cuando uno imparte sesiones de formación: es la forma de captar el feedback estructurado de los asistentes, y por lo tanto de mejorar), y hoy he estado tabulando las respuestas.
En general, ha resultado bastante satisfactorio. Han valorado muy bien el interés del contenido, la utilidad, mi preparación, la amenidad de las clases… quizás el cuadro que más me guste (aunque no sea en el que más puntuación he sacado) sea éste: ¿recomendarías este curso?

Curso Digitalycia

En una escala de 7 puntos, 5 asistentes han dado la máxima puntuación y el resto, la inmediata inferior. Si a eso le sumamos algunas afirmaciones textuales (a la pregunta de qué me ha gustado más: «lo ameno, claro y entretenido que ha sido», «las experiencias personales de Raúl», «el contenido e información me puede ayudar en mi trabajo», «muy ameno y profundo sin ser pesado», «muy bien explicado», «la amenidad, participación y claridad», «lo rápido que ha conseguido Raúl adentrarnos en este mundillo»…) pues en fin, que me quedo bastante satisfecho.
¿Nada que mejorar? Por supuesto que sí. Me encantaría que en el gráfico anterior todos los asistentes estuvieran en la puntuación máxima, y en eso es en lo que voy a seguir trabajando. Quizás de los matices que más se repiten es que la sesión pudo resultar «un poco larga» (realmente estuvimos cuatro horas con apenas 15 minutos de descanso, y para más inri un viernes por la tarde y en horario «no laboral»: y aun así parece que no se les hizo demasiado cansino…), que la introducción quizás ocupara demasiado (es toda la parte dedicada a «sensibilización»… aunque creo que es porque el colectivo ya estaba un poco sensibilizado) y que les hubiera gustado profundizar más en «aplicaciones prácticas». Lo que pasa es que ahí ya empezamos a rozar el larguero de lo que es un curso y de lo que es consultoría… aunque seguro que todo se puede mejorar.
En fin, una buena y satisfactoria experiencia. ¿Quién quiere ser el siguiente? 🙂

Qué bien nos has entendido

Ayer tenía una reunión con un cliente. Se trataba de comentar el informe que les había remitido la semana anterior, y lógicamente tenía el gusanillo en el estómago: ¿les habrá gustado? ¿lo habrán encontrado útil y con valor añadido?
Lo primero que me dijeron, tras saludarnos, fue: «La verdad es que el informe está muy bien, muy conciso y estructurado… y sobre todo: ¡qué bien nos has entendido! Porque hemos tratado ya con bastante gente y no acaban de entender lo que queremos, pero tú lo has captado estupendamente, y además desde el primer día».
Creo que me ruboricé y todo. «¡Qué bien nos has entendido!» es un auténtico piropo para mí. Entender al cliente, sus circunstancias y el problema que quieren resolver es el primer paso, el auténtico cimiento de un buen proyecto de consultoría. Es también la base para crear una relación de confianza con el cliente, que vea que estás de su parte, que no eres un «vendemotos» que sólo quiere sacarle la pasta con el menor esfuerzo posible.
En fin, está feo sacar pecho pero qué queréis que os diga, me hizo sentir mucho «orgullo y satisfacción»

Marketing 2.0 en ESADE

Esade Marketing 2.0

Esta pasada tarde he estado en el evento «El Marketing y el consumidor en la web 2.0; una moda o una realidad» organizado por el Club de Marketing ESADE, y que ha contado con la participación de Marc Cortés, Juan Luis Polo, Javier Godoy e Ícaro Moyano (rebautizado como «el chico de Tuenti»).
Evento interesante, con publico heterogéneo (estábamos algunos de los de siempre, pero también una mayoría de gente ajena al mundillo… de esos a los que hay que «evangelizar»), y que ha salido bastante bien, con unas ponencias bien hechas y un turno de preguntas muy animado (que nos ha llevado por encima de las dos horas).
De las charlas quizás la que más me ha gustado ha sido la de Javier Godoy, al único que no conocía personalmente. Aparte de tener un estilo peculiar (parece «soso» de entrada, pero luego tiene una retranquilla curiosa), su ponencia ha estado muy centrada en un tema concreto (la formación de comunidades entorno a marcas y productos) que ha desarrollado de forma muy clara y con el nivel ideal de profundidad.
A Juan Luis no había tenido ocasión de oirle en un foro público anteriormente, pero no puedo decir que me haya sorprendido: la misma energía que muestra en el «cara a cara» es la que tiene encima de un estrado. Juan Luis ha planteado una charla muy de «abrir los ojos» a los que no saben muy bien de qué va todo esto, de «ponerles las pilas» para que empiecen a buscarse la vida porque el status quo está cambiando mucho y muy rápido.
La ponencia de Marc Cortés me ha dejado un poco regulín: ahí estaban todos los conceptos «dospuntocero»… pero diría que a la presentación le faltaba un poco de hilo conductor, los conceptos se sucedían sin un ritmo claro. Obviamente a Marc le sobran los conocimientos (como ha quedado más que claro en los turnos de preguntas), pero de cara a la presentación he echado un poco en falta algo más de «storytelling».
Ícaro ha hecho su presentación habitual sobre Tuenti. Sin duda, es un tío con un carisma desbordante, lo que cuenta es interesante… pero para mi gusto hace demasiado de «director-de-comunicación-de-Tuenti» (que es lo que es, claro). No cuenta «lo 2.0 es guay», ni siquiera «las redes sociales son guays», sino directamente «Tuenti es guay» (y «arrasamos a Facebook», etc). Entiendo que también es un poco su papel, pero me queda la sensación de que al representar un papel tan partidista nos perdemos mucho del valor que podría darnos desde una perspectiva más amplia.
En fin, un rato muy agradable oyendo hablar de todas estas cosas que tanto me gustan, y que me han dado pie a unas cuantas reflexiones que tendré que ir desgranando ya en Digitalycia.

Timelapse Madrid

Qué chulo. Este montaje de Timelapses.TV con la ciudad de Madrid como protagonista tiene momentos realmente espectaculares.
El Time Lapse es una técnica consistente en unir imágenes tomadas a intervalos de tiempo, consiguiendo un video que va «a saltos» (cuando el movimiento del objeto en la vida real es normal) o que permite ver movimientos que a simple vista son muy lentos (como las nubes evolucionando en el cielo). Y que genera efectos así de atractivos. Tengo que probar a ver si algún día me pongo a hacer uno…
Se lo he visto a Javier en sus «enlazes«